Kael, el rey de los lobos, huye de un destino impuesto… pero no puede escapar de su propia oscuridad.
En el mundo humano conoce a Lía, la única capaz de activar un vínculo prohibido por la diosa de la luna.
Cuando la sombra del pasado, el consejo y una guerra ancestral los persiguen, el amor se vuelve una amenaza.
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CAPÍTULO 8: LA ELEGIDA DE LA LUNA
La lluvia no se detenía. Caía con fuerza.
Constante. Como si el cielo estuviera descargando algo más que agua sobre la ciudad. Las gotas golpeaban el suelo, el metal, los autos… y también la piel de Lía.
Frías.
Reales.
Pero nada de eso lograba hacerla reaccionar.
Porque su mente seguía atrapada en una sola frase.
Una que no dejaba de repetirse.
—La luna ya eligió a la reina.
Lía no se movió.
No respiró bien.
No pensó con claridad.
Solo miró.
A Selene.
De pie frente a ella.
Intacta.
Perfecta.
Como si el caos no la tocara.
Como si la sangre en el suelo no significara nada.
Como si todo lo que acababa de pasar… fuera parte de un plan.
Selene sonrió.
Lento.
Seguro.
Como alguien que ya sabía el final de la historia.
—La luna ya eligió a la reina —repitió.
Pero esta vez…lo dijo mirando directo a Lía.
Y eso lo cambió todo.
Lía frunció el ceño.
—¿De qué estás hablando?
Pero su voz no tenía la misma fuerza de antes.
Porque algo dentro de ella…ya sospechaba la respuesta.
Kael se movió.
Se colocó frente a ella.
Protegiéndola.
Como siempre.
—No le digas nada.
Selene soltó una risa suave.
Casi divertida.
—¿De verdad crees que todavía puedes ocultarlo?
Sus ojos brillaron.
Pero no con calidez.
Con algo más frío.
Más antiguo.
—Esto ya no depende de ti, Kael.
Lía miró a Kael.
—Quiero saber.
No gritó.
No tembló.
Pero esta vez no iba a retroceder.
—Quiero entender qué está pasando conmigo.
Kael no respondió.
Y ese silencio…dolió más que cualquier verdad.
Selene aprovechó.
Avanzó un paso.
—Porque en el momento en que esa marca apareció…
Su mirada bajó hacia la clavícula de Lía.
—dejaste de ser humana.
El mundo se tensó.
Lía sintió el impacto de esas palabras.
Físico.
Real.
Como si algo dentro de ella se negara a aceptarlo.
Llevó la mano a su piel.
Justo donde estaba la marca.
La media luna.
Caliente.
Como si estuviera viva.
—La marca… —susurró.
Selene asintió.
—No es un símbolo romántico.
Su voz cambió.
Se volvió más seria.
Más peligrosa.
—Es una declaración de poder.
Lía la miró.
Confundida.
Asustada.
Pero también… firme.
—Explícate.
Selene inclinó la cabeza ligeramente.
Como si evaluara si valía la pena.
Y luego habló.
—Cuando la diosa de la luna elige a la compañera de un Alfa Rey…
Pausa.
—No elige solo una pareja.
Sus ojos se clavaron en los de Lía.
—Elige a la mujer que gobernará junto a él.
El silencio fue absoluto.
Ni la lluvia pareció sonar por un segundo.
—La futura reina de todas las manadas.
Lía sintió que el aire desaparecía.
Giró hacia Kael.
—Dime que no es cierto.
Kael no respondió.
No podía.
Porque lo era.
Selene sonrió.
—Así que no te lo dijo.
Lía retrocedió.
Un paso.
Luego otro.
Su mente intentaba ordenar todo.
Los ataques.
Las miradas.
La protección de Kael.
La marca.
La palabra “destinada”.
Todo encajaba.
Y eso era lo peor.
—No… esto no puede ser real…
Selene la observó.
Ya no con desprecio.
Con interés.
—Para ti no.
Para nosotros…es ley.
Kael avanzó.
—Basta.
Pero Selene ya no iba a detenerse.
No ahora.
—Si tú existes…
Miró a Lía.
—yo dejo de existir.
El aire se volvió más pesado.
Más peligroso.
Lía frunció el ceño.
—¿Qué significa eso?
Selene dio un paso más.
La lluvia brillaba sobre su piel.
Pero su mirada…era puro hielo.
—Significa que yo fui criada para ese trono.
Pausa.
—Y tú apareciste de la nada…
Su voz bajó.
Más venenosa.
—para quitármelo.
Antes de que Lía pudiera reaccionar—
Selene se movió.
Rápido.
Preciso.
Letal.
Su mano se cerró alrededor del cuello de Lía.
La levantó apenas.
Suficiente para cortarle el aire.
—¡—!
Lía intentó respirar.
Pero no podía.
Sus manos buscaron soltarse.
Inútil.
La fuerza de Selene era abrumadora.
—Mírate —susurró Selene cerca de su rostro—. Ni siquiera sabes lo que eres.
Kael apareció.
Violento.
Inmediato.
Sujetó a Selene por la muñeca.
La apartó con fuerza.
—¡No la toques!
Selene retrocedió.
Solo un paso.
Pero sonrió.
—Mírate.
Señaló a Kael.
—Nunca te había visto así.
Kael no respondió.
Pero su cuerpo estaba tenso.
Listo para destruir.
Selene respiró hondo.
Y por primera vez…pareció realmente seria.
—El consejo ya sabe.
Miró a Lía.
—Van a venir por ti.
Lía tragó saliva.
—¿Para qué?
Selene inclinó la cabeza.
—Para decidir si eres digna de vivir.
Silencio.
—…o si es mejor eliminarte antes de que el vínculo se complete.
El corazón de Lía se detuvo.
Kael tomó su mano.
Firme.
—Nos vamos.
Y esta vez…
Lía no discutió.
Corrieron.
La lluvia golpeando sus cuerpos.
El frío ya no importaba.
El miedo sí.
Doblaron una esquina.
Luego otra.
Calles vacías.
Luces borrosas.
Todo se sentía irreal.
—¡Kael, espera!
Él no se detuvo.
La guió.
Directo.
Sin dudar.
Hasta un edificio antiguo.
Ladrillo rojo.
Oscuro.
Olvidado.
Subieron por una escalera metálica exterior.
Entraron por una puerta lateral.
El interior era amplio.
Vacío.
Un viejo loft industrial.
Ventanas altas.
Sombras largas.
Silencio.
Kael cerró la puerta.
Aseguró.
Respiró.
Y por primera vez…parecía preocupado.
De verdad.
Lía lo miró.
—Ya no me ocultes nada.
Kael giró.
Sus ojos dorados se clavaron en los de ella.
—Lo que dijo es verdad.
Lía sintió el golpe.
Directo.
—Entonces… ¿soy esa reina?
Kael dio un paso.
Luego otro.
Acercándose.
—Eres más que eso.
Su voz bajó.
—Eres el equilibrio del poder.
Lía frunció el ceño.
—No entiendo.
Kael sostuvo su mirada.
—Si te aceptan…
Pausa.
—el consejo pierde el control.
Silencio.
—Y si te rechazan…
Su voz se volvió más oscura.
—van a intentar matarte.
El aire se volvió pesado.
Real.
Irreversible.
Lía lo miró.
Por primera vez…no como amenaza.
Sino como verdad.
—Entonces estoy atrapada.
Kael negó.
—No.
Se acercó más.
Muy cerca.
—Tienes una elección.
Lía lo miró.
—¿Cuál?
Kael no dudó.
—Irte ahora.
Pausa.
—O quedarte conmigo.
El tiempo se detuvo.
Porque esa ya no era una decisión de supervivencia.
Era una decisión de vida.
De destino.
De guerra.
Lía respiró hondo.
Su mente gritaba que huyera.
Que corriera.
Que esto no era su mundo.
Pero su cuerpo…no se movía.
Su mirada no se apartaba de él.
—Si me voy…dijo lentamente
—¿dejarán de perseguirme?
Kael no respondió.
Y eso fue suficiente.
Lía cerró los ojos un segundo.
Y decidió.
—Entonces me quedo.
Silencio.
Pero no uno cualquiera.
Uno que cambia todo.
Kael la miró.
Algo en su expresión se suavizó.
Apenas.
Pero estaba ahí.
—Entonces no te voy a fallar.
Y en ese instante—
Una alarma explotó en el edificio.
Fuerte.
Aguda.
Insoportable.
Luces rojas comenzaron a parpadear.
Kael giró.
Alerta.
Tenso.
—Nos encontraron.
Y esta vez…no había dónde esconderse.