Renace en el cuerpo de Sigrid, una hermosa mujer, que sufre por un mal amor.. Pero ella lo cambiará todo..
* Esta novela pertenece a un gran mundo mágico *
** Todas novelas independientes**
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Acepto
Esa noche, otra vez, Wyatt no pudo dormir.
Había intentado de todo.
Leer documentos aburridísimos sobre impuestos y rutas comerciales.
Beber té caliente.
Contar ovejas.
Contar ovejas con armaduras.
Nada funcionó.
Cada vez que cerraba los ojos veía a Sigrid mirándolo muy seria y preguntándole:
“¿Quieres casarte conmigo?”
Y luego veía su propia cara, totalmente sorprendida.. una escena que su orgullo quería olvidar, pero su cerebro reproducía en alta definición.
Suspiró, se levantó del sillón y volvió a su mesa llena de papeles. Fingir trabajar era más fácil que aceptar que una pelirroja caótica le estaba alterando la paz interior.
En ese momento, Henry entró con su andar prudente de siempre.
—Mi lord —dijo con voz seria—, algo más… llegó un informe.
Wyatt levantó la mirada, cansado.
—Dilo.
Henry tragó saliva.
—Su sobrino… el joven Wilder… irá a ver a la señorita Sigrid esta noche.
La expresión de Wyatt cambió. Sus ojos, ya fríos por costumbre, se volvieron aún más duros.
—¿Para qué? —preguntó con voz baja.
—No lo sé, pero… por cómo hablaba con su padre, parece… que irá a “arreglar las cosas”.
Esa frase fue suficiente.
Wyatt apretó la mandíbula. Sintió un enfado que no sabía bien a quién iba dirigido: a Wilder por atreverse… o a sí mismo por preocuparse tanto.
—Prepárate —ordenó de repente.
Henry parpadeó.
—¿Mi lord?
—Vamos a la mansión Richardson.
Henry casi se atraganta con su propio aliento.
—¿A… a estas horas?
Wyatt ya estaba tomando su capa.
—Wilder no tiene nada que hablar con ella a solas.
Su tono era tranquilo… demasiado tranquilo. Ese tipo de calma que anuncia tormenta.
Mientras cabalgaban bajo la noche estrellada, Wyatt iba concentrado, frío por fuera, pero lleno de pensamientos.
Si Wilder la hiere…
Si ella llora…
Si la obligan…
No sabía qué lo irritaba más.. la idea de Wilder actuando como su padre… o esa sensación incómoda de querer proteger a Sigrid sin admitirlo.
Henry lo miró de reojo.
Nunca había visto al duque tan… movilizado.
Casi una hora después Wyatt y Henry cruzaron los portones de la mansión Richardson con la elegancia silenciosa de un gato… un gato enorme, serio y con una reputación temible. Apenas pusieron pie en la entrada, Vera, que iba pasando con una bandeja de té, lo vio y casi dejó caer todo.
—¡Santo cielo de porcelana fina! —susurró—. ¿Qué hace aquí el duque Palmer?
Porque claro, uno espera visitas normales.. vecinas, tías, algún señorita aburrida…
No al legendario guerrero con cara de “vengo a cambiarte la vida o arruinarla”.
Vera reaccionó como la profesional que era.. corrió a buscar a Sigrid.
Sigrid, por su parte, estaba muy tranquila comiendo galletas. Cuando escuchó..
—Mi lady… el… el duque Palmer… el mayor… ese… está aquí para verla…
Sigrid pestañeó.
Una. Dos veces.
Y luego sonrió como quien ve caer del cielo un vestido nuevo gratis.
—Oh. —dijo, acomodándose el cabello con calma—. Házlo pasar.
Cuando Wyatt entró al salón, él iba serio. Altísimo. Elegante. Con ese aire de hombre que parece que trae noticias importantes…
Sigrid se sentó derecha, con su sonrisa inocente número tres (la que decía yo no hago travesuras, señor juez).
Wyatt no dio rodeos.
Nada de “buenas noches”, ni “¿cómo has estado?”, ni “vengo por el té”.
La miró directo a los ojos y dijo con voz firme:
—Acepto tu propuesta.
Sigrid se quedó inmóvil… y luego abrió la boca en una perfecta “O”.
—¿Mi… qué? —preguntó muy seria, como si no recordara nada.
Wyatt apretó la mandíbula.
—Tu propuesta de matrimonio.
Ah.
Eso.
Sigrid parpadeó, procesando.
Por dentro gritaba..
[¿QUÉ? ¡FUNCIONÓ!]
Pero por fuera mantuvo la compostura de una dama refinada.
—Oh… eso. —dijo con tranquilidad celestial—. Pensé que había sido demasiado directa.
Wyatt respiró hondo. Estaba nervioso, aunque disimulaba… más o menos.
—Habrá condiciones. —añadió con severidad—. Pero… sí. Me casaré contigo.
Sigrid lo miró fijamente. El duque temible. El guerrero frío. El hombre que hacía temblar a cualquiera…
Y ella pensó..
[JA. Lo sabía. El vino añejado siempre cae.]
Aunque, muy digna, solo respondió..
—Entonces… tendremos que conversar los detalles.
Como si hablara de una compra de flores.
Wyatt asintió.
y se entregaron a la pasión
🥰🥰🥰🥰
–Sigrid Richardson, 2026 🤣🤣