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Nuestro Destino 1 El Comienzo

Nuestro Destino 1 El Comienzo

Status: Terminada
Genre:Romance / Escuela / Reencuentro / Completas
Popularitas:78
Nilai: 5
nombre de autor: cristy182021

Una chica que cree en el amor… incluso cuando el amor no cree en ella.
Después de enamorarse de alguien que nunca cambió, descubre la verdad de la peor forma: a través de sus propias amigas. Aun así, decide no romperse, no cerrarse… porque, en el fondo, sigue creyendo que en algún lugar existe ese amor que siempre soñó.
Entonces aparece él.
Un chico marcado por su propio pasado, que también conoció el dolor, pero que en lugar de rendirse… se volvió más fuerte. Más decidido. Más real.
Cuando sus caminos se cruzan, algo cambia.
No es inmediato.
No es perfecto.
Pero es diferente.
Con la ayuda de quienes los rodean, comienzan a acercarse, a confiar… a sentir algo que ninguno de los dos esperaba volver a vivir.
Sin embargo, el pasado no se queda atrás tan fácilmente.
La exnovia de él está decidida a interferir, intentando arruinarlo todo durante un momento clave: el baile.
Pero esta vez…
Las cosas no serán como antes.

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Capítulo 15

El Papá se sube a su cuarto a ver si estaba dormida, para estar un rato con su mamá en la sala; al ver que estaba bien dormida se baja sin hacer ruido.

—No hay problema mi cielo—le digo a mi esposa—Cris está bien dormida, ningún ruido la puede hacer levantar.

—Eso espero amor, no quiero que nos diga algo, ya sabes cómo es nuestra hija.

—¿Qué te parece si vemos una película y al rato ponemos música? —propongo.

—Me encanta, voy a la cocina cielo, a traer algo de botana.

Decidió convertir el sillón en cama, pues tenía esa función, mientras que mi marido traía la botana, subo a la habitación por sábanas para ponerlas, ya que iba a suceder algo en la noche. Porque tendí todo, bajé unas velas, para cuando entre, iba entrando mi marido con la botana.

Al ver que había traído las velas, su mujer ya sabía lo que iba a suceder entre los dos, prendieron las velas para apagar la luz, pusieron la película y se pusieron a hablar sobre la cara que va a poner Cris.

—Espera que nos encuentre la princesa aquí, no le dijimos que mañana iba a ir en la tarde. Bueno, ahora sí voy a poner nuestra primera canción con la que bailamos cuando cumplimos un mes de novios.

—Me vas a hacer llorar y voy a echar a perder nuestra noche.

—Eso lo dudo cielo, va a ser una noche muy intensa.

Empezamos a besarnos poco a poco, así duramos un buen rato, cuando subimos más la intensidad, él me acostó sobre el sofá, hicimos el amor toda la noche como la primera vez que estuvimos juntos y fue cuando quede embarazada de mi bella hija.

No podía dejar de mirarla.

Había algo en ella esa noche… algo diferente.

Tal vez era la forma en la que la luz de las velas iluminaba su rostro.

O la manera en la que sonreía… como cuando éramos novios.

No podía evitar recordarlo todo.

—No puedo creer que haya pasado tanto tiempo… —murmuré, acariciando suavemente su cabello.

Ella levantó la mirada, con una ternura que me desarmó por completo.

—Y aún así… se siente como si fuera la primera vez —respondió en voz baja.

Sus palabras me hicieron sonreír.

Porque era verdad.

Cada momento con ella seguía teniendo esa chispa.

Esa conexión.

Ese amor que no se había desgastado con los años.

La acerqué más a mí.

Y el mundo… simplemente dejó de importar.

Las risas se transformaron en silencios cómodos.

Las miradas… en caricias.

Y los recuerdos… en algo que estábamos volviendo a vivir.

Esa noche no fue solo cercanía.

Fue volver a encontrarnos.

Recordar por qué nos elegimos.

Por qué seguimos aquí.

Después de un rato, el silencio llenó la sala.

Pero no era incómodo.

Era tranquilo.

De esos que se sienten en el pecho.

Me quedé observándola mientras descansaba a mi lado.

Y entonces lo pensé.

Lo sentí.

—Amor… —susurré.

Ella abrió los ojos lentamente.

—¿En qué piensas?

Respiré hondo.

—¿No crees que… ya es momento de tener otro hijo?

Hubo un pequeño silencio.

Pero no fue de duda.

Fue de emoción contenida.

—La princesa va a estar feliz… —añadí— tener un hermano…

Ella sonrió.

De esa forma que ya conocía.

—¿Por qué crees que traje las velas? —respondió.

Mi corazón se aceleró.

—Yo también quiero otro bebé.

No pude evitar abrazarla con fuerza.

—Nos vas a hacer muy felices… —susurré— a las dos razones de mi vida.

Ella cerró los ojos, tranquila.

—Lo sé… cielo… pero mejor hay que dormirnos.

Sonreí.

Y por primera vez en mucho tiempo…

Sentí que todo estaba exactamente donde debía estar.

Perfecto, continúo con más emoción, pensamientos y reacciones, manteniendo tu historia pero haciéndola más viva y expresiva.

La mañana llegó más rápido de lo que esperaba.

Abrí los ojos lentamente… pero en cuanto vi la hora, todo cambió.

—¡¿Qué?! —me levanté de un salto— ¡9:30!

El corazón se me aceleró.

—¡Se les hizo tardísimo!

Corrí directo al baño, apenas lavándome la cara mientras trataba de reaccionar.

—No puede ser… no puede ser…

Bajé rápido las escaleras, esperando verlos en la cocina.

Pero no estaban.

Entonces lo recordé.

—La sala…

Caminé hacia allá, todavía medio dormida… pero en cuanto entré…

Me congelé.

—Con razón querían que me fuera rápido… —murmuré, cruzándome de brazos— golosos que son los dos.

Mis papás voltearon al mismo tiempo, completamente sorprendidos.

—Hija… —dijo mi mamá, tratando de reaccionar— nosotros no pensábamos que nos fueras a encontrar así…

—Ni yo… —respondí, tratando de no reírme, pero tampoco sabía dónde meterme.

Mi papá se levantó rápido, algo nervioso.

—Princesa… yo pensé que te ibas a levantar tarde.

Lo miré fijamente.

—Ya vieron que no fue…

Y luego, sin poder evitarlo, sonreí un poco.

—Vaya manera de reconquistar a mi mamá…

Mi papá se quedó sin palabras por un segundo.

—¿Nos quieres preguntar algo?

Me quedé pensativa.

No por lo que acababa de ver…

Sino por otra cosa.

Algo que siempre había querido.

Algo que apenas estaba entendiendo.

—Sí… —dije finalmente— hoy no voy a ir a la secundaria.

Ambos me miraron.

—¿Quién dijo que no ibas a ir?

Me quedé en silencio… pensando…

Hasta que todo hizo clic.

—¿No me digan que… voy a ir en la tarde?

Mis ojos brillaron.

—Sí, princesa —respondieron.

Y no pude contenerme.

—¡SÍÍÍ! —brinqué de felicidad— ¡por fin!

Sentía que todo mi cuerpo explotaba de emoción.

—¡Ya no tengo que levantarme temprano!

Mis amigas.

Mi horario.

Todo encajaba.

—¿Quién me va a llevar? —pregunté de repente— si tú trabajas, papá…

Él sonrió.

—Princesa… ¿todavía preguntas?

Me detuve.

Pensé.

Y entonces…

—Ah… —sonreí— ahora entiendo.

Volteé a ver a mi mamá.

—Por eso le compraste el carro, ¿verdad? Para que ella me lleve.

El silencio que siguió lo dijo todo.

Mis papás se miraron entre ellos.

Sorprendidos.

Orgullosos.

—Nuestra hija es más lista de lo que creíamos… —dijo mi papá en voz baja.

Yo solo sonreí.

Porque sí…

Tal vez no sabía todo.

Pero entendía más de lo que pensaban.

Perfecto, seguimos elevando la emoción y los detalles sin cambiar tu historia.

Subí a mi cuarto con una sonrisa que no podía borrar.

Cerré la puerta y de inmediato tomé mi celular.

Necesitaba contarles.

—¿En qué casa están? —les mandé mensaje.

La respuesta llegó rápido.

—Estamos con Alicia.

—Ah, ok… les voy a llamar.

No esperé más.

—¡Chicas! —dije en cuanto contestaron— voy a ir en la tarde a la secundaria.

Hubo un segundo de silencio…

Y luego, gritos.

—¡Nosotras también, amiga!

Sentí una emoción enorme recorrerme el cuerpo.

—Entonces… vamos a estar todas juntas…

—¡Sí!

Sonreí.

—Nos vemos en la entrada, ¿ok?

—¡Obvio!

Colgué… pero me quedé unos segundos viendo la pantalla.

Feliz.

Realmente feliz.

Mientras tanto, mis papás ya estaban en su habitación.

El ambiente era tranquilo… pero con ese cansancio rico después de una noche larga.

—Hay que recoger la sala… —dijo mi papá.

—Sí… antes de que baje Cris —respondió mi mamá.

Ambos se levantaron, todavía medio distraídos, pero sonriendo.

Desde mi cuarto, podía escuchar todo.

Pasos.

Subidas y bajadas.

Cosas moviéndose.

Fruncí el ceño.

—¿Qué están haciendo ahora…?

Volví a marcar.

—Chicas… ¿escuchan eso?

—¿Qué cosa?

—Mis papás… están haciendo ruido…

—¿No será que están limpiando?

Solté una pequeña risa.

—Pues… no saben lo que me encontré hace rato…

—¿Tus papás?

—Sí… —dije, bajando la voz— pero como Dios los trajo al mundo.

—¡CRIS! —gritaron entre risas.

—Ay, se ve que ya lo tenían planeado —dijo una.

Negué con la cabeza, sonriendo.

—Yo creo que sí… los conozco con la palma de mi mano.

Suspiré.

—Bueno, ya las dejo… voy a ver la tele, que ya dejaron la sala lista.

—Va, Cris.

Colgué.

Entré al baño, dejé que el agua cayera sobre mí, tratando de relajarme.

Pero mi mente no se detenía.

La secundaria.

Mis amigas.

Todo lo que venía.

Salí, me puse el uniforme… y unos shorts que tenía.

Me miré al espejo.

—Hoy empieza algo nuevo… —susurré.

Bajé a desayunar.

Comí tranquila, aunque por dentro estaba emocionada.

Luego subí a lavarme los dientes y regresé a la sala.

Tomé el control.

Cambié canales sin mucho interés… hasta que encontré uno de música.

—Perfecto…

Me recosté.

La mañana pasó rápido.

Demasiado rápido.

Y cuando me di cuenta…

—Hija, ya está la comida —escuché a mi mamá.

—¡Ya voy! —respondí.

Apagué la tele y fui a la cocina.

Mientras comía, mi mente estaba en otra cosa.

Mis patinetas.

—¿Cuál me llevo…?

—En algunas ocasiones no te voy a poder llevar —dijo mi mamá de repente— y tendrás que irte en tu patineta.

Levanté la mirada.

—Ok, mamá.

No me molestaba.

De hecho… me gustaba la idea.

Terminé de comer y subí de nuevo.

—¡Hija, ya baja! —gritó mi mamá— ¡para que no se te haga tarde!

—¡Ya voy!

Tomé mi mochila.

Bajé rápido.

Salimos.

Me subí al carro.

Y en cuanto arrancamos… puse mi MP3.

La música empezó a llenar el silencio.

—¿Qué canción estás escuchando? —preguntó mi mamá.

—Se llama Fight For You… de Pía Mia.

Sonreí.

—Tengo muchas más que me gustan.

—Ya llegamos.

El carro se detuvo.

Y mi corazón… también.

Miré hacia la entrada.

Y ahí estaban.

Mis amigas.

Esperándome.

—Anda —dijo mi mamá— ve con ellas.

No lo pensé dos veces.

Me bajé rápido.

Y corrí.

Ellas hicieron lo mismo.

Nos abrazamos como si no nos hubiéramos visto en años.

Reímos.

Hablamos al mismo tiempo.

Era perfecto.

Sin darme cuenta… mi mamá nos tomó fotos.

Pero en ese momento…

Nada más importaba.

—Cuéntanos de tus vacaciones —dijeron casi al mismo tiempo, rodeándome.

Sonreí, acomodándome el cabello.

—Pues… conocí a un chico que me salvó para que no me cayera.

Hubo un silencio corto… pero cargado.

—¿Cómo que te salvó? —preguntó una, levantando una ceja.

—Sí… casi me caigo y él… —me detuve un segundo, recordándolo— me sostuvo.

Sentí algo raro en el pecho al decirlo.

Algo que no entendía del todo.

Pero no dije más.

Porque en ese momento…

Sentí una mirada.

Pesada.

Constante.

Giré ligeramente la cabeza.

Y lo vi.

Un chico de segundo.

No dejaba de verme.

—¿Quién es ese? —susurré.

Una de mis amigas miró rápido y luego volvió a mí.

—Ten cuidado… es un mujeriego. Se llama Robert.

Fruncí un poco el ceño.

—Gracias por la información… —dije, sin dejar de mirarlo de reojo— ¿y tú cómo sabes?

—Es mi vecino… ¿no te acuerdas? Te había contado… llegó hace como un año.

—Ah… sí es cierto…

Pero algo no encajaba.

Porque él seguía mirándome.

Y no era una mirada cualquiera.

El timbre sonó.

—¡Vámonos!

Entramos al salón.

Por suerte… todas quedamos juntas.

Nos sentamos hasta atrás, como siempre.

Entre risas, comentarios y miradas cómplices.

El tiempo pasó rápido.

Algunas clases me gustaron.

Otras… no tanto.

Pero lo importante…

Era que estaba ahí.

Con ellas.

Cuando sonó el timbre del receso…

Sentí emoción.

—Espérenme tantito…

Abrí mi mochila.

Y saqué mi patineta nueva.

—¿Otra? —preguntaron sorprendidas.

Sonreí orgullosa.

—Sí… mi papá me regaló una… y mi mamá otra.

—¡Qué suerte!

—Vamos al patio —dijo una— quiero verte patinar.

—Sí, Cris es la mejor —añadió otra— nadie patina como ella.

Eso me hizo sonreír más.

—Les voy a enseñar unos trucos nuevos… me los enseñó mi primo.

El patio estaba lleno.

Ruido.

Movimiento.

Pero cuando me subí a la patineta…

Todo desapareció.

Solo éramos yo… y el equilibrio.

Empecé con lo básico.

Luego subí la dificultad.

Saltos.

Giros.

Trucos más rápidos.

Más limpios.

Sentía la adrenalina recorrerme el cuerpo.

Y entonces…

Lo vi.

El mismo chico.

Robert.

Con su propia patineta.

Observándome.

Pero ahora… diferente.

—¿Sabes hacer trucos? —preguntó, acercándose.

Lo miré, segura.

—Sí… algunos nuevos… y otros que ya sé.

Noté en su cara que no me creía.

Sonreí de lado.

—¿Quieres ver?

Sin esperar respuesta…

Me lancé.

Saqué todos los trucos que sabía.

Uno tras otro.

Sin fallar.

Cuando terminé…

El silencio fue breve.

—Wow… —murmuró él— ¿me puedes enseñar?

Lo miré unos segundos.

Y luego sonreí.

—Claro.

El resto del receso pasó entre risas.

Intentos fallidos.

Y uno que otro logro.

Mis amigas no paraban de reír.

—¡Lo dejaste en ridículo! —decían.

Yo solo negaba, divertida.

—No es para tanto…

Pero por dentro…

Sabía que algo había cambiado.

Cuando salimos de la escuela…

Ahí estaban.

Nuestros papás.

Observándonos.

En silencio.

Sin decir nada.

Pero con esa mirada…

De orgullo.

De tranquilidad.

De saber…

Que todo estaba bien.

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