Xie Lin desde pequeña fue educada para ser una dama, una buena esposa y madre. Pero ella tenía otros intereses y en secreto entrenaba su cuerpo para el combate y el uso de la espada. Su vida cambia cuando es elegida para ser la consorte del príncipe heredero y al saber que este, ama a otra mujer, le propone un trato: si ella logra entrar a las fuerzas militares y volverse general, él la dejará libre de ese matrimonio.
Pero, obligada a tener un hijo, ella cumple, con la promesa de que, unirse a las tropas del emperador y cuando la guerra inicia, ella logra su objetivo con grandes méritos, pero, el príncipe heredero, ahora emperador, no la quiere dejar ir.
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Capitulo 11.
Los siguientes dos días fueron un torbellino de preparativos militares. Lin estaba en su elemento: revisando provisiones, firmando órdenes de marcha y trazando rutas. Había un alivio brutal en la tarea; la estrategia era limpia, a diferencia de las turbias maquinaciones de la corte.
La noche antes de su partida, mientras repasaba el último inventario de armas en su estudio del Palacio Cerezo, el Capitán Mei, su mano derecha y el hombre más leal que conocía, entró con un pergamino sellado en la mano.
—General —dijo Mei, su tono más bajo de lo usual—Esto acaba de llegar por el canal de mensajería rápida, marcado como "Solo para la General en Jefe". El sello es del Coronel Gao, del puesto de vigilancia en la frontera.
Lin abrió el pergamino y desplegó el mapa adjunto. Coronel Gao era un oficial de campo confiable, no dado al pánico. Leyó la carta rápidamente, y la serenidad que había mantenido durante días se desvaneció.
—Capitán, ¿cuál es la fecha de este informe? —preguntó Lin, su voz aguda.
—Hace apenas cuarenta y ocho horas, General. El mensajero usó tres caballos.
Lin golpeó la mesa con el puño. El Coronel Gao informaba que las tribus nómadas del Norte, usualmente divididas y neutras ante la guerra, se habían unificado bajo un nuevo caudillo, el Khan del Hielo. Este Khan, no solo había forzado la retirada del puesto de vigilancia de la frontera, sino que se estaba moviendo con una fuerza militar que triplicaba las estimaciones de la corte.
—Los generales Wei y el resto del alto mando subestimaron esto —murmuró Lin, señalando la ruta de invasión—no se trata de reforzar la vigilancia. Se trata de detener una invasión a gran escala que busca romper la muralla exterior antes de que caigan las primeras nevadas.
Mei se inclinó para ver el mapa.
—¿Cree que usen el Paso de la Serpiente, para avanzar más rápido hacía aquí, General?
—El Khan del Hielo no es estúpido. El Paso de la Serpiente es la ruta más rápida a las tierras bajas imperiales —dijo Lin, trazando una línea rápida con el dedo—Si los refuerzos que el Emperador me ordenó enviar van por la ruta principal, llegarán en una semana. Pero si vamos a detener al Khan, debemos ir directamente al Paso de la Serpiente y mantenerlo a toda costa.
Lin enrolló el pergamino y guardó el mapa. Su expresión mostraba determinación.
—Cambie las órdenes de marcha, Capitán. El General Wei recibirá las órdenes de continuar con el plan de la corte, para mantener la fachada. Pero mi compañía y yo, solo cien hombres, nos separaremos de la vanguardia antes del anochecer del primer día. Iremos a toda velocidad, sin parar, a interceptar al Khan en el Paso de la Serpiente.—
Mei dudó, la preocupación palpable en su voz.
—General, cien hombres contra un ejército unificado es... un suicidio. Debería informar al Emperador Xen de inmediato.
—Lo haré. Pero, esta misión debe mantenerse con la mas posible discreción, no sabemos si ese Khan del hielo no tiene espías en el palacio, si ha logrado crear un ejército, significa que no es cualquier delincuente queriendo aspirar a más.— explicó Lin.
Lin se colocó su armadura ligera, el sonido de las placas de acero cerrándose era familiar y reconfortante.
—Esta es una decisión de vida o muerte para el Imperio, Capitán. Si perdemos el Paso de la Serpiente, la guerra estará en nuestras puertas.—
—Pero General, si va sola con solo cien hombres, ¿qué hay del divorcio? ¿Qué hay de Jian?—
Lin se detuvo, su mirada se endureció.
—El destino del Príncipe Jian y mi libertad no importan si el Imperio cae. Si regreso, ganaré mi libertad y a mi hijo. Si muero... moriré sabiendo que mi hijo estará a salvo, se que el Emperador lo protegerá. Ahora, vaya. Necesitamos montar al amanecer. Y ni una palabra de este informe a nadie más.—
—Sí, General —respondió Mei, haciendo una reverencia profunda.
Lin se quedó sola, con el pergamino en la mano. La jugada ya no era política; era supervivencia. En tres días, ella, con solo cien guerreros, estaría parada entre el Imperio y la oleada nómada.
Ojalá Lin no lo de por muerto o le dará más adelante una sorpresa /Grievance/
ya estoy intrigada