Camila es una chica que no cree en la existencia del amor en la actualidad. Ni en los matches cósmicos, ni muchos menos en los crushes digitales. Tampoco en hombres que dicen ser "diferentes" y te mandan un emoji de aguacate cuando chateas con ellos.
Pero todo cambia en un abrir y cerrar de ojos, cuando su mejor amiga sube un video de ella donde despotrica contra las apps de citas.
El internet la corona como la anti-romantica del año. Likes, memes, entrevistas... Y una cita que puede cambiarlo más.
Ahora ella tiene 2 problemas.
1: es famosa por odiar el romance.
2: se empieza a enamorar.
¿Podrá sobrevivir al algoritmo del amor sin perder la cabeza ni el wi-fi?
Una historia que tratará ofrecer risas sobre lo viral, lo emocional y lo que pasa cuando el amor no pide permiso y hace click.
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Golfeados.
La oficina de Leonardo, parecía sacada de una revista de arquitectura minimalista y sobre todo con la vista al Ávila, era un deleite. El estaba sentado tras su escritorio de diseño italiano, su traje impecable y el reloj reluciente en su muñeca.
Leonardo estaba revisando los últimos detalles de Mimore. Por lo que estaba muy feliz de eso, ya que en los últimos meses, el crecimiento fue impresionante, el engagement iba en alza, incluso su app había sido la protagonista de varias noticias no solo a nivel nacional sino también internacional.
—Leonardo, ¿viste el programa está mañana? —preguntó Óscar, su tío y socio entrando con una sonrisa y una bolsa de golfeados—. Dijeron la velocidad que van las descargas porque llevan una semana que se dispararon en un dos por tres como si el amor fuera trending topic. Y aparte de eso, entrevistaron a la primera pareja que se casará en Europa, la cual su relación empezó con Mimore. Los chamos están tan felices que nos dieron las gracias, porque fue a nosotros que encontraron lo que no sabía que les hacía falta a sus vidas.
Leonardo sonrió, como quien ya sabe el final del cuento antes de que lo cuenten.
—Obvio, tío. Sabes que yo jamás apostaré a nada que no tenga potencial. Mimore no es solo una app, es una plataforma emocional en medio de mucha tecnología. Y sí —Leonardo lo señalo—. sabía que funcionaria, para eso lo diseñe.
Oscar se sentó frente a él, saco un golfeado y lo partió en dos.
—Ajá, y tú ¿cuando vas a hacer algún match, sobrino? Porque hay mucho algoritmo, con el éxito escalando a las nubes... pero te veo igualito, más soltero que el wifi de cantv.
Leonardo soltó una risa breve.
—Ya llegará, algún día. Pero, por los momentos no tengo intenciones de enamorarme, así que lo mejor es enfocarme en el trabajo, esto si es un amor fiel.
Óscar lo miro con picardía.
—¿Como que no? es obvio que necesitas a una chica, para que por favor dejes de salir con tantas mujeres que tienen cerebro de grillo y además creen que CEO, significa, citas, exclusivas con oferta.
Leonardo se declinó en su silla, tomo el café y miro por la ventana.
—Sabes que algunas han sido... fallidas. Pero aun así sigo creyendo en el amor, jamás he dicho lo contrario. Sin embargo, tío, en estos momentos, no quiero todavía, quisiera tener un manual de usuario, o al menos que me dedique a crearlo y así busco a la mujer perfecta.
Óscar levantó su taza.
—¡Brindemos por eso! Para que el día en que te enamores, sea de alguien que no sepa ni como se pronuncia MiMore.
Leonardo sonrió, sin saber que ese día estaba más cerca de lo que creía.
Después Oscar se limpio los dedos con una servilleta, luego se acomodó en la silla y miró a su sobrino con una mirada pícara y una idea brillante.
—¿Sabes qué? Me voy a inscribir en Mimore, ya le di bastante tiempo al amor para que toque la puerta, porque siempre llega más rápido el delivery de los golfeados que cupido. ¡Quiero una mujer que me haga reír, que baile salsita! y poder decir ¡Fin soltería!
Leonardo soltó una carcajada.
—Tío, a ti te encantaría encontrar una mujer que tenga una mezcla de Shakira y la señora que vende papelón con limón en la esquina.
—Exacto, mijo y Mimore puede cumplir mi sueño. Tu mismo lo has dicho, que el algoritmo es emocional ¿no? Bueno, quiero que me emocione.
Leonardo negó con la cabeza, divertido, mientras revisaba algo en la laptop.
—Sabes que eres libre, si te inscribes, te regalo un mes premium, por ser parte de los socios, pero por favor, no vayas a poner en la bio "golfeado lover" o "buscando a mi media arepa"
—Pero que pichirre ¿un mes? —Oscar hizo un gesto como si estuviera molesto—. Y por supuesto sobrino, debo ser auténtico, así que confía mi perfil será el mejor, incluso pondré mi mejor foto, la que me tomé en la playa con el sombrero de cogollo, esa está matadora, atraparé muchas miradas de sexis mujeres.
Leonardo se llevó una mano a la frente, entre risas. Sin embargo, cuando noto que su tío le dio una mirada de conspirador dejó de reirse.
—¿Que estás pensando?
Oscar sonrió y lo apunto con la bolsa de los golfeados.
—Leonardo... tú sabes que te admiro un montón, porque eres un genio con ese cerebro que parece router de cinco bandas. Pero, esto te lo digo de cariño, ¡Ya basta de tanto algoritmo y poca acción, hombre!
Leonardo alzó una ceja.
—¿Accion tipo que, tío?
—Creo que también deberías usar Mimore, o ¿es que el creador no cree en su propia criatura?
Leonardo se recostó en la silla y cruzó los brazos.
—No es eso. Sabes que si lo hago todo el sistema colapsaría, la app es para los usuarios, no necesito usarla.
Óscar se río con ganas.
—Imaginate los titulares: "El creador del algoritmo romántico, atrapado en su propia fórmula" ja, ja, ja, estoy seguro que ¡eso venderá más que los golfeados de la señora Gladys!
Leonardo negó con la cabeza, aunque la sonrisa tampoco se le borraba.
—Tío, de seguro no faltaran las influencers que se quieran emparejar solo para pedirme que le regale el premium de por vida.
—No vale chico, eso no. Yo lo que quiero es que te enamores de alguien que no tenga ni idea de quien eres. Que te llame por tu nombre, pero sin saber que eres el responsable que ha puesto al país y al mundo a hacer match.Sobrino, en verdad quiero verte feliz, la vida no solo se trata de trabajo, es mucho más que eso.
Leonardo se quedó pensativo, miro hacia el Ávila como si este le diera alguna señal.
—Solo hazte un perfil, obviamente deberás cambiar algunas cosas, la idea es que dejes que el algoritmo del amor te sorprenda. ¿Que es lo peor que puede pasar? ¿que te enamores? no me digas que tienes miedo de intentarlo.
—Por cierto tío —Leonardo cambio el tema con rapidez—.Dime, si ya tenemos a la modelo para la campaña, porque todo eso tiene que estar listo para fin de mes.
Oscar lo miro con picardía, ese pájaro siempre buscando salirse con las suyas.
—Pajarito, crees que puedes volar libre ¿eh? y bueno, no hay modelo, todavía estamos viendo opciones. La agencia mandó tres perfiles, pero ninguno tiene ese “no sé qué” que atrape. Queremos alguien que se vea real, fresca, con chispa. No una más que parezca salida de un catálogo de muñecas copias tipo barbie.
Leonardo asintió, mirando de nuevo al Ávila, que parecía dibujado en acuarela por la luz de la tarde.
—Pues hay que decidirlo esta semana. La campaña tiene que estar lista antes del 30. Y quiero que sea diferente.
—No te preocupes, tengo una corazonada… y tú también la vas a tener pronto. Cupido nos bendecirá.
Leonardo volvió a mirar la pantalla. Pero esta vez, sintió que algo parecía distinto. Como si algo estuviera por cambiar. Como si el algoritmo ya hubiera hecho click.
—Nos vemos sobrino, te aviso si aparece la mujer perfecta, porque la contrato de una vez.
Leonardo asintió mientras lo veía salir.
acertaste