Cindy, una chica alegre. Quien nunca duda en ayudar a nadie. Llega una carta dirigida a sus padres. Sin saber el porqué de ella. Los reúne y lee la carta. descubriendo que se trata de una propuesta de matrimonio. Decide omitir una cosa y esa es. La Posdata. Ya que ahí
Había una palabra. La cual decía así. La Comeré. Decida a no correr ese riesgo. Esconde la carta y Escapa. Creando así. Una enorme confusión. Tanto con quien la pretenden. Como con quienes ira conociendo en su camino.
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Capítulo III
Termino de ver la foto y siguió con su trabajo, revisar varias carpetas de los posibles candidatos a los puestos de Directivos vacantes. De algunas de las áreas más importantes. Tuvo que despedir a dos por las quejas de algunos empleados. A otros tres por descubrir durante una auditoria sorpresa. El desvío de miles de dólares. A sus cuentas bancarias e intentar sobornar al auditor. Siendo planeación, Diseño, Mercadeo, Contabilidad y recursos Humanos. Siendo algo nada fácil de hacer. Para alguien como él. Quien los veía. Trato en persona y pensó que eran buenas personas y pensaba seguir trabajando con ellos. Pero, sí había que hacer algo para seguir mejorando la empresa. Había que hacer lo que tenía que hacer. Aunque no lo disfrutará. Cosa que uno de los despedidos dijo mientras era sacado del lugar por la policía.
Llamo a su asistente. Este llego en pocos minutos. Hizo una pequeña inclinación en forma de respeto. Y hablo.
—¿para qué me necesita señor?
—¿Cómo van con las entrevistas?
—van bien señor, aunque preguntan por qué no es usted quien las hace.
—tú ya sabes la respuesta.
—sí. Yo les digo lo que usted me dijo que dijera. Aunque algunos parecen dudar al respecto.
—entiendo. ¿Cuándo se cumplirán los 10 días?
—muy pronto señor. No se desespere.
—quisiera no hacerlo. Pero, ahora que hablamos sobre eso. Siento más ganas de verla qué nunca.
—lo entiendo señor, pero, lo justo es que espere hasta que sea el indicado.
—Aaaah, qué horrible es la espera, ¿por qué no solo nos saltamos eso y vamos de una vez?
—lo entiendo muy bien señor, pero, tiene trabajo que hacer y es de suma importancia, hasta que termine con el trabajo. Puede hacer cualquier otra cosa. Como ir a verla por ejemplo. Tiene diez días para hacerlo. ¿Entiende?
—sí. Lo entiendo bien, perfectamente bien. —colocó una mano en su mentón y suspiro fuertemente.
Siguió con la revisión de las carpetas, mientras sus pensamientos se iban hacia otro lado. Específicamente. Con su querida amiga y futura esposa.
—¡Achí! ¿Quién estará hablando de mí? —limpiando su nariz. —¿dónde estoy? Este mapa no me dice nada. —sentada sobre una roca. —¿ya se habrán despertado? Espero que no, también espero que no entren a mi habitación.
(en la casa de sus padres)
—oye, Amor, ¿sabes dónde está Cindy?
—no lo sé querido, ¿Ya fuiste a su habitación?
—no, pero, ella siempre se levanta temprano y ya está haciendo los quehaceres de la mañana. Y hoy no hay nadie. ¿Estará enferma?
—¿tú crees?
—no lo sé. Mejor iré a su habitación, sí está enferma, tenemos que cuidarla. Tu habla con la señora wilner. Quizás tenga algo para las enfermedades que nos pueda dar.
—en seguida. ¿Y sí no estuviera enferma?
—sí no lo está, es que se le pagaron las sábanas, pero, creo que sería la primera vez que lo hace. Así que, lo dejaremos pasar esta vez. Mientras tanto. Iré a verla y tú ve con la señora wilner.
—Sí.
—bien. —se dirige a la habitación de Cindy. —hija ¿puedo pasar? —toca la puerta. —¿Hija? —no escucha nada. — ¡hija! —entra a la habitación. —¡hija! ¿Estás bien...? —no ve a Cindy en su cama. ¡Cindy! — sale de la habitación. —¡Cindy!
—¿qué pasa querido?
—es Cindy.
—¿Cindy? ¿Qué paso con ella? ¿¡Le paso algo!? —su mamá se veía alterada.
—no lo sé.
—¿¡no lo sabes!? ¿¡Cómo que no lo sabes!? ¡Nuestra hija está en problemas y tú no sabes nada!
—Tranquila mujer. Acabo de salir de su habitación y no está ahí. No encontré nada que nos diera una señal de donde está o donde fue. Todo está perfectamente ordenado, justo como ella suele tener su habitación.
—¿entonces?
—Eso es lo que estoy pensando, ¿qué paso mientras estábamos durmiendo? Si la hubieran secuestrado. Habría desorden aunque sea un poco. Pero todo está bien. Como sí ella misma se hubiera ido por su cuenta.
—¿en serio? ¿Estás diciendo que escapó de casa?
—bueno, no puedo asegurar nada, pero es lo más probable. No hay ni una carta de esas que mencionan en esos programas de misterio.
—¿por qué nuestra hija se escaparía?
—no lo sé todavía, pero sí se fue por su voluntad o no. Es lo que tenemos que descubrir.
—se habrá ido con el tipo que envió la carta. ¡Hay que ir con la policía!
—¿con la policía? ¿Para qué? ¿Acaso van a creernos?
—¡Tienen qué! Nuestra pequeña anda por ahí con un hombre al que no conocemos y apenas nos envió una carta que no puedo leer. por tonta.
— Yo no puedo leerla por las gafas. Sigue quebrada de la patita. Y usarlas así. Es más difícil. Mmm. Ahora que lo pienso. ¿Has visto la carta?
—no, Cindy la tenía. Creo que la guardo, pero no vi donde.
—Aaaah, entiendo, voy al mercado.
—¿al mercado?
—sí. Iré a preguntar sí alguien la a visto. Puede que alguien sepa algo.
—está bien. Voy a preparar el desayuno en lo que regresas.
—gracias. Me voy. —le da un beso en los labios.
—cuídate.
(en otra parte del pueblo)
—ay, está haciendo más calor, el sol me está pegando directo. No sé donde estoy. Pero, se siente más calor de lo habitual. —caminando por un lugar desolado. —no hay personas aquí. ¿Estaré en otro pueblo? Estúpido mapa, no me dice nada. Debí haberlo haberme comprado ese teléfono en oferta. Dicen que ya trae incluido uno y ese sí te dice dónde estás aunque no lo sepas.
Ella siguió el camino esperando encontrar algún lugar donde detenerse. Ya que por donde se encontraba. No había nada. En clases de geografía aprendió algunas cosas. Pero con el tiempo lo fue olvidando. Así que. Encontrar alguna forma de salir de ahí. Sin tener que caminar, parecía cada vez más lejana.
Camino por unas horas más. Hasta que logró divisar una pequeña tienda. Era pequeña pero lo suficientemente beneficiosa para alguien tan cansada como ella. Llego hasta ella. No había nadie. Vio todo ahí. Unas frutas. Golosinas y alguna que otra bebida. Entre ellas agua pura en botella. No podía sentirse más feliz. Tomo lo que pudo. Reviso sus bolsillos y... No tenía nada encima.
Recordó qué no había sacado sus ahorros de emergencia. Los cuales consiguió gracias a unos pequeños trabajos en el mercado. No era mucho. Pero era suficiente para alguna cosa necesaria o emergencia se decía a sí misma. Y sus padres lo sabían. Solo se tomaba algo de ese dinero para la comida. Y nada más. El resto seguía guardado en un lugar que solo ella conocía. Aunque en ese momento hubiera deseado tenerlo más cerca y no en ese lugar.
Gritó. Pensó en salir corriendo. Vio hacia todos lados y no había nadie. Decidida iba a hacerlo. Pero...
—¡alto ahí! ¿¡Te vas a ir sin pagar!? —una chica apareció. tenía una mirada seria. Y apuntandole con un rifle.