El mundo cuenta con civilizaciones que se han perdido por el paso del tiempo; continentes y reinos enteros fueron sumergidos por el agua , la lava , la arena y el hielo , y solo se tiene registro de las culturas y civilizaciones actuales porque quedaron infraestructuras y relatos de manera interna y externa de ellas.
Pero ¿qué pasaría si antes de que la humanidad surgiera ,existía una especie con poderes sobrenaturales cuyas culturas se asemejaban a las humanas, pero miles o, a veces, hasta millones de años atrás, y por eso no se tenía registro de que existieron «los antiguos»?
Kevin es un antiguo que despertó en la era actual y que deberá descubrir su pasado e identidad en medio de un conflicto entre un culto oscuro y la humanidad y Kevin deberá decidir en qué bando peleará
NovelToon tiene autorización de Bastian Silva para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Edgard y los antiguos
—Pecas —dijo Kevin reformando su cuerpo y tocando su hombro derecho.
—No tenías... ¡No tenías que matarlo! —gritó Jean mostrando su cara, que reflejaba la ira y la frustración. Sus pupilas estaban rasgadas y el iris cambió a un color verde.
—¿Qué opción tengo? Ya no eres un civil cualquiera; ya tienes una pista de lo que te pasó; te manipularon a su antojo por quién sabe qué motivos; tus ojos demuestran que eres igual a mí — respondió Kevin, levantándose.
—Pude...
—No, Jean, no lo ibas a lograr —añadió el australiano con la misma frialdad. Honestamente no le interesaba que Jean se sintiera mal, ya cumplió su objetivo de cuidarlo y eso es lo que cuenta; siente ese aire de superioridad al mirar a su rival en pésimo estado de ánimo.
—Voy a vengarme y te patearé el culo de tal manera que no podrás ponerte de pie —dijo Jean apretando los dientes de la impotencia, recordando todos esos «años» de vida normal donde se recuperaba de una pérdida, una muerte falsa de una persona que nunca existió en una familia planeada, pero que jugaron tanto con él que todo lo sentía como real.
—Ya reacciona, imbécil, estarías muerto de no ser por mí, ellos jugaron contigo, Jean, y si tienes que patearle el culo a alguien es a ella o a su grupo de gente rara —respondió Kevin—. Por eso sentía algo extraño sobre ti en esos dos años.
—¿Por qué alguien como tú ayuda a los humanos? —preguntó Jean.
—Al igual que tú, busco la verdad, nada más. No me interesa ni el honor ni la justicia, mato a cualquiera que interfiera con la organización, porque estos me dieron una segunda oportunidad; ¿qué sabes tú de eso? Absolutamente nada, solo seremos compañeros, no esperes que te dé algún consejo o te apoye cuando te pongas a llorar —contestó Kevin sacando su teléfono y marcando el número de su superior—. Eres un antiguo, Jean, ambos lo somos.
Los antiguos, una especie humanoide que tiene una ubicación desconocida en el mundo, así como no se sabe de qué época provienen; Edgard Strathman les puso ese apodo cuando acogió a Kevin como un subordinado, al notar todo lo relacionado con el joven. También intuyó que podía haber más en todo el mundo.
—La policía no va a tardar en llegar. Sí, él está muerto; tuve que incapacitarlo —dijo Kevin a su jefe mientras miraba al pecoso.
Jean corrió a su cuarto buscando su mochila verde, la cual llenó de ropa y cosas útiles, como un cepillo de dientes o cargadores de teléfono. Decidió investigar en el cuarto de los señores Thompson y abrió uno de los cajones de la mesita de noche, no encontrando nada más que un álbum de fotos. Dentro de este había imágenes de cascos de acero y escudos de madera redondos. El moreno sintió otro dolor de cabeza, que pasaba desde la mitad de su cara hasta el morro.
Aquel que destruye reinos,
el que conquistó las tierras del Este y los aplastó,
el hijo menor del general
Ahogó a diestra y siniestra a miles.
Quién es nuestro héroe,
orgullo de la nación,
Guerrero implacable es él.
El merecedor de la mejor arma de todas
acompañado de una dama inigualable,
un hombre hecho y derecho,
Nuestro comandante.
Cuando la canción de miles de voces dejó de sonar en su mente, por fin el dolor se había ido. Kevin lo fue a buscar agarrándole del brazo, jalándolo al primer piso. No le decía nada hasta llegar allí, indicándole la ventana delantera. Un hombre estaba elevado en el aire.
Mientras tanto, Edgard Strathman se encontraba redactando un informe en su portátil azul. Lisa le dio un tazón negro que contenía un café que ella le preparó. La joven continuó leyendo un libro antiguo a la vez que se sobaba la sien, ya que aún no lograba comprender lo que leía; Edgard suspiró y cerró su computadora al mismo tiempo que se relajaba en el respaldo del sofá negro en el que estaba sentado.
—Andersen avisará a la reina acerca de los señores Thompson en cuanto le confirme que son un peligro para todos. —También está haciendo el papeleo para la inclusión de Jean —dijo a la chica.
—Los dos jóvenes presentan un problema para nosotros también —dijo Lisa. —Después de todo, estamos escondiendo la especie inhumana de la reina.
—Es Kevin de quien hablas; él hace todo por nosotros y en cierto modo le es leal a nuestra reina. Cumplió con proteger al novato. Aun si su método resultó ser cruel —respondió Edgard—. Creí que ustedes dos eran algo.
—Dijiste que tenía que saber diferenciar mi vida personal de la profesional, tío —dijo Lisa con un leve sonrojo.
Los Strathman, la mítica familia que ayuda a la humanidad desde hace varios siglos, antes de que la reina formara la organización de los cruzados y los utilizara para conquistar varios virreinatos. Antes, los Strathman eran perseguidos por la Inquisición al ser acusados de brujería.
Los fundadores decidieron expandirse por el resto del globo para ocultarse y evitar el exterminio de su sangre. Con los años surgieron nuevas generaciones de Strathman de diferentes nacionalidades, ya que estos se mezclaron con los civiles. Klein Strathman es el ancestro legítimo de Edgard, ya que deambuló por Dinamarca y Alemania en 1670 y se juntó con una maga desconocida hasta la fecha, generando la facción Strathman con más magia de todos.
Actualmente, dos de cada diez magos son Strathman o descendientes de un clan de la gran familia, pero para llegar a la adultez deben pasar por un entrenamiento tan cruel que solo la mitad sobrevive. Cada clan se mueve individualmente y tiene sus reglas propias, pero existen cinco que se cumplen a rajatabla en general:
—No deben mezclarse con los entes de la noche. De ser así, cualquier miembro tiene el deber de eliminarlo, ya que mancha el apellido.
—Si el hijo mayor presenta un comportamiento extraño y los padres buscan a alguien para que vea su aura y esta resulta volverse oscura, el hijo mayor debe ser eliminado por su progenitor.
—En caso de que un miembro tenga una relación incestuosa con otro, serán eliminados juntos por su pecado obsceno.
—Pueden ser entrenados por su superior y también deben ser dejados en la naturaleza por siete noches. Si sobreviven y regresan, entonces son dignos de ser un Strathman, pero si el estudiante comete crímenes en contra de la humanidad, él y su maestro serán ejecutados.
—No pueden tener una relación amorosa con ningún miembro de la realeza. Si hay un caso de ascensión política, debe cambiarse el apellido y será expulsado de la familia para evitar malas intenciones y manchas.
Lisa Abena Strathman, descendiente de Marcus Strathman y Marisa Abena, en el país de Portugal, fue alejada de sus padres cuando la familia se enteró de que estos realizaban experimentos para crear a un Strathman con homúnculos. Se cree que la maltrataban, a pesar de que ella no dijo nada al respecto a las autoridades y eso les confirmó que sí lo hacían.
Edgard Strathman recibió honores militares años después de unirse a los cruzados, vivió entrenándose toda una vida, aunque hubo un breve momento de su existencia donde pudo sentar cabeza y tener paz; por fin tenía algo personal por lo que pelear y defender aparte de su honor, pero las vueltas de la vida son bastante crudas para los hombres como él. Perdió a su hija cuando tenía 22 años y se separó de su mujer debido al estrés y dolor que les generó la pérdida a ambos. Cuando se supo lo de Marcus Strathman cinco años después, le concedieron el título de tutor de la chica, a pesar de que no podía vivir en Portugal por las diferencias sociopolíticas que existen entre Portugal y Gran Bretaña.
Cuando convivió con la muchacha, la vio como alguien extremadamente pálida y debilucha, algo raro para ser una Strathman. Fue cuando se dio cuenta de que las acusaciones de Marcus eran verdaderas, al ver cicatrices en el abdomen y brazos de la muchacha. Esta reaccionaba reacia hacia él, no le miraba a la cara y de ser por ella hubiera permanecido en su cuarto todo el día.
—Mañana irás a la escuela —dijo Edgard detrás de la puerta del cuarto de la chica, esperando una respuesta.
—No iré —dijo Lisa—. Además, no sé cómo puedes comprender lo que digo.
—Sé portugués —mintió Edgard—. Legalmente soy tu tutor y, como tal, tienes que obedecerme.
—¿Acaso me castigarás si no voy? —dijo Lisa en un tono de pánico, presionando sus brazos con sus manos. Se refería al castigo brutal que recibía por parte de Marcus.
—No —dijo Edgard muy seco—. Creo que es el único método que conoces.
—Lo único que conozco, sí, nunca se me permitió hacer nada que ellos no pudieran ver — respondió molesta—. Nunca me dejaron ser normal.
—Entiendo. Como en tu clan, en el mío también me entrenaron con crudeza —dijo Edgard, pero fue interrumpido por un golpe fuerte que venía de dentro de la habitación.
—Tú no sabes nada de mí.
—Ni tú tampoco —dijo Edgard. —Sé que lo que pasaste fue bastante traumático, vivir por el bien de otros...
—Así es como vives tú, Edgard Strathman. Al igual que yo, no tienes una vida a la que aferrarte, sino a algo que se te inculcó desde pequeño —respondió Lisa.
—Actualmente tengo a alguien a quien cuidar, niña —dijo el hombre. Normalmente viajo por todo el mundo para que la gente común y también tú tengáis una vida a la cual aferraros.
—¿Cómo es que no te aterra?
—Sí, me da miedo, también soy humano, pero recuerdo a mi pequeña; no pude cuidarla de esas cosas que me la arrebataron y entonces recobro el valor —dijo Edgard—. Cuéntame de ti.
—Mi habilidad tiene que ver con los metales, especialmente el hierro, pero me debilitaba rápidamente, así que decidieron incrementar mi resistencia aplicándome cualquier medicamento y sustancia mágicas —dijo Lisa—. Ellos... me ataban a una camilla y lo hacían sin anestesia; todo el cuerpo me ardía.
—La mía guarda y saca cosas —dijo Edgard invocando a un pequeño duende dentro del cuarto de la niña, quien, asustada, abrió la puerta. El hombre mostró una leve sonrisa y guardó el ser en su dimensión de bolsillo de nuevo. —Tienes todo un camino por delante si quieres. Aferrémonos el uno al otro, pequeña.
Con el paso de los años, Lisa fue llevando la típica doble vida que los de su gente tienen. Por un lado, podía disfrutar de amistades en la escuela, ir a bailes e incluso podía disfrutar del verano; por otro lado, Edgard la llevaba consigo para eliminar a los monstruos que querían atacar a pueblos y ciudades del resto del mundo, teniendo varias aventuras. Gracias a esto pudo reforzar su carácter, sanando sus heridas emocionales.
Edgard no sanaba del todo, pero era feliz al ver que logró cambiar a una persona que estaba rota. Fue en una misión en Australia donde se encontró a un muchacho que salvó a un pueblo de un monstruo. Como su lengua era extremadamente rara, Edgard le dio una gema traductora con forma de arete y descubrió, gracias a Kevin, que antes de todo existió la especie del chico. A través de mentiras logró tomarlo como su hijo, a pesar del disgusto de Lisa.
Tenía la idea de que el rey de la arena comprendiera más acerca de su mundo con la ayuda de Lisa. En cierto modo consiguió su objetivo, pero lo que no predijo fue que ambos estaban más apegados de una manera extraña y cariñosa en un lapso de dos años; obviamente, Edgard se opuso a la idea por las reglas del clan, pero terminó por ocultar esa relación a todos utilizando un hechizo que cubriera los ojos y las escamas del rostro.
.
—Mañana me juntaré con Andersen; no quiero problemas —dijo Edgard, pero cuando terminó de decir aquella frase, llamaron por teléfono nuevamente y era el número de Kevin. Acercó el celular a su oreja y escuchó una voz de mujer con noticias desagradables. -¡Carajo!