NovelToon NovelToon
Gemelos genios y un CEO implacable

Gemelos genios y un CEO implacable

Status: Terminada
Genre:CEO / Hijo/a genio / Completas
Popularitas:6.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Eli Priwanti

Una noche que no debía ocurrir. Un secreto que dura siete años. Y dos niños dispuestos a cambiarlo todo.

Ariana lo había perdido casi todo: el cariño de su padre, su lugar en casa, su sueño de estudiar. Lo único que le quedaba era su tenacidad. Hasta que una trampa cruel la arroja a los brazos de Edgar Alcázar, el presidente del imperio empresarial más poderoso del país, un hombre tan atractivo como glacial. Al amanecer, ella huye con un secreto que jamás imaginó llevar.

Siete años después, Ariana ha rehecho su vida lejos de todo, convertida en madre de unos gemelos que no son niños comunes: Rayan y Zayan son dos pequeños genios capaces de hackear cualquier sistema... y de trazar el plan maestro para encontrar al padre que nunca conocieron.

Cuando el destino vuelve a cruzar sus caminos, Edgar no piensa dejarla ir por segunda vez. Pero entre ellos se interponen viejas heridas, un comisario que la protegió en silencio durante años y una familia dispuesta a todo con tal de arrebatarle la herencia al heredero.

¿Podrá el amor sobrevivir a siete años de mentiras y a los secretos que aún no han salido a la luz?

NovelToon tiene autorización de Eli Priwanti para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13

Edgar se reacomodó en el asiento. Su mirada afilada apresó cada movimiento de Renata, y el aire alrededor de la mesa se volvió aún más asfixiante.

—Dime... ¿dónde está Ariana ahora? —preguntó Edgar, yendo directo al grano, con voz grave y exigente.

El corazón de Renata retumbaba como un tambor de guerra. El sudor frío le empapaba cada vez más las palmas. Pero, recordando lo que Ramiro le había dicho —mantener la calma y comportarse con naturalidad—, tomó aire profundamente. En cuestión de segundos se obligó a arrojar lejos todos los nervios.

—A... Ariana... yo... ¡yo no he podido comunicarme con ella porque su celular está apagado! —dijo al principio con titubeo, aunque esforzándose por sonar lo más convincente posible, buscando una excusa lógica.

Edgar entrecerró los ojos, analizando el rostro de la muchacha que tenía enfrente.

—Está bien, entonces, ¿podría darme su número de celular? —pidió, todavía con aquel tono frío y rígido.

Renata se armó de valor para sostenerle la mirada, fingiendo ignorancia para ocultar su implicación y que este hombre poderoso no sospechara.

—Disculpe, señor, pero ¿para qué quiere el número de Ariana? —preguntó, entrecerrando los ojos, extrañada.

Edgar soltó un largo suspiro. Su rostro rígido y glacial se fue diluyendo poco a poco, reemplazado por un destello de cansancio que le asomó a los ojos.

—Hasta donde sé, eres su mejor amiga, ¿verdad? —susurró Edgar en voz baja—. ¿Ariana... alguna vez te contó algo sobre lo que pasó aquella noche?

Al ver ese resquicio, Renata por fin abrió la boca, tanteando las intenciones del hombre.

—Sí... Ariana me contó sobre aquella noche aciaga. ¡La noche en que fue víctima de una violación por parte de alguien a quien ni siquiera conocía!

La palabra violación, salida de los labios de Renata, golpeó de lleno el pecho de Edgar. El hombre agachó la cabeza, ahogado por el arrepentimiento.

—Ese hombre fui yo... —confesó con la voz ronca. Miró a Renata con un brillo de súplica en los ojos—. ...y ahora Ariana lleva a mi hijo. Te lo ruego... ¡dame su número de celular!

La actitud de Edgar, hacía un momento tan aterradora e intimidante, se desvaneció sin más para dar paso a un hombre frustrado y digno de lástima.

Renata guardó silencio un instante. Por dentro, sopesaba la situación. Sabía muy bien que el celular viejo de Ariana lo habían destruido y tirado los maleantes al servicio del tío David. Por otro lado, no quería correr el riesgo de que Ariana y Edgar se encontraran: todavía no tenía la certeza de si este magnate era de fiar o si, por el contrario, representaba un peligro para su amiga.

Para proteger a Ariana y al bebé, Renata decidió darle el número viejo de Ariana, que ya estaba dado de baja.

—Este es su número, señor —dijo, recitando la fila de cifras del celular antiguo de Ariana—. Quizá más adelante Ariana vuelva a activarlo, porque es el único número que tengo de ella.

Con un entusiasmo desbordante, Edgar se apresuró a anotar el número en su lujoso celular. El brillo de la esperanza volvió a encenderse en el rostro rígido del magnate.

—Muy bien, entonces, gracias por tu tiempo. Disculpa que te haya molestado tan temprano —dijo Edgar con un gesto leve, dibujando una sonrisa apenas perceptible, llena de gratitud, antes de darse la vuelta y salir con prisa de la cafetería junto a Bruno.

En cuanto la silueta de Edgar y su asistente desaparecieron por completo del campus, Renata se dejó caer contra el respaldo de la silla. Recostó la cabeza y soltó el largo suspiro que había estado conteniendo.

—Uf... ¡por fin! ¡Casi me da un infarto! —murmuró Renata, aliviada, frotándose el pecho, que al fin volvía a latir con normalidad tras librarse de la presión de aquel empresario poderoso.

*

Los días pasaban en San Isidro. Ariana se iba acostumbrando poco a poco a su nueva vida como Azucena. El aire fresco de la montaña y la amabilidad de la gente del lugar iban cicatrizando despacio las heridas de su corazón. Larisa, la hija de nana Meche, de su misma edad, se había convertido ya en una amiga cercana que la acompañaba y la animaba siempre.

Aquella mañana, el aroma de la mantequilla y el plátano horneándose llenaba la humilde cocina de la casa de nana Meche. Los dedos hábiles de Ariana empacaban con destreza los pastelitos recién salidos del horno.

—¡Vaya, Ariana...! Ay, digo, Azucena, ¡qué bien que horneas! ¡Ni parece que estos fueran pasteles caros! —la elogió Larisa, los ojos brillantes, contemplando la hilera de panes de plátano que relucían hermosos.

Ariana sonrió con dulzura, una sonrisa sincera que hacía mucho había desaparecido de su rostro.

—Gracias por el cumplido, Larisa. Antes trabajé medio tiempo en una repostería. Daba la casualidad de que los pasteles que vendían siempre estaban recién hechos. En seis meses de trabajo aprendí bastante, un oficio que da para ganarse la vida —dijo Ariana mientras metía los panes de plátano, uno a uno, en sus envases plásticos—. Bueno, cuando terminemos, llevemos estos pasteles al mercado. Ojalá se vendan.

—¡Seguro que sí, Azucena! ¡Estoy segura de que vuelan enseguida! —respondió Larisa, rebosante de confianza, sacudiendo el puño en el aire.

Ariana y Larisa se encaminaron con prisa al mercado del pueblo. Allí, nana Meche ya estaba desde antes ayudando a atender el puesto de su hermana, Tencha.

Los panes de plátano de Ariana llamaron de inmediato la atención de los compradores del mercado. El aroma que abría el apetito y el sabor delicioso hicieron que se agotaran en un abrir y cerrar de ojos.

—¡Ves, te lo dije, Azucena! ¡No quedó ni uno! —exclamó Larisa, dichosa, levantando los dos pulgares—. ¡Quién iba a decir que los plátanos del huerto de atrás podían convertirse en pasteles tan ricos!

Ariana, nana Meche y Tencha rieron juntas ante las ocurrencias de Larisa, dando gracias por la bendición que habían recibido ese día.

*

Mientras tanto, a cientos de kilómetros de allí, en la capital, el comisario Ramiro Duarte tenía que tragarse la rabia que le hervía en el pecho. La investigación del secuestro de Ariana había chocado contra el gran muro del poder.

El tío David, sumamente astuto, había logrado escurrirse de las garras de la justicia. Valiéndose de su influencia y de sus contactos entre los altos funcionarios que lo amparaban, montó un escenario con chivo expiatorio. Descargó toda la culpa sobre una banda de maleantes a sueldo y alegó que su nombre había sido usurpado por gente que quería arruinar su reputación.

—Yo soy víctima de una calumnia, oficial. Esto de que usen mi nombre ya ha pasado muchas veces para manchar mi buen nombre y derribar mi posición en el Grupo Alcázar —alegó David, con el rostro cargado de teatro, ante el investigador superior.

Aquel argumento tan bien urdido y en apariencia tan lógico obligó a suspender y cerrar de manera oficial el caso del secuestro.

En su despacho de la Jefatura Central de Policía, en el centro de la ciudad, Ramiro estaba de pie contemplando el paisaje urbano tras el ventanal. La mano del oficial se cerró con tal fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.

Muy bien, por ahora puedes respirar tranquilo y disfrutar del aire libre, David... Pero recuerda: yo no voy a detenerme jamás. Un día, con mis propias manos, te arrastraré y te meteré en la cárcel, juró Ramiro por dentro con firmeza, decidido a seguir reuniendo en secreto las pruebas de la podredumbre de David Alcázar.

Continuará...

1
Graciela Saiz
no entiendo porque ellos sabiendo que Edgar es el padre de los gemelos, no o le dijeron nada, muy mal 😡,
Graciela Saiz
y porqué ese policía hermano de Renata la esconde de Édgar, si el no es culpable 🤔😡
Tere Jimenez
gracias increíble novela hermosa un abrazo gracias
Tere Jimenez
muy bueno el libro muchas felicidades increíble familia espero nos regales más éxitos tuyos bendiciones y felicidades
Noemi Fernandez
makdutos ambiciosos pero haci les va ir
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play