El destino los unió… pero no para salvarlos. Cuatro jóvenes, atados por cadenas invisibles, vivirán en un mundo donde la traición se respira y los reinos se arrebatan con sangre. La maldad intentará borrarlos. Ellos aprenderán a usarla. Porque en esta historia, la libertad tiene un precio… y no todos están dispuestos a pagarlo.
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LA RECONSTRUCCIÓN DE UN PRÍNCIPE.
...Reino de Norvak ...
La puerta de los aposentos de Erian, fue llamada.
—Príncipe Melgar… —dijo una voz desde afuera—. El médico solicita verlo.
Al parecer ya revelaron que el es el supuesto príncipe Melgar.
Erian estaba acostado en el suelo, se levantó y se mareó como siempre, espero a que el mareo se le pasara, para poder abrir la puerta, Erian ya llevaba siempre el cabello blanco,lo escogió asi, pues cree que es menos probable que Sorak lo reconozca cuando llegue el día de estar frente a frente .
Reynar le dio un anillo, con un hechizo, siempre que lo trajera puesto, su cabello y ojos serian blancos.
Se vistió y cuando salió lo condujeron por pasillos amplios del castillo hasta uno de los salones mejor iluminados.
Cuando entró se encontró con un hombre, mayor, el cual hizo una reverencia.
—Soy el galeno real —dijo—. Majestad, por favor, tome asiento.
Por alguna extraña razón Erian se puso nervioso.
El médico le revisó las muñecas, el cuello, los tobillos, revisó sus ojos y sus dientes.
Los gestos del hombre obviamente no reflejaban buenas noticias.
La reina entró.
— ¿Como esta?
— Majestad. — el médico hizo una reverencia ante la reina. — tenemos una desnutrición severa —murmuró—. La pérdida de masa muscular es demasiada, su cuerpo refleja una fatiga crónica, será un largo proceso. No podrá entrenar. No aún —continuó—. Ni combate, ni magia, ni estudios prolongados. Las comidas deberán ser pequeñas, pero muchas veces al día, trate de dormir lo más que pueda. Tambien deberá caminar solo lo necesario, parecen medidas extremas, pero esta situación en la que el príncipe se encuentra parece, es extrema.
Erian negó con la cabeza —No estoy enfermo.
El médico lo miró con calma.
—No, está vivo se de milagro majestad.
El médico se retiró, después de dejar a detalle las indicaciones es para los cuidados del príncipe.
Erian ya estaba sentado, con una manta sobre los hombros, sosteniendo una taza caliente que no había probado.
—Hoy no harás nada —le dijo—. Y eso es una orden.
—Lo se.
Una de las sirvientes terminó de servir una taza te para la reina y se retiró.
Aria lo miró con calma.
—Es normal que te sientas frustrado —dijo—. Pero solo será por un tiempo.
Aria se sentó a su lado y tomó su propia taza. Ella sonrió con suavidad.
— No vamos a borrar a nadie Erian.
Erian solto una débil sonrisa.— eso no me importa, yo ya no existo. Y es mejor así. — Bebió de la taza caliente.
A lo largo del día, todo estuvo organizado, la comida ligera llegaba a sus aposentos, cuatro o cinco veces al día. Al menos se distraía con los libros.
Tambien le asignaron un sirviente, Osten un joven casi de la edad, en una ocacion cuando Erian se había cansado de leer, comenzó a platicar con el.
— ¿Que es lo que te gusta hacer Osten?.
— Tengo varios pasatiempos alteza, cabalgar, la lectura y la pintura, y algunos más ociosos como, ir a beber y las apuestas.
Erian alzó las cejas.
— Disculpe majestad no debí decir eso. — Osten se tensó.
— No te preocupes, el juego de laminas parece divertido.
Erian recordó, cuando sus captores jugaban y apostaban, hasta solían pelearse en el juego.
Osten sonrió.
— ¿Nunca a jugado laminas alteza?
Erian negó con la cabeza. Eso no estaba en sus actividades como príncipe cuando vivía en su castillo.
— Es una pena por que es muy divertido. — Agregó el sirviente.
— ¿Que te parece si me enseñas? — Sugirió Erian.
— Si su alteza desea aprender, con gusto podría enseñarle.
Mandaron a pedir a uno de los sirvientes un mazo de laminas de la suerte y comenzaron. Osten le explicó las reglas con calma, Erian aprendió rápido.
Jugaron varias partidas y Erian comenzó ganar varias de ellas, se divertían, aunque no tanto como para que Erian sonriera.
— Muy bien excelencia, es un buen truco no revelar nada con la expresión facial.
Pero Erian no lo hacía a propósito, simplemente su rostro se había vuelto poco expresivo.
Continuaron jugándo, Erian le pidio a Osten que lo tuteara, el chico se desconcertó la, pero al ser una petición del principe, accedió.
Erian comenzó a ganar varias veces seguidas y comenzó a notar un patrón.
— Gane de nuevo. — dijo Erian.
— Se está volviendo bueno majestad. — Osten dejo caer su mano aceptando la derrota.
Erian notó que Osten tenía laminas buenas, si salía una carta más de esa misma, ganaba, y así fue, entonces por que no la tomó cuando salió.
— Osten...
— Dígame majestad.
— Me dejaste ganar.
Osten se avergonzó, pero decidio mentir.
— No claro que no majestad, usted es bastante bueno.
Erian lo observó, su mirada se volvio peligrosa y su voz se escuchó más grave.
— Vamos a dejar una cosa clara… Osten. — El chico se tensó ante el tono tan bajo del príncipe — No me mientas, no lo hagas, o al menos no por una tontería.— Osten agacho la mirada. — Somos humanos, todos mentimos, pero si vas hacerlo, entonces que valga la pena… — Osten se tensó en su silla. — Si me mientes o me traicionas… escúchalo bien, así sea por una simple partida de laminas, mandaré a que te corten la cabeza. — El chico trago saliva. Y los ojos, ahora blancos de Erian se tornaron diabólicos — ¿Quedó claro?
— Si Majestad — Logró decir Osten.
— Melgar
— Melgar. — Repitió el chico mientras mientras asentía con la cabeza . Pero se quedó en trance un momento.
— Bueno, reparte de nuevo, tu perdiste.
— ¿Ah? — Miro de nuevo a Erian — Si si claro.
Los días siguientes… En los pasillos, la gente murmuraba.
—Es él…
—El príncipe que creían muerto…
—Sobrevivió a la guerra…
Erian caminaba con la cabeza erguida si tenía que ser el principe Melgar, lo haría bien.
Por la tarde, Reynar lo mandó llamar a su pequeño estudio.
Erian tomó asiento.
—No espero nada de ti hoy —le dijo el rey.
Erian lo miró con dureza
— Aunque así lo deseara majestad no podría cumplir con sus exigencias.
Reynar asintió.
— Veamos si estas a la altura de Norvak.
La relación entre ellos era tensa, no se aceptaban del todo el uno a otro.
Al anochecer, lo llevaron de vuelta a su habitación.
Había comido más que en años… le costaba demasiado comer, apenas dos o tres bocados y ya sentía que no cabía la comida en su estómago, pero hacía el esfuerzo .
Para la hora de dormir se sentó en la cama y dudó un momento pero esta vez no bajó al suelo, se recostó con rigidez, los ojos abiertos, mirando el techo.
Todos creían que era el príncipe.
— Soy Melgar de Norvak — Murmurando en voz baja. — Soy Melgar de Norvak, Soy Melgar de Norvak.
Se quedó dormido con esa idea eñ la cabeza.
Pasaron los meses. Pero Erian no bajaba la guardia, no podia, lo intento, muchas veces es muchas noches. Confiar pero no podia.
Al principio, cada mañana despertaba sobresaltado. A veces con el corazón acelerado, aveces no dormía bien, siempre alerta.
Las pesadillas tambien llegaron.
— No los toques, DEJALOOOS.
Gritaba Erian.
Los sirvientes y guardias escuchaban, creían que era producto de la guerra.
Poco a poco fue ganado, fuerza y peso . Cuando despertó una mañana y no se mario al levantarse supo que había un progreso, aunque sus huesos seguían marcados.
Ese mismo día pudo comer un poco más, pudo terminarse un plato completo. Pero esa no era la única hambre despertando en el, el hambre de venganza se hacía más fuerte.
Comenzó con sus clases prolongadas fue lo primero que le permitiron hacer, aunque, él tomaba libros sin permiso para leer. Estudiaba la Historia de Norvak, Leyes de los reinos, la Diplomacia, Lenguas antiguas, etc.
Erian aprendía rápido. Pero Erian había nacido principe, sabía lo que era esa vida y antes de que todo cambiara ya había sido criado para ser rey.
Le explicaron cómo funcionaban los tronos, la sangre antigua, los vínculos perdidos. Len resultaba familiar, Erian escuchaba con atención, se ganaba a los maestros por que aprendía rápido, hacia preguntas inteligentes, y no hablaba de más. Pero No sentía añoranza por la magia. No como los demás. ¿Y por que? Eso era algo que debia descubrir.
Se preguntaba, si todas esas reglas existían ¿como es posible que el trono que le perteneció por generaciones a su familia, desde lo que parecia el inicio de los tiempos, aceptó a alguien más en el trono?
O tal vez vivían engañados, y todo eso se inventó para evitar que otros quisieran tomar el trono o evitar rebeliones de los súbditos.
Aria lo observaba desde lejos. Tenían conversaciones casuales, pero ella notó que ya no quedaba mucho de aquel chico que conoció en aquella carreta, pero no lo culpaba, ella tampoco era la misma.
Aveces tenían conversaciones casuales cuando se encontraban por los pasillos.
Pero Erian sin duda Era frío, y la reina tampoco exigía, le daba sus espacio.
Meses después, el cuerpo de Erian dejó de ser solo hueso y cansancio. No era fuerte, pero comenzó a tener una vida más “normal”. El peligro y la situación extrema, había pasado.
El médico fue el primero en dar la autorización, aunque lo hizo con advertencias claras y una mirada severa.
—Entrenamiento ligero majestad—dijo—. Nada de magia. —
“Como si pudiera” pensó Erian.
— Nada de combates reales. Si fuerzas el cuerpo, retrocederemos.
Erian asintió.
Se levantó al siguiente día temprano.
El instructor lo observó de arriba abajo.
—Empezaremos con calma.
Le entregaron un arma de madera.
Era más pesada de lo que recordaba.
Erian cerró los dedos alrededor del mango y, por un segundo, su mente se fue a otro lugar.
“—Tengo que ser el mejor para proteger a mi rey —resonó la voz de su hermano en su memoria.
Erian cerró los ojos con fuerza.
—No esperaba menos de mi hermano.”
El recuerdo lo golpeó por dentro. La furia creció en su pecho, apretándole la garganta.
Apretó la mandíbula. Le ordenaron levantar el arma y se molestó tanto, por no poder siquiera levantar un arma de madera.
—Respire Majestad —ordenó el instructor.
Erian respiró.
Uno.
Dos.
Tres.
Logró hace el movimiento, despacio pero controlado una y otra vez.
La madera le pareció tan pesada que se preguntó cómo no se habia quebrado antes con los trabajos tan inhumanos que hacía.
Cuando el arma cayó al suelo y sus manos se abrieron por el cansancio, Permaneció de pie, respirando con dificultad.
Cada entrenamiento, cada cosa que hacía, la hacía pensando en su familia. En todo lo que le fue arrebatado.
El instructor asintió.
—Bien. Por hoy es suficiente.
Erian miró sus brazos y le temblaban. Pero no iba a renunciar, había cargado cosas más pesadas y una simple arma no lo iba detener ahora.
Pasaron los días.
No solo Aria lo observaba desde lejos.
También Reynar.
—Majestad —Dohr hizo una reverencia—. Su hijo ha progresado mucho.
Ambos miraban a Erian en el patio de combate. Ya no solo levantaba la espada: atacaba y se cubría, avanzaba y retrocedía en una secuencia de movimientos que, aunque ensayados, comenzaban a sentirse reales. Y era eveidente la furia en los movimientos de Erian, tanto asi, que el instructor le pedía calma.
—Debe estar muy orgulloso —añadió uno de los maestros encargado de su formación—. A pesar de lo que vivió, ha sabido sobreponerse. Los demás instructores coinciden: tiene la sangre de un rey digno. Hace mucho que no veíamos tanta entereza en un alumno. — Dhor sonrió, sincero. —Me honra que me haya confiado esta tarea. Si sigue así, será recordado como uno de los mejores reyes que haya tenido el reino.
Reynar no respondió.
Observó a Erian un segundo más, con la postura firme, tan concentrado. La manera en que no bajaba la guardia ni siquiera al retroceder.
Luego, sin decir una sola palabra, dio media vuelta y abandonó el salón.
Dohr quedó inmóvil, desconcertado.
—¿Majestad…?
Pero Reynar ya se había ido.
El entrenamiento había terminado.
Erian se retiró del patio con el cuerpo cansado y la respiración aún agitada. El sudor le corría por la sien cuando una voz conocida lo llamó desde la galería.
—Erian.
Se detuvo de inmediato.
Giró la cabeza y vio a Aria acercarse con paso tranquilo y una sonrisa breve en el rostro.
—Lo hiciste bien hoy —dijo—. Has mejorado mucho.
Erian asintió.
—Gracias.
Por un segundo olvidó dónde estaba. Quién se suponía que era.
—Erian… —repitió ella, con naturalidad—. Descansa esta tarde. No quiero que fuerces el cuerpo.
El aire cambió.
—Melgar.
Se escuchó detras de ellos.
Ambos se giraron.
El rey estaba de pie a unos metros, con el rostro inexpresivo y los ojos fijos en Aria.
—Su nombre es Melgar —repitió—. No Erian.
Aria frunció el ceño.
—Reynar, solo fue—
—No fue “solo” nada —la interrumpió—. Los nombres importan mas de lo que crees. ¿O que hubiese pasado de no haber sido yo quien los escuchara? dime
Erian sintió el golpe en el pecho.
No dijo nada. Bajó la mirada por reflejo, aunque se obligó a levantarla casi de inmediato.
—Majestad —dijo, con respeto—.
— No estoy hablando contigo — Lo interrumpió Reynar. —Ese nombre ya no existe —respondió con frialdad—. Aquí no eres ese muchacho. Aquí eres MI hijo.
Erian apretó los puños.
—Con todo respeto —dijo, conteniendo la voz—, no necesito que me lo recuerde, se muy bien quien soy ahora.
El silencio se volvió espeso.
Aria miró a Reynar, sorprendida.
—Reynar…
—Retírate —ordenó él, sin apartar la vista de Erian—. Ambos.
Aria quiso decir algo más, pero se contuvo. Se acercó a Erian y le tocó el brazo con suavidad.
—Ven —murmuró—. No es el momento.
Erian obedeció.
Al alejarse, sintió la mirada del rey clavada en su espalda. No era desprecio.
Era algo peor.
Ira contenida… mezclada con miedo.
Cuando quedaron solos, Aria habló en voz baja.
—No hiciste nada mal.
Erian respiró hondo.
—Entonces, ¿por qué me mira así?
Aria no respondió.