Una chica vive cada una de sus primeras veces con un completo desconocido:
su primer beso, su primera noche, su primera confianza, su primera ilusión real.
Para ella, él es solo alguien que llegó sin aviso.
Para él, ella se convierte en todo.
El problema aparece cuando el pasado del chico —oscuro, doloroso y nunca cerrado— regresa para reclamarlo.
Un pasado que amenaza con destruir no solo la relación, sino también la inocencia de todas esas primeras veces.
A veces, el primero en todo… no es el último.
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LA CHISPA DEL TRABAJO CONJUNTO
El día comenzó con una energía distinta en NEXUS CORE TECHNOLOGIES. Lía había llegado temprano, revisando los últimos informes que José le había preparado para la reunión con Daniel. Su corazón todavía recordaba el contacto directo del día anterior; algo en la mirada de Daniel se había quedado grabado en su mente.
—Buenos días, genio —dijo José mientras entraba en la oficina de Lía con café en mano—. Hoy será interesante.
—Lo será —respondió Lía con una sonrisa ligera—. Hoy no solo hablamos de números. Hoy él quiere ver cómo funciona todo desde mi perspectiva.
Al llegar al elegante edificio de CÁCERES GLOBAL TECHNOLOGIES, Lía sintió esa mezcla familiar de respeto y curiosidad. Daniel estaba esperándolos en la sala de reuniones principal, rodeado de pantallas y gráficos que mostraban las operaciones de su imperio.
—Bienvenidos —dijo Daniel, firme y seguro—. Espero que estén preparados para mostrarme el funcionamiento completo de su empresa.
José abrió la carpeta con documentos, pero Lía tomó la iniciativa. Era su turno de brillar.
—Como saben, cada proyecto está diseñado para operar de forma independiente, pero con supervisión centralizada —explicó, señalando gráficos y diagramas—. Aquí pueden ver cómo controlamos el flujo de datos y cómo se optimizan los procesos internos.
Daniel la observaba con atención. Cada palabra que Lía decía era medida y analizada. Sus ojos castaño oscuro brillaban con curiosidad y algo más… algo que Lía no supo definir de inmediato.
—Impresionante —dijo finalmente—. Es evidente que hay una mente brillante detrás de todo esto.
Lía sintió un escalofrío recorrerla. Su secreto seguía a salvo, pero Daniel la estaba estudiando de una manera que no había anticipado. No era solo profesional, era personal.
—Gracias —respondió, manteniendo la calma y el control—. Pero todo esto sería imposible sin un equipo confiable.
Daniel inclinó ligeramente la cabeza, mostrando interés. —Me gustaría trabajar con usted más de cerca. Creo que podríamos aprender mucho uno del otro.
Lía sostuvo la mirada por un momento, evaluando sus intenciones. Había algo en él que inspiraba respeto, incluso admiración, pero también una cierta advertencia: su mundo era intenso, exigente, implacable.
—Estoy dispuesta —dijo finalmente—. Pero recuerde que mis métodos son… estrictos.
—Eso no me asusta —respondió Daniel con una pequeña sonrisa, cruzando los brazos—. De hecho, lo encuentro estimulante.
El ambiente se cargó de una tensión palpable, mezcla de profesionalismo y algo que ninguno de los dos quería admitir del todo. Cada idea que compartían, cada decisión que discutían, parecía acercarlos más. La química entre ellos comenzaba a hacerse evidente, incluso en medio de la seriedad de los negocios.
José observaba desde un lado, consciente de lo que estaba ocurriendo, pero también sabiendo que este encuentro era crucial para el futuro de la empresa… y para el futuro de Lía.
—Bien —dijo Daniel finalmente—. Comencemos con un proyecto piloto. Quiero ver cómo implementan estas estrategias en tiempo real.
Lía asintió. —Perfecto. —Por un instante, sus ojos verdes se encontraron con los de Daniel—. Será un desafío interesante.
Ambos sabían que este sería solo el primero de muchos encuentros, y que cada reunión futura no solo definiría el éxito de sus empresas, sino también la inevitable atracción que crecía silenciosa entre ellos.
Porque mientras trabajaban juntos, sus mundos chocaban y se mezclaban, y ninguno de los dos podía ignorar la chispa que había surgido desde el primer contacto.