—¡Qué fastidio de historia! ¿Por qué dejarían morir al villano de esa forma? —fueron mis últimas palabras antes de tragar un puñado de palomitas… y atragantarme con una de ellas.
Cuando abrí los ojos, ya no estaba en mi sala, sino en el cuerpo del antagonista de esa misma historia. Un personaje destinado a morir antes incluso que el villano.
Ahora tengo una sola misión: sobrevivir.
Y si para lograrlo debo cambiar el destino, enamorar al villano no suena tan mala idea…
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COMPETENCIA
Ver el rostro deformado de Viviana por la victoria de Nicolás delante de todos le provocaba una risa silenciosa, una satisfacción cálida que no solía permitirse sentir. Después de tantos años agachando la cabeza, defenderse—aunque fuera de manera inteligente—le daba una sensación extraña… como si finalmente estuviera caminando hacia la persona que siempre debió ser.
Rafael, sin embargo, lo observaba con un ceño preocupado.
—¿Nico, seguro estás bien con no denunciar? —preguntó el alfa, tocándole suavemente la mano bajo el pupitre—. No quiero que cargues con cosas solo por evitar problemas.
—Estoy bien —respondió Nicolás con calma—. No quiero lidiar con todo lo que podría desatarse si lo hago.
Pero Rafael escuchó lo que nadie más podía escuchar.
{No me interesa lidiar con eso… Hace un año comencé terapia por lo que me hicieron esos chicos. Ya no tengo pesadillas. No quiero volver a abrir heridas.}
El alfa sintió una presión en el pecho; una mezcla de tristeza y cariño profundo. Lo miró con un brillo suave en los ojos.
—Si necesitas algo —dijo con voz baja, casi ronca—, estoy siempre disponible. Siempre se necesita un hombro donde llorar… y el tuyo, si quieres, puede ser el mío.
Nicolás lo miró sorprendido primero y luego enternecido. Ese Rafael que veía ahora era distinto al alfa brusco de los primeros capítulos de la historia original. Este Rafael era… suyo. O al menos lo parecía.
—Lo sé —respondió—. Si necesito platicar, te lo prometo… te buscaré.
Las clases continuaron, pero no en paz. No para Nicolás. A cada paso que daba sentía que las miradas se le adherían a la piel; algunas curiosas, otras maliciosas, otras simplemente confundidas. No sabía si lo veían como “el chico humilde”, “el prometido de Rafael”, “el que humilló a Viviana” o “el intrépido y nuevo Nicolás”.
Ninguna opción le agradaba.
En medio del murmullo, el profesor entró y el silencio cayó como una manta.
—Muy bien, alumnos —dijo mientras dejaba unos documentos sobre su escritorio—. Como saben, el año pasado quedamos en tercer lugar en la competencia de talentos. Debido a que tenemos un nuevo integrante, pensé en dejar pasar la competencia… pero este año estará presente la Directora de Educación. ¿Alguien quiere ofrecerse para participar?
Una de las compañeras de Nicolás levantó la mano.
—Profesor, ¿y si votamos por quién nos representará?
El profesor negó con una sonrisa paciente.
—Me temo que no será posible. El tema de este año es si o si baile, así que participará quien verdaderamente quiera hacerlo.
La amiga de Viviana, como si ya lo tuviera ensayado, habló con voz dulce.
—Profesor, yo creo que debería participar Viviana. Estuvo a nada de ganar la vez pasada…
—Yo nomino a Nicolás —dijo Rafael sin pensarlo.
El aula entera se congeló.
Los ojos se clavaron en Nicolás, quien casi se atragantó de la impresión.
El profesor carraspeó.
—Chicos, les dije que cualquiera puede participar. No es necesario nominar. —Pero la campana sonó interrumpiéndolo—. En fin… aquí dejo los formularios. Los que vayan a participar deben traer el permiso firmado por sus padres, para que estén enterados de la competencia, ¿Entendido?
—Sí, profesor —respondieron todos.
La clase se vació en segundos. Nicolás y Rafael quedaron rezagados junto a los formularios.
—Rafael… ¿por qué dijiste eso? —preguntó Nicolás, en un susurro entre tímido y apenado.
Rafael sacó su teléfono.
—Antes de venirnos —explicó—, tu tío me mandó este video.
Al reproducirlo, Nicolás vio a su versión de siete años: un pequeño niño vestido de blanco, danzando con pasos delicados y un salto elegante que arrancó aplausos del público.
Él sintió que la vergüenza lo asfixiaba.
—Pero eso fue un recital de niños —susurró Nicolás—. Esto es otra cosa. Además… dejé de practicar hace mucho. No sé si aún puedo bailarlo.
—Lo que se aprende bien nunca se olvida —dijo Rafael con una sonrisa suave—. Y tú tienes talento, Nicolás. Yo lo veo. Solo necesitas… intentarlo.
El omega lo miró con el corazón latiéndole rápido. Había algo en la forma en que Rafael lo sostenía con la mirada que hacía que sus defensas se derritieran.
Suspiró.
—Está bien… lo haré. Pero con una condición.
—La que tú quieras —respondió el alfa sin dudar.
—Que seas mi pareja de baile —dijo Nicolás cruzándose de brazos, fingiendo dureza—. Si te echas para atrás, me retiro.
Rafael sonrió como si acabara de ganar una guerra.
—Trato hecho.
Desde el fondo del salón, alguien apretó los dientes con tanto odio que casi pudo escucharse.
Viviana.
El rencor aún le ardía bajo la piel desde aquella mañana. Ver a Nicolás y Rafael compartir miradas, sonrisas discretas y un lenguaje corporal tan íntimo… la hacía hervir de frustración.
Se levantó bruscamente.
El sonido de sus tacones resonó contra el piso al caminar hacia Alan. Él la observó con entusiasmo, como siempre. Como si fuera perfecta. Como si fuera brillante.
Ella necesitaba ese tipo de atención ahora más que nunca.
—Alan —dijo bajando la voz, intentando sonar tierna—, ¿serías mi compañero en la competencia?
El beta se iluminó como un niño pequeño.
—Por ti, lo que sea.
Viviana sonrió con suficiencia, pero por dentro había un tornado de frustración.
El sistema ya no estaba.
Los objetos que tenía… habían desaparecido.
Los “bonos” de encanto y habilidad ya no funcionaban.
Y sin eso, su presencia no era más que la de una chica bonita y molesta.
¿Cómo se supone que iba a derrotar a Nicolás ahora?
Pero Viviana no lo escuchaba realmente. No lo veía. Su mente estaba ocupada en una sola idea:
Destruir la imagen de Nicolás.
Y, por otro lado, le resultaba inquietante algo más:
En la historia original, esto no estaba escrito.
Ni esta competencia.
Ni estas reacciones.
Ni este crecimiento.
Era como si el mundo… se estuviera reescribiendo.
Como si Nicolás ya no fuera un personaje secundario.
Como si estuviera tomando el lugar del protagonista.
Miró de nuevo hacia la pareja. Rafael tocaba suavemente la mejilla del omega, acomodándole un mechón rebelde. Nicolás sonreía con timidez mientras discutían qué estilo de baile podrían intentar.
“Ridículos”, pensó Viviana con un nudo tóxico en el pecho.
Ridículos… pero peligrosos para ella.
La historia ya no era suya.
Y eso no podía permitirlo.
—Voy a acabar contigo así me llevé a cuesta tuya a ese tonto contigo, los destruiré cueste lo que cueste— murmuró para sí misma.
Todos se alegraron de saber que ambos tanto Viviana como Nicolás participarían en la competencia, tendrían más oportunidades de ganar, a pesar de ello no eran los únicos que participarían en la competencia.
—Esta es mi oportunidad— dijo una chica a su amiga.
—No solo deben participar Nicolás y Viviana si participamos nosotras también podemos ganar.