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VALLA DON PANCRACIO

VALLA DON PANCRACIO

Status: Terminada
Genre:Comedia / Completas
Popularitas:127
Nilai: 5
nombre de autor: Lohendy G

Divierte

NovelToon tiene autorización de Lohendy G para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Perdido entre humor y regaños

Don pancracio y don filemon perdidos en el bosque sus esposas pusieron la demandas para buscararlo

Dijo. Filemon ahora como regresaremos estamos perdidos

—No le avisamos a nuestras esposas? —preguntó con cautela, porque conocía bien el carácter Doña Filemona. Y Don pancracio dijo tranquilo como sea regresaremos

Y así, sin dejar nota, sin decir a dónde iban ni a qué hora volverían, los dos amigos echaron a caminar hacia lo profundo del bosque. Al principio todo fue maravilloso: recogieron flores silvestres, vieron pájaros de colores y se detuvieron a admirar el paisaje. Pero cuando quisieron regresar, se dieron cuenta de algo muy importante: no sabían por dónde habían venido. Los árboles parecían todos iguales, los senderos se cruzaban y se perdían, y el sol ya se estaba escondiendo detrás de las cumbres.

—Esto no se ve bien, Pancracio —dijo Don Filemón mirando a todos lados, con la voz un poco temblorosa—. Creo que nos hemos perdido de verdad.

—No te preocupes, amigo mío —respondió Don Pancracio, aunque él también estaba sudando frío—. Yo vi esto una vez en la televisión. Cuando uno se pierde, hace señales de humo. ¡Así nos encontrarán!

Sin pensarlo mucho, juntaron ramas secas, hojas viejas y todo lo que encontraron seco en el suelo. Don Pancracio sacó su caja de cerillas y, tras varios intentos, logró prender fuego. Pero como no sabía cómo hacer fuego limpio, lo que lograron fue una columna de humo espeso, negro y enorme, que subió al cielo como una nube de tormenta.

—Don filemon. Le pregunta a Don pancracio ¡Seguro que lo ven desde la capital!

_Confiemos le dicen don pancracio

Y efectivamente lo vieron. Lo que no contaban es que los bomberos del pueblo, al ver aquella humareda tan grande en medio del bosque, pensaron que era un incendio forestal. En pocos minutos se escucharon sirenas, voces y pasos corriendo entre los árboles.

—¡Por aquí! ¡Están vivos! —gritó un bombero al ver a dos figuras negras de hollín, tosiendo y saludando con las manos.

Cuando los rescatistas llegaron con la policia , se quedaron mirándolos sin saber si reír o enojarse. Don Pancracio y Don Filemón parecían dos muñecos de carbón: la cara sucia, la ropa hecha jirones, las manos negras y los bigotes llenos de ceniza los oficiales no sabian que esos hombre era que las dos esposas pusieron denuncia por la desaparición de sus marido . Estaban vivos, sí, pero también estaban muertos de hambre y muy avergonzados.

Los oficiales Los llevaron de regreso al pueblo, y allá, esperándolos junto al camino, estaban dos mujeres con los brazos cruzados y las miradas que podían partir piedras: Doña Candelaria y Doña Filemona.

—¡Ahí vienen! —gritó Doña Candelaria, dando un paso adelante—. ¡Miren nada más! Parecen que se revolcaron en un horno entero.

—¿Se puede saber dónde andaban? —le preguntó Doña Filemona, mirando a su marido con ojos de fuego—. ¡Todo el pueblo buscándolos! ¡Y ustedes tan tranquilos haciendo humo como si nada!

Don Pancracio intentó explicar:

—Amor mío, queríamos explorar el bosque... pero se nos perdió el camino... y hicimos señales...

—¡Se les perdió el camino y se les olvidó avisar! — Doña Candelaria, tomándolo de la oreja con firmeza—. ¡Ni una sola palabra! ¡Ni una nota! ¡Ni un aviso! ¡Nos tuvieron con el alma en un hilo todo el día!

—Y tú, Filemón —dijo su esposa tomándolo del brazo con fuerza—. ¡Déjate llevar por este hombre y mira cómo vuelves! ¡Sucio, flaco y sin decir ni una palabra! ¡A casa ahora mismo! ¡Y ni se te ocurra volver a salir sin avisarme!

Sin dejar que dijeran ni una palabra más, las dos mujeres tomaron a sus maridos de la mano —casi arrastrándolos— y los llevaron camino a casa. Iban los dos hombres cabizbajos, sucios, con hambre y sin atreverse a levantar la vista. Parecían dos niños que acababan de romper una ventana.

Mientras caminaban, Doña Candelaria miró a su alrededor y no vio a quien buscaba. Entonces le preguntó a su amiga:

—Oye, Filemona... ¿tú has visto a Doña Loli? Me extraña que no esté aquí ayudándonos a buscar. ¿Dónde andará esa amiga mía?

Doña Filemona soltó un bufido y respondió con voz cortante, sin mirarla:

—¿Todavía preguntas por esa amiga? ¡Esa amiga que no apareció por ningún lado mientras tú andabas corriendo de un lado a otro buscando a tu marido! ¡Esa amiga que no te ayudó en nada!

—¿Y dónde está entonces? —insistió Doña Candelaria extrañada.

—¡Pues anda paseando, muy tranquila y muy feliz! —le respondió Doña Filemona con tono de reproche—. ¡Se fue montada en el caballo con Don Basilio, el enemigo de pancracio de tu marido ! ¡Mientras tú aquí, preocupada y corriendo, ella allá disfrutando! ¡Esa es tu amiga!

Doña Candelaria se detuvo un instante, sorprendida por las palabras, y luego miró a Don Pancracio, y el que aprovechó para decirle muy bajito:

—¿Viste doña loli no esta aqui ? Se fue con ese basilioo que quiere ser dueño de todo

Doña Candelaria lo miró, luego soltó un suspiro largo y le dio un empujoncito suave.

—¡Cállate tú, que ya hablaremos en casa! —le dijo, aunque se le escapó una pequeña sonrisa—. ¡Y no se te ocurra volver a salir sin avisarme, porque la próxima vez te quedas sin cena!

Y así, entre regaños, polvo y hambre, llegaron todos a sus casas. Aquella noche, Don Pancracio comió lo que le sirvieron sin decir palabra, se lavó tres veces hasta que el agua salió limpia, y se quedó pensando en una sola cosa: la próxima vez que quiera hacer algo grande, primero avisará.

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