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La Reina De Hielo

La Reina De Hielo

Status: Terminada
Genre:Fantasía LGBT / Completas
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Giselle Sara

Abigail Frost, princesa de la familia de hielo más poderosa del Norte.

Mis padres, el Rey y la Reina de Hielo, me mandaron a la Academia Nocturne porque mi poder nunca despertó.

En esa academia todos tienen poderes: fuego, viento, sombras, rayos. Yo no tengo nada. Me llaman mestiza, me rechazan y me humillan con la túnica gris de los débiles.

Lo que nadie sabe es que no soy una mestiza.

Soy la primera Reina de Hielo en 1000 años. La única que puede convertirse en LOBA BLANCA. Mi poder es inmenso, capaz de congelar academias enteras.

Y cuando mi loba despierte, todos los que me llamaron débil se arrodillarán.

¿Te atreves a entrar a la Academia Nocturne?

NovelToon tiene autorización de Giselle Sara para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

EL CHICO QUE PUEDE TOCAR MI HIELO

No pude dormir en la Torre de la Reina.

No porque la cama de hielo blanco fuera incómoda. Era la cama más suave en la que había dormido en mi vida. Era suave como nieve recién caída, pero caliente por dentro, como si tuviera fuego atrapado en el hielo. Era perfecta.

No pude dormir porque en el espejo de hielo, las Reinas Blancas muertas no se habían ido.

Eran como veinte mujeres. Todas con mi mismo cabello blanco brillante, todas con ojos blancos, todas con coronas de hielo negro. Algunas eran niñas de 15 años. Otras eran ancianas. Todas me miraban fijo, sin parpadear.

Mi madre, la Reina Lyra, era la más cercana. Ya no se veía como mi madre de 40 años del Castillo de Hielo. Aquí se veía más joven, como de 20, con su cabello negro brillante todavía, no blanco. Como si aquí fuera la Lyra de antes de convertirse en Reina de Hielo Azul.

"Abigail, no tengas miedo", me dijo, pero su voz salía con eco, como si hablaran las veinte a la vez. "Somos tu linaje. Las Reinas Blancas que vinieron antes que tú. Todas fuimos cazadas. Todas fuimos asesinadas por tener un poder inmenso que los otros reinos no podían controlar."

"¿Por qué me dejaron sola tanto tiempo?", les pregunté en voz baja. Tenía miedo de que alguien afuera escuchara que hablaba sola.

"Porque tu poder era demasiado grande para nacer", dijo una de las niñas del espejo, una que no tendría más de 14 años y tenía una cicatriz de quemadura de fuego en su cuello blanco. "Si nacías con el poder despierto, tu padre, el Rey Elias, te habría matado al verte. Él no sabe que tu madre es una Blanca escondida. Él cree que somos una leyenda."

Mi madre asintió.

"Tu padre cree que el hielo blanco es una enfermedad. Una maldición mestiza. Por eso te puse el colgante de colmillo negro. Para ocultarte. Para que parecieras sin poder. Para que te mandara a la Academia, donde está el único hombre que puede ayudarte."

"¿El Director?"

"No. Su hijo."

Justo cuando dijo eso, la puerta gigante de colmillos de lobo de mi torre se abrió sola con un crujido de hielo.

No toqué nada. Se abrió sola.

Y ahí estaba él.

Kieran Nocturne.

Ya no tenía la túnica negra de sombras de estudiante. Ahora tenía una túnica negra larga de maestro, con bordes plateados. Se veía más grande. Más peligroso. Su cabello negro estaba desordenado como si hubiera peleado. Sus ojos dorados brillaban en la oscuridad de mi torre.

"Veo que ya conociste a tu familia", dijo, mirando el espejo donde estaban las Reinas. Pero era raro, porque él no parecía verlas. Solo me veía a mí. "Llevas 3 horas hablando sola. Los maestros pensaron que te habías vuelto loca por tu poder."

"¿Cómo entraste? Esta torre estaba cerrada mil años. Solo yo puedo abrirla."

"Yo también", dijo, y levantó su mano. Su mano de sombra negra tocó la puerta de colmillos y la puerta se derritió en sombra y se volvió a formar en hielo blanco. Como si su sombra pudiera controlar mi hielo. "Mi madre era una Reina Blanca, como tú. Mi padre, el Director, era un Maestro de Sombras. Soy mestizo, como tú. Pero de sombra y hielo blanco. Por eso mi sombra pudo tocarte en el comedor y no congelarse. Somos los únicos dos mestizos de blanco en toda la historia."

Me quedé de pie, con mi camisón blanco de la torre. Me sentía pequeña frente a él, aunque mi loba blanca dentro de mí quería salir y rugir.

"¿Tu madre era una Reina Blanca? ¿Está... está muerta?"

"Sí. La mató el Consejo de los Cuatro Reinos cuando yo tenía 5 años. Dijeron que su poder era demasiado inmenso y que podía destruir el equilibrio. Mi padre me escondió aquí, en la academia que lleva mi apellido, Nocturne, y me hizo pasar por un simple maestro de sombras. Para protegerme. Igual que tu madre te protegió a ti."

Caminó hacia mí. Cada paso que daba, el hielo blanco de mi suelo se volvía negro por un segundo y luego volvía a ser blanco. Como si nuestras magias pelearan y se abrazaran al mismo tiempo.

"Tu madre me mandó a buscarte, Abigail. Me dijo que hoy despertarías. Que tu poder es más grande que el de todas las Reinas Blancas juntas. Que puedes no solo convertirte en loba blanca, sino que puedes convertir el fuego en hielo, el viento en hielo, todo en hielo. Eres la primera Reina de todos los elementos."

"¿Cómo sabes eso? ¿Conoces a mi madre?"

"Tu madre y mi madre eran hermanas."

Sentí que el aire se me iba.

Mi madre nunca me dijo que tenía una hermana. Mi madre me dijo que era huérfana.

"Entonces... ¿somos primos?"

Kieran se rió. Por primera vez, se rió de verdad, y su risa hizo que las sombras de la torre bailaran.

"Primos lejanos. Muy lejanos. Las Reinas Blancas no tenemos sangre normal. Somos creadas por el hielo mismo. Pero sí, técnicamente, eres mi familia. La única familia que me queda."

Se acercó más. Ya estaba a un palmo de mí. Podía oler su olor a noche y a lluvia otra vez. Podía ver sus ojos dorados de cerca. Tenían motitas negras adentro, como si fueran galaxias.

"Abigail, tengo que enseñarte a controlar tu poder antes de que te mate. Hoy congelaste un comedor. Mañana, si te enojas de verdad, puedes congelar toda la Academia Nocturne y matar a todos, incluso a ti misma. Tu poder es inmenso, pero tu cuerpo es todavía humano. De 19 años. Débil."

"No soy débil", le gruñí. Mi loba blanca dentro de mí no le gustaba que me dijeran débil.

"Lo sé. Por eso te voy a enseñar a transformarte. Ninguna Reina Blanca pudo hacerlo sin ayuda la primera vez. Yo te puedo ayudar, porque mi sombra puede entrar en tu hielo y calmar a tu loba."

Me tomó las dos manos. Sus manos de sombra negra y mis manos de piel clara. Al contacto, pasó lo mismo que en el comedor. Nuestro poder se mezcló e hizo ese hielo negro con estrellas.

" Cierra los ojos", me ordenó, con voz de maestro, no de chico. "Y no pienses en hielo. Piensa en correr. Piensa en ser libre. Piensa en que por primera vez en 19 años nadie te va a llamar mestiza."

Cerré los ojos.

Pensé en el Castillo de Hielo. En mi padre diciéndome sin poder. En mi hermano Kael defendiéndome. En mi madre llorando escarcha. En la Torre Gris. En Ignis tirándome agua. En todos gritándome mestiza.

Y pensé en correr. En correr lejos de todo eso. En ser una loba y correr por la nieve sin que nadie me alcanzara.

Sentí un dolor horrible en la espalda. Como si mis huesos se rompieran. Grité.

"¡No abras los ojos! ¡Aguanta! ¡Es tu loba saliendo!"

Sentí que mi ropa se rasgaba. Que mi piel se cubría de pelo. Que mis manos se hacían patas gigantes. Que mi cara se alargaba.

Caí al suelo, pero ya no caí en dos patas. Caí en cuatro.

Abrí los ojos.

Ya no veía la torre desde abajo. La veía desde arriba. Mucho más arriba. Mis patas eran enormes, blancas, con garras de hielo de 20 centímetros. Mi cola era gigante y esponjosa y blanca. Veía mi reflejo en el espejo de hielo.

Era una loba blanca. Gigante. Del tamaño de un caballo grande. Con ojos blancos brillantes. Con una corona de hielo negro flotando sobre mi cabeza. Con el pelaje tan brillante que parecía tener nieve cayendo sobre él todo el tiempo.

Había pasado. Me había convertido por primera vez.

Intenté aullar y el aullido rompió todos los vidrios de hielo de la torre. La torre entera tembló.

Kieran estaba frente a mí, mirándome hacia arriba, porque ahora yo era más grande que él. No tenía miedo. Tenía lágrimas en sus ojos dorados.

"Eres... eres más hermosa de lo que mi madre me dijo que serías", susurró, y puso su mano de sombra sobre mi hocico gigante de loba blanca.

Su sombra me calmó. Mi corazón de loba, que latía a mil por hora, se calmó.

Y en ese momento, la puerta de la torre volvió a abrirse de golpe, pero esta vez no era Kieran.

Era el Director, con 10 maestros de fuego y viento detrás, todos con armas de poder en las manos.

"¡Kieran, aléjate de ella! ¡Su poder se salió de control! ¡Va a destruir la academia!"

El Director levantó su bastón para atacarme. Para matarme.

Mi loba blanca gruñó y se puso delante de Kieran para protegerlo, aunque él era el que me había enseñado.

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Kim ji sa-ra
está muy buena me gusta mucho
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