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Susanne confió en quien no debía, lo entregó todo y descubrió muy tarde que un falso juramento puede llevarte al infierno.
Sin nada más que perder, que una vida que la axficia, tomará un camino de venganza lento y hasta humillante, pero si quiere ver a su enemigo caer de la cima al fango, ella tendrá que meterse hasta en su cama, con una nueva identidad y destruir lo que ese hombre atesora
Lo que Susanne no sabe es que en medio de su venganza, su corazón vuelva a amar y que eso pueda ser más peligroso que cumplir con su venganza.
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3. Corazón roto
Dos semanas han pasado desde que August regresó al ducado de Restrepo, Susanne espera ansiosa su regreso, porque cree que vendrá a casarse con ella, como le juró hacerlo.
- "¿Cómo has estado mi pequeña Sussy?", preguntó un hombre de unos sesenta años, entrando a la cocina.
Susanne volteó emocionada, con los ojitos llorosos y corre abrazar a su abuelo.
- "Papito Teo, qué sorpresa, no tienes idea de cuánto te extrañaba", dijo Susanne mientras lo abrazaba fuerte.
- "Me alegra muchísimo verte, te pareces tanto a tu madre, que te cuida desde el cielo", expresó el abuelo Teodoro.
- "¿Y la mamita Gregoria?, ¿con quién se quedó?", preguntó Susanne.
- "Mi Gregoria fue llevada directamente a la habitación de la niña Elvira, para ayudar con la confección de su vestido", respondió don Teodoro.
- "Cierto, Lady Elvira se va a comprometer con un hombre importante, pero los señores no han dicho quien es, según dice para evitar la envidia de los nobles cercanos", expresó Susanne.
- "El conde de Salvatierra es el noble más importante de este territorio, cualquiera podría obtener más favores de la corona emparentando con él, según lo que he visto en estos años, emparentar con el noble correcto da más poder, aunque tengan que pactar con la escoria de la humanidad, ellos aplastan a cualquiera con obtener poder mi niña", manifestó el abuelo Teodoro.
Antes de que Susanne pudiera responder, el mayordomo apareció en la puerta.
- "Qué haces ahí sentado, has venido a ayudar en las reparaciones de los muebles, la ceremonia de compromiso de Lady Elvira debe ser la más apoteósica", increpó el mayordomo.
- "Disculpe por favor, mi abuelo solo quería saludarme", dijo Susanne.
- "En la noche, cuando vaya a descansar podría hacerlo, tú también apúrate muchacha que necesitas ir al mercado con la cocinera, ¡apuren, apuren!", ordenó el mayordomo.
Susanne suspiró. Solo alcanzó a dedicarle una sonrisa a su abuelo antes de volver a sus labores. Mientras obedecía, pensó que, cuando se casara con August, sus abuelos por fin podrían dejar atrás el agotamiento de tantos años de servicio en el condado de Salvatierra.
Las dos semanas pasaron rápidamente, y todos han tenido mucho trabajo, pese a eso Susanne está contenta de poder estar cerca de sus abuelos, sabe que poco después de la ceremonia de compromiso, deberán regresar al campo, a cuidar con los otros sirvientes las tierras de cultivo del conde de Salvatierra.
Susanne estaba recogiendo algunas hortalizas del pueblo, cuando escuchó el bullicio de carruajes y caballos acercándose, aunque su ropa estaba llena de tierra, al igual que su rostro, además tenía un gorro que cubría su cabello rojo.
Se acercó, al grupo de sirvientes que miraban curiosos, y vio bajar a August del primer carruaje, yendo rápidamente a abrir la puerta del otro carruaje, de donde bajó un señor muy elegante, de mirada dura, con una apariencia pulcra y bien cuidada.
- "Es el famoso duque de Restrepo, Lord Renato de la casa de los Hermosillo. Fue nombrado recientemente archiduque de Bellanova, desde que una de sus hijas se convirtió en nuera del rey. Se ha casado con el hijo menor de Su Majestad", dijo uno de los oficiales del conde de Salvatierra.
El corazón de Susanne comenzó a latir con fuerza desbocada. Una sonrisa temblorosa se dibujó en sus labios. En ese instante creyó comprenderlo todo: August había cumplido su promesa, había convencido a su padre y había regresado para buscarla y por fin casarse.
Sin importar, lo que dijeran los demás, ella solo pensó en correr para darle el encuentro a August; uno de los oficiales la detuvo, a unos metros.
- "¿Estás loca muchacha?, regresa a tu sitio y no molestes a los señores", increpó el oficial.
- "Es que señor no entiende, ellos vienen por...", replicó Susanne, con la voz quebrada por la emoción que no lograba contener.
- "Lord August, vino con su padre, a pedir la mano de Lady Elvira, y una muchacha sucia como tú no puede acercarse, ¿acaso no sabes tú lugar?", expresó el oficial, sujetando fuertemente el brazo de Susanne.
- "No es cierto", negó Susanne, no podía creer lo que estaba escuchando.
El oficial la empujó hacia atrás sin miramientos. Desde allí, con la vista nublada, Susanne alcanzó a ver a Lady Elvira del brazo de August, ambos sonrientes, cruzando juntos la entrada de la imponente residencia del conde de Salvatierra.
Sacudió la cabeza, como si así pudiera deshacer aquella visión. Durante semanas todos habían trabajado sin descanso en los preparativos del compromiso de Lady Elvira con un noble misterioso. Aun así, jamás imaginó que ese hombre sería August.
Aquel hombre que le había jurado amor eterno, Susanne sintió su corazón romperse, una lágrima recorrió su mejilla, y se dijo a sí misma que debía ser un error, debía acercarse a August, y no podía en ese momento porque los oficiales se lo impedirían. Susanne estaba decidida a descubrir la verdad.
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