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Notas Y Colores Del Destino

Notas Y Colores Del Destino

Status: Terminada
Genre:Reencarnación / Romance / BL / Completas
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Annyaeliza

Dos genios.
Una rivalidad que duele.
Un amor que se repite en cada vida.
Cuando él gana, yo recuerdo.
Cuando yo brillo, él tiembla.
Esta vez… ¿podremos elegirnos antes de volver a perdernos?

NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3: La promesa que no se cumplió

El contacto duró apenas unos segundos.

Pero para Aiden, ese instante fue suficiente para que el resto del mundo dejara de existir.

Ren estaba entre sus brazos, rígido, temblando de una forma que no parecía tener que ver solo con el mareo. Su cuerpo estaba frío, como si acabara de salir de una pesadilla demasiado vívida. El salón creativo seguía lleno de gente: aplausos dispersos, risas nerviosas, voces que celebraban el avance del Proyecto Aurora. Pero todo eso se volvió ruido lejano, amortiguado, como si estuviera ocurriendo detrás de un vidrio grueso.

Aiden no escuchaba nada.

Solo sentía el pulso desordenado de Ren contra su pecho.

—Ren… —murmuró, inclinándose apenas hacia él—. Mírame.

Ren tardó en reaccionar. Cuando alzó la vista, sus ojos estaban perdidos, vidriosos, como si todavía no hubiera vuelto del todo. Parpadeó un par de veces, desorientado. Sus labios se abrieron, pero el aire no le salió de inmediato.

Y Aiden reconoció esa expresión.

No el rostro que tenía ahora.

Sino la forma en que el miedo y un dolor antiguo se mezclaban en su mirada.

—Yo… —Ren pasó saliva—. Perdón. No quise arruinar tu momento.

Aiden frunció el ceño de inmediato.

—No digas eso.

Lo sostuvo por los hombros para ayudarlo a incorporarse, pero apenas Ren intentó afirmarse en sus propias piernas, el mareo volvió con fuerza. Se aferró al abrigo de Aiden por puro reflejo.

Ese gesto sencillo le apretó algo en el pecho a Aiden.

No fue ternura.

Fue algo más primitivo. Más urgente.

Como si ya lo hubiera sostenido así antes.

Como si su cuerpo recordara una pérdida que su mente todavía no entendía.

—Vamos afuera —dijo, sin pedir permiso.

Ignoró las miradas curiosas, los susurros que empezaban a crecer. Lo guió fuera del salón. El pasillo estaba en penumbra, con luces débiles que proyectaban sombras largas en las paredes. El silencio ahí era distinto: no tranquilo, sino expectante.

Ren apoyó la espalda contra la pared, respirando hondo.

—Lo siento —repitió, más bajo—. No sé qué me pasó.

Aiden lo observó sin responder. Durante un segundo tuvo el impulso de tocarle la cara, de asegurarse de que estaba realmente allí. Se contuvo. No sabía por qué, pero algo le decía que ese gesto cruzaría una línea.

—Milo dijo algo —comentó—. Algo sobre… “la última vez”.

Ren alzó la cabeza de golpe.

—¿Tú también lo escuchaste?

Aiden asintió.

—Y no es la primera vez que tengo la sensación de que sabe cosas que no nos dice.

Ren apretó los puños. Había rabia ahí, pero también miedo.

—Cuando ganaste —confesó—… no fue solo un recuerdo suelto. Fue como si… se armara una escena completa en mi cabeza.

Aiden sintió un escalofrío.

—¿Qué viste?

Ren dudó. Cerró los ojos un momento, como si ordenar ese recuerdo le costara más de lo que quería admitir.

—Te vi en un escenario —dijo—. Tocando como si te estuvieras jugando la vida en cada nota. La gente te miraba como si fueras… todo lo que importaba en ese momento. Yo estaba detrás, esperando. Y supe que si me quedaba… te iba a perder.

La voz se le quebró en la última palabra.

—Así que huí.

El corazón de Aiden dio un vuelco.

La imagen llegó sin aviso.

Ren alejándose bajo la lluvia.

Luces de escenario apagándose.

Aplausos que sonaban a despedida.

Aiden dio un paso atrás, apoyando la espalda en la pared.

—No fue así —murmuró, más para sí mismo que para Ren.

Ren lo miró, confundido.

—¿Cómo que no?

Aiden respiró hondo.

—Tú estabas llorando —dijo—. Y yo… yo te grité que no importaba ganar si no estabas ahí.

Ren se quedó inmóvil.

—Entonces… tú también recuerdas.

No fue una pregunta. Fue una constatación.

El silencio que cayó entre ellos fue denso, incómodo, lleno de cosas que ninguno sabía cómo nombrar.

Los días siguientes se volvieron extraños.

El Proyecto Aurora avanzaba. Las reuniones continuaban. Los plazos se acercaban. Desde afuera, todo parecía normal. Pero entre Aiden y Ren se instaló una tensión silenciosa, como una cuerda demasiado estirada.

Trabajaban en el mismo espacio. Coincidían en los pasillos. A veces sus miradas se cruzaban sin decir nada.

Cada vez que Ren pintaba, Aiden sentía una presión absurda en el pecho, como si algo frágil estuviera a punto de romperse.

Cada vez que Aiden tocaba, Ren tenía que morderse la lengua para no dejar que el nudo en la garganta se convirtiera en lágrimas.

Una tarde, la tensión estalló en algo pequeño.

—Tu ritmo es demasiado rígido —dijo Ren sin levantar la vista del lienzo—. El arte no es solo técnica.

Aiden dejó las manos suspendidas sobre las teclas.

—Y el tuyo es demasiado impulsivo —respondió—. Pintas como si te diera miedo pensar.

Las palabras quedaron flotando entre ellos.

Ren se giró.

—¿Eso crees?

—Eso veo.

—Claro —soltó Ren, con una risa amarga—. El prodigio siempre tiene razón.

Aiden se puso de pie de golpe.

—No es eso —dijo, frustrado—. Es que cuando te dejas llevar así… siento que vas a desaparecer otra vez.

El silencio fue inmediato.

Ren se dio la vuelta lentamente.

—¿Otra vez?

Aiden supo que había dicho algo que no debía.

—Yo…

Ren se acercó un paso. Luego otro.

—Dímelo —dijo en voz baja—. ¿Qué más recuerdas?

Aiden tragó saliva.

—Recuerdo que te perdí —admitió—. Y que esa fue la única derrota que realmente me importó.

Ren sintió que el aire se le iba del pecho.

—Aiden…

Unos pasos interrumpieron el momento.

Milo estaba en la puerta.

—Parece que ya empezaron a juntar las piezas —comentó.

—¿Qué sabes tú? —espetó Ren.

Milo los observó con una seriedad poco habitual.

—Sé que cada vez que uno de ustedes brilla… el otro sangra —dijo—. Siempre ha sido así.

Aiden dio un paso al frente.

—Entonces habla.

Milo negó con la cabeza.

—Ten cuidado, Aiden. Esta vez, si eliges el amor… podrías perderlo todo.

Y se fue.

Esa noche, Ren no pudo dormir.

Soñó con una sala iluminada por velas.

Soñó con Aiden tocando solo para él.

Soñó con un beso robado entre bastidores.

Despertó con lágrimas en los ojos.

Se puso el abrigo y salió sin pensar demasiado.

El salón creativo estaba vacío… salvo por una figura sentada frente al piano.

Aiden.

—Sabía que vendrías —dijo, sin girarse.

Ren se acercó despacio.

—No puedo seguir fingiendo que esto no pasa —confesó—. Cada vez que te escucho… siento que ya te amo. Y eso me asusta.

Las manos de Aiden se tensaron sobre las teclas.

—Ren…

—No me respondas —pidió—. Solo… mírame.

Aiden se giró.

Estaban demasiado cerca. La respiración de ambos se mezcló.

Aiden levantó la mano, dudando, y rozó apenas la mejilla de Ren.

Y el recuerdo completo los golpeó a los dos.

Una vida pasada.

Un amor que no supieron proteger.

Una promesa rota bajo luces de escenario.

Ren cerró los ojos.

—Esta vez no voy a huir.

Aiden se inclinó apenas.

La puerta se abrió de golpe.

—¡Aiden! ¡Ren! —la voz de la coordinadora cortó el aire—. Tenemos un problema.

Ambos se separaron.

—¿Qué pasó? —preguntó Aiden.

—La obra final del proyecto… —dijo ella, pálida—. Alguien la destruyó.

Ren sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

Aiden apretó los puños.

Y sin decirlo, ambos supieron que el pasado no había vuelto para darles una segunda oportunidad.

Había vuelto para ponerlos a prueba.

1
Esmeralda Johner
Excelente
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