Meghan Whitmore, hija del recién electo presidente de Estados Unidos y brillante abogada, siempre ha vivido entre poder y estrategia. Desde la muerte de su madre y su hermano, ella se convirtió en el mayor apoyo de su padre... y en su punto más vulnerable.
Cuando una amenaza logra infiltrarse en la Casa Blanca, su seguridad se refuerza con un nuevo jefe de protección: el capitán Ethan Cole, un militar frío y disciplinado que solo cree en el deber. Lo que comienza como una misión profesional pronto se convierte en una tensión imposible de ignorar.
Pero mientras las amenazas se vuelven más personales y secretos del pasado salen a la luz, Meghan y Ethan descubrirán que el mayor riesgo no está en los enemigos externos... sino en cuando los sentimientos comienzan a ganar terreno y todo el país los está observando.
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Capitulo 10
LÍNEAS CLARAS -
Ethan Cole
Estoy abajo del estrado, en el lateral derecho.
Vista completa del salón.
Tres accesos visibles.
Dos puntos potencialmente vulnerables.
Prensa organizada en filas.
Micrófonos alineados como armas modernas.
El murmullo es constante, pero controlado.
Miro a los periodistas, a los camarógrafos, a los asesores que caminan con prisa fingidamente discreta. Todo está medido.
Luego la veo a ella.
Meghan está sentada a un costado del podio principal, esperando su turno. Traje negro perfectamente entallado. Cabello recogido en una cola alta que deja su rostro despejado. Maquillaje sutil.
Se ve serena.
Demasiado serena.
Como si la presión fuera un accesorio más.
-Cinco a que uno de esos reporteros intenta acorralarla con algo sobre Canadá -murmura Harris a mi lado, sin dejar de mirar al frente.
-Diez a que lo hace el del fondo, tercera fila, corbata azul -respondo bajo.
Harris sonríe apenas.
-¿Apostamos?
-El primero que se ría pierde cien dólares.
-Hecho.
Nos cruzamos una mirada rápida, casi imperceptible para cualquiera más.
Volvemos al frente justo cuando anuncian su nombre.
Meghan se levanta.
Silencio inmediato.
Harris susurra:
-No te rías.
-No empieces.
Ella camina hasta el podio con paso firme. No hay prisa. No hay duda.
Yo dejo de escuchar a Harris.
Me concentro en ella.
-Buenas tardes -dice, voz clara, segura-. Gracias por acompañarnos hoy.
Habla con calma. Explica la reforma con estructura, estrategia, cifras concretas. No lee demasiado. Mira a la audiencia. Mantiene contacto visual.
No improvisa.
Tampoco se esconde.
Un periodista levanta la mano.
Corbata azul.
Harris me da un leve codazo.
-No -le advierto entre dientes.
-Señorita Whitmore -dice el periodista-, ¿no cree que esta reforma es simplemente una extensión de la agenda de su padre para consolidar poder?
Silencio expectante.
Ella no parpadea.
-Creo que esta reforma es una respuesta técnica a una necesidad económica concreta -responde con amabilidad impecable-. Si mi padre apoya políticas que fortalecen transparencia y crecimiento, eso no es consolidación de poder, es gobernar.
Otro periodista interviene.
-¿Está usted actuando como portavoz informal del presidente?
-Estoy actuando como parte de un equipo que trabaja por el país -contesta-. Y hoy estoy aquí como responsable directa del proyecto.
Sin titubeos.
Sin elevar la voz.
Sin perder elegancia.
Harris murmura:
-Cien dólares menos en tu cuenta si sonríes.
Ignoro el comentario.
La observo responder cada intento de intimidación con precisión quirúrgica. No evade, no ataca. Redirige.
Es estratégica.
Y eso... no lo esperaba así.
Cuando termina, los aplausos son contenidos pero sinceros.
Regresa a su asiento.
Yo exhalo sin darme cuenta.
-Te dije que lo manejaría -dice Harris en voz baja, divertido.
-No estaba dudando.
-Claro que sí.
Lo ignoro.
El presidente sube ahora al podio.
Mientras él habla, me inclino levemente hacia Harris.
-¿Por qué anoche llevó postres?
Harris sonríe.
-Ah. Ya los descubriste.
-No respondas con preguntas.
-Cada quince días hace eso. Para todos los guardias del turno interno.
-¿Todos?
-Todos.
-¿Desde cuándo?
-Desde antes de que tú llegaras.
Observo a Meghan a la distancia. Está escuchando a su padre, manos entrelazadas, expresión atenta.
-Es costumbre -continúa Harris-. Dice que es su forma de agradecer que la cuidemos.
No digo nada.
Recuerdo el pasillo.
La mesa pequeña.
La caja con mi nombre escrito con letra clara.
Algo dentro de mí se había... movido.
No debería importarme.
Pero importó.
Hasta que abrí la caja.
Nueces.
Perfectas y visibles nueces trituradas encima.
Soy alérgico desde los ocho años.
El destino tiene sentido del humor.
-No puedo comerlo -digo finalmente.
-¿Por qué? -pregunta Harris, sorprendido.
-Alergia.
Sus ojos se iluminan.
-¿En serio?
-Muy en serio.
-¿Severo?
-Lo suficiente.
Harris intenta contener la sonrisa.
-Qué tragedia.
Lo miro.
-¿Lo quieres?
No termina de disimular la emoción.
-¿Estás seguro?
-Totalmente.
-Eres un héroe incomprendido, Cole.
-No exageres.
-No lo haré.
- Cuando lleguemos a la casa blanca te los doy, están en mi habitación, puedes pasar por ellos.
-Son muy buenos -dice-. Demasiado buenos.
Vuelvo la vista hacia el estrado.
El presidente habla con firmeza. Seguridad natural. Convicción sin teatralidad.
-Son buenas personas -dice Harris, más serio ahora.
-Lo sé.
-No lo sabías.
-Lo estoy viendo.
Harris asiente.
-Ella es así. Puede ser intensa, orgullosa, un poco... desafiante.
-Un poco.
-Pero tiene buen corazón.
La observo nuevamente.
Está inclinada hacia uno de los asesores, susurrando algo con expresión concentrada.
No parece arrogante ahora.
Parece comprometida.
Profesional.
Recuerdo cómo me sostuvo la mirada en la camioneta.
Cómo discutió conmigo en la fundación.
Cómo dejó esa caja con mi nombre.
No fue casual.
Y eso complica las cosas.
-¿Y tú? -pregunta Harris de pronto-. ¿Cómo lo llevas?
-Es mi trabajo.
-No te pregunté eso.
Lo ignoro.
El presidente termina. Aplausos.
Meghan se levanta junto a él.
Mi mirada va hacia ella casi sin permiso.
Ella no me está mirando.
Está sonriendo a alguien del público.
Profesional.
Distante.
Y aun así...
Cuando el evento empieza a dispersarse y ella gira levemente la cabeza hacia el lateral donde estamos nosotros, nuestros ojos se cruzan apenas un segundo.
No hay sonrisa.
No hay gesto.
Solo un reconocimiento silencioso.
Luego aparta la vista.
Yo también.
-No te rías -murmura Harris de repente.
-No estoy riendo.
-Pero casi.
Lo ignoro.
Vuelvo a escanear la sala. Entradas. Movimientos. Rutas de salida.
Profesional.
Siempre profesional.
Aunque empiezo a sospechar que esta misión será más complicada de lo que cualquier manual táctico puede prever.