Ningún sacrificio es suficiente cuando la subsistencia de muchos está en juego.
NovelToon tiene autorización de @ngel@zul para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Un plan elaborado
Al salir, la lluvia caía con una constancia suave, casi hipnótica, como si la ciudad hubiese decidido envolverse en un velo de calma después de un día demasiado largo. Las luces de los faroles se reflejaban sobre el asfalto húmedo, convirtiendo las calles en un mosaico de oro y sombras.
Aeryn caminaba a paso tranquilo junto a Adrian.
La chaqueta de él descansaba sobre sus hombros, todavía tibia por el calor que había retenido de su cuerpo. No la necesitaba para el frío, pero el gesto había sido… inesperadamente amable.
Los humanos solían ser más torpes en sus gestos.
Más apresurados.
Adrian no.
Él caminaba a su lado sin invadir su espacio, con las manos en los bolsillos y la mirada levantada hacia el cielo gris.
—No sabía que te interesaba la fotografía histórica —comentó él finalmente.
Aeryn alzó una ceja.
—¿No te sorprende que una estudiante universitaria tenga intereses académicos?
Adrian sonrió apenas.
—No. Me sorprende que alguien de nuestra edad se detenga a observar fotos de hace más de un siglo durante tanto tiempo.
Ella volvió la mirada hacia la calle.
—Las fotografías son fragmentos de memoria. Pequeñas pruebas de que algo ocurrió.
—¿Y eso te parece importante?
Aeryn lo miró de reojo.
—Mucho.
Caminaron unos pasos más en silencio. El sonido de la lluvia contra las hojas de los árboles formaba un murmullo constante sobre sus cabezas.
—Las guerras también empiezan así —continuó ella—. Con pequeños momentos que alguien decide recordar… o borrar.
Adrian ladeó ligeramente la cabeza.
—Hablas como si hubieras visto muchas.
La pregunta no era acusatoria. Pero tampoco era casual.
Aeryn sostuvo su mirada por un segundo más de lo habitual.
—La historia humana está llena de ellas —respondió al fin—. Solo hace falta leer un poco.
Adrian asintió, como si la explicación le resultara suficiente.
Pero en su mente la conversación se archivó junto con todo lo demás.
Cada palabra de Aeryn era una pieza del rompecabezas.
Y él era muy bueno armando rompecabezas.
Doblaron una esquina donde la lluvia caía más fuerte. Las gotas golpeaban el suelo con un ritmo irregular, creando pequeños círculos en los charcos.
Aeryn alzó el rostro hacia el cielo.
—¿Siempre llueve tanto aquí?
—En esta época del año, sí.
—Me gusta.
Adrian la miró con curiosidad.
—La mayoría de la gente se queja.
Ella se encogió de hombros.
—La lluvia obliga a las personas a reducir la velocidad.
—¿Y eso es bueno?
—El mundo se mueve demasiado rápido —dijo Aeryn con tranquilidad—. A veces es necesario detenerse para recordar hacia dónde vamos.
Adrian la observó unos segundos.
Había algo extraño en la forma en que hablaba.
No era pretenciosa.
No era filosófica por pose.
Simplemente… parecía ver las cosas desde un lugar distinto.
—¿Siempre piensas así? —preguntó él.
—¿Así cómo?
—Como si todo estuviera conectado.
Aeryn sonrió levemente.
—Tal vez lo esté.
El silencio que siguió no fue incómodo.
De hecho, Adrian se sorprendió notando que no sentía la necesidad de llenarlo.
Caminaron otro tramo de la avenida hasta que Aeryn se detuvo frente a un pequeño parque iluminado por faroles antiguos.
El césped brillaba húmedo bajo la lluvia.
—Mi casa está a unas cuadras de aquí —dijo ella.
Adrian asintió.
—Entonces este es mi punto de retorno.
Aeryn se giró hacia él.
—Gracias por la chaqueta.
—Puedes quedártela hasta mañana.
Ella lo observó con una leve inclinación de cabeza.
—¿Eso fue una estrategia para asegurarte de que volvamos a vernos?
—Tal vez.
La sonrisa que apareció en el rostro de Aeryn fue breve, pero genuina.
—Buenas noches, Adrian.
—Buenas noches, Aeryn.
Ella cruzó la calle y desapareció entre las luces de los edificios.
Adrian se quedó allí unos segundos más.
La lluvia empapaba lentamente su cabello oscuro.
No se movió.
No porque quisiera contemplar el momento.
Sino porque estaba registrando cada detalle.
Cada gesto.
Cada reacción.
Cuando finalmente sacó su teléfono, no escribió un mensaje normal.
Abrió una aplicación que no aparecía en ningún menú común.
Una interfaz oscura apareció en la pantalla.
HELIX – CANAL SEGURO
Adrian comenzó a escribir.
Informe de campo – Operativo V-17
Contacto con objetivo confirmado.
Interacción prolongada sin indicios de sospecha directa.
Nivel de confianza inicial en desarrollo.
Se detuvo un instante antes de escribir la siguiente línea.
Perfil psicológico: idealista, empática, orientada al equilibrio social.
Presionó enviar.
El mensaje desapareció de la pantalla.
Muy lejos de allí, en una sala subterránea iluminada por pantallas azuladas, el informe apareció en el sistema central de Helix.
Mara lo leyó en silencio.
—Progreso —murmuró.
A su lado, Daniel observaba el mapa tridimensional proyectado en el centro de la sala.
Pequeños puntos luminosos indicaban anomalías energéticas detectadas durante los últimos meses.
—Si él consigue entrar en su círculo cercano —dijo Daniel—, podríamos localizar el enclave.
Mara cruzó los brazos.
—Paciencia.
Regresó la mirada al informe.
—Adrian nunca falla.
En la ciudad, Adrian guardó el teléfono y comenzó a caminar de regreso a su departamento.
Las calles estaban casi vacías ahora.
La lluvia había obligado a la mayoría de las personas a buscar refugio.
Mientras avanzaba, repasó mentalmente cada instante de la conversación.
Las palabras de Aeryn.
Sus gestos.
Sus silencios.
Todo coincidía con el perfil que Helix había construido.
Una líder potencial.
Carismática.
Influyente.
Peligrosa.
Pero cuando llegó a su edificio y abrió la puerta de su apartamento, una imagen inesperada volvió a su mente.
Aeryn bajo la lluvia.
Mirando el cielo como si escuchara algo que los demás no podían oír.
Adrian dejó las llaves sobre la mesa.
Encendió la luz.
El apartamento estaba ordenado con precisión casi militar.
Sobre el escritorio, junto a su portátil, descansaba la daga antigua de su familia.
La hoja de plata reflejaba la luz de la lámpara.
Adrian la observó unos segundos.
—No deberían existir —murmuró para sí mismo.
Era una frase que había repetido muchas veces.
Una verdad aprendida desde la infancia.
Pero esa noche, por primera vez, la certeza no sonó tan firme en su propia voz.
Se giró hacia la ventana.
La lluvia seguía cayendo sobre la ciudad.
Y en algún lugar no muy lejos de allí, Aeryn caminaba hacia un mundo que Adrian todavía no conocía.
Un mundo oculto.
Un mundo que Helix llevaba décadas buscando.
Un mundo al que él estaba un paso más cerca de entrar.
Y aún no sabía que ese camino terminaría cambiándolo todo.