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Código De Seducción

Código De Seducción

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / Mujer poderosa / Romance
Popularitas:17.3k
Nilai: 5
nombre de autor: thailyng nazaret bernal rangel

Scarlett Padro Castello es una mujer empoderada, CEO de su propia firma de maquillaje y presidenta de una potencia automotriz. Ha construido un imperio desafiando los prejuicios de género, demostrando que su intelecto es tan afilado como su sentido de los negocios. Sin embargo, su mundo perfectamente controlado se tambalea cuando su padre le impone un proyecto junto al gigante tecnológico de la familia Robles Di Bianco. El problema tiene nombre y apellido: Rodrigo Robles Di Bianco.Rodrigo, el frío y calculador dueño del imperio tecnológico, no quiere tenerla cerca "ni en pintura". Su rechazo es visceral; ambos comparten un pasado marcado por escándalos y una competitividad feroz que los llevó a detestarse públicamente. Para Rodrigo, Scarlett es una distracción peligrosa; para Scarlett, Rodrigo es el único hombre que ha logrado herir su orgullo.Lejos de amedrentarse, Scarlett decide utilizar toda su astucia y elegancia para infiltrarse en el mundo del multimillonario.

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Capítulo 19

...RODRIGO:...

Cerré la puerta tras Laura con una fuerza que hizo eco en el pasillo, deseando que el silencio me devolviera el control que había perdido en el restaurante con Tomás.

Pero el silencio era mi enemigo ahora.

Me giré y allí estaba ella, Scarlett, de pie en medio de mi sala con esa confianza renovada que el alcohol y las risas con su amiga le habían otorgado.

Sus ojos marrones brillaban con una mezcla de desafío e ironía que me quemaba más que el whisky.

— ¿Reglas? ¿En serio vas a sacar la tarjeta de "mi casa, mis reglas" justo ahora, Rodrigo? — soltó Scarlett con una risita que cortó el aire —. No sabías cómo callar a Tomás en la cena y ahora vienes a intentar callarme a mí. Es un patrón muy predecible en ti: cuando te sientes acorralado, intentas dar órdenes.

Caminé hacia ella, deteniéndome a una distancia peligrosa.

El aroma de su perfume y el rastro del vino creaban una atmósfera que me estaba nublando el juicio.

— Lo que pasó en el restaurante con Tomás no es de tu incumbencia — respondí, bajando la voz hasta que sonó como una advertencia ronca —. Y lo que pase en esta casa sí requiere orden. No voy a permitir que conviertas mi departamento en el centro de tus chismes con Laura.

» Si estás aquí es por un proyecto multimillonario, no para revivir anécdotas de hace diez años que no tienen ninguna relevancia hoy.

— ¿Ah, no? ¿Ninguna relevancia? — Scarlett dio un paso más, eliminando la poca distancia que nos separaba. Podía sentir el calor que emanaba de su cuerpo —. Entonces, ¿por qué te pusiste tan furioso cuando mencioné lo que había en las cajas? ¿Por qué te molestó tanto haberme besado? Admítelo, Rodrigo. Te mueres de miedo.

Apreté los puños, luchando contra el impulso de volver a tomarla por los hombros.

Ella sabía exactamente qué botones presionar.

— No tengo miedo de nada, Scarlett — mentí, aunque mi pulso acelerado decía lo contrario —. Lo que tengo es poco tiempo para juegos infantiles. Mañana es la presentación técnica y te quiero lúcida, no con resaca. Vete a tu habitación. Ahora.

— Oblígame — desafió ella, levantando la barbilla con esa soberbia que siempre me había vuelto loco.

— ¿Obligarte? — repetí, y mi voz sonó como un rugido contenido que hizo vibrar el aire entre nosotros.

Scarlett asintió.

— Sí, hazlo, oblígame a irme — insistió con su actitud altiva.

Estábamos tan cerca que nuestras respiraciones se mezclaban en un baile frenético.

El aire volvió a chispear, cargado de esa electricidad estática que siempre precedía a nuestras explosiones.

La distancia desapareció en un parpadeo.

Mis manos se cerraron sobre su cintura con una urgencia que no entendía de protocolos ni de reglas de convivencia.

La empujé contra la pared más cercana, atrapando su cuerpo pequeño y firme entre el frío del muro y el fuego abrasador del mío.

Sus ojos se abrieron de par en par, pero no de miedo, sino de un hambre que igualaba la mía.

No pude más.

La besé con una ferocidad que me hizo perder el sentido de la realidad.

Mis labios reclamaron los suyos con una violencia necesitada, devorándola, mientras mis manos subían por sus muslos, acariciando su piel.

La alcé en vilo y ella envolvió sus piernas alrededor de mi cintura, gimiendo contra mi boca, un sonido que alimentó mi adrenalina como ninguna victoria empresarial podría hacerlo jamás.

Bajé a su cuello dándole besos, aspirando ese aroma a jazmín que me había estado volviendo loco.

Scarlett jadeó, enredando sus dedos en mi cabello y tirando con fuerza.

La volví a besar.

La llevé a mi habitación a ciegas, tropezando con las paredes, sin poder separarme de su piel ni un segundo.

La cama nos recibió en medio de la oscuridad, rota solo por la luz de la ciudad filtrándose por el ventanal.

No había espacio para las palabras; solo el sonido de nuestras respiraciones entrecortadas y el roce frenético de la piel. Scarlett, con una desesperación que igualaba la mía, tiró de mi corbata hasta deshacerla y, con movimientos rápidos y decididos, comenzó a desabotonar mi camisa.

Sus dedos temblaban, pero su mirada era puro fuego.

De un tirón, me despojó de la prenda y la arrojó a la oscuridad de la habitación sin apartar sus ojos de los míos.

Sentí sus palmas calientes sobre mi pecho desnudo, una caricia eléctrica que me arrancó un gruñido.

No me quedé atrás.

Mis manos buscaron la cremallera de su vestido con una urgencia brutal.

El sonido del metal deslizándose fue el único aviso antes de que la seda cayera, revelando la curva de su espalda y la perfección de su piel bajo la luz plateada de la luna.

La ayudé a deshacerse de la prenda, lanzándola al suelo con el mismo desprecio por el orden que ella había mostrado.

Nuestros cuerpos colisionaron de nuevo, piel contra piel, sin barreras.

La estreché contra mí, sintiendo su suavidad chocar con mi dureza.

Scarlett arqueó la espalda cuando mi boca encontró la suya otra vez, sus manos viajando por mis hombros, clavando sus uñas con una intensidad que pedía más.

Cada caricia era una respuesta a un insulto pasado, cada beso una compensación por los años de silencio.

Ella se movía bajo mi cuerpo con una agilidad felina, reclamando su territorio, recordándome que en esta cama ella no era una invitada, sino la dueña de mi descontrol.

La adrenalina fluía por mis venas, nublando cualquier rastro de razón.

Su piel sabía a jazmín y a una victoria que no quería admitir.

Ella tiró de mi cabello para acercar mi oído a sus labios, y su respiración caliente me quemó mientras sus manos bajaban por mi espalda, atrayéndome con una fuerza que me dejó sin aliento.

— Dime que me detestas — murmuré contra su cuello, mientras mis manos exploraban cada curva de su cuerpo que había imaginado en mis peores noches de insomnio.

— Te odio tanto que me quema, Rodrigo — respondió ella, arqueándose bajo mi toque, con la voz rota y cargada de una sensualidad que me arrancó un gruñido —. Te odio por hacerme sentir esto, por ser el único que sabe cómo romperme.

Tracé el valle plano de su abdomen, rozando descaradamente lento. Me emocionaba ver que todo era tal como lo recordaba, mi mano llegó a esa prenda interior de encaje rojo igual de atrevida que su dueña, como si estuviera esperando esto desde que entró a mi apartamento por primera vez.

No, Scarlett siempre lucía sexy.

Sumergí mi mano debajo, mi excitación creció cuando descubrí que estaba tan empapada, acaricié lentamente, muy despacio en aquel punto abultado.

Ella gimió, ella no se quedó quieta y sabía que no lo haría.

Bajó su mano por mi abdomen tonificado y tiró de mis bóxer con descaro, viéndome endurecido.

— ¿Todo está como lo recuerdas? — Jadeé contra sus labios.

— Si sigue igual de grande, pero cierra la boca — Dijo, tomando mi miembro, acariciando con demanda, como si aquello le perteneciera por completo.

La toqué en respuesta, bajando mis dedos a su entrada y sumergí dos dedos mientras apartaba con mi barbilla el encaje de su brasier, atrapando un pezón con mi boca, jugueteando con mis dientes y mis labios.

Sus gemidos llenaron la habitación mientras enterraba las manos en mi cabello y sacudía sus caderas contra mis dedos.

Ya no era una negociación ni una estrategia; era una rendición mutua ante el deseo más primitivo, una guerra de piel donde el único código que importaba era el ritmo frenético de nuestros corazones latiendo al unísono.

Una batalla de voluntades, un intercambio de poder donde cada caricia era un desafío y cada beso una rendición.

No había CEOs, no había proyectos, no había padres.

Solo éramos nosotros dos, quemando diez años de distancia en una sola noche de fuego y piel, descubriendo que, al final, siempre estuvimos destinados a consumirnos el uno al otro.

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𝓔𝓶𝓪𝓷𝓭𝓮𝓻 🖤
Lo bueno que ella es inteligente 🥺 ojalá descubra todo por si misma
Edith Villamizar
Gracias Thailyng me gusta esta historia, ojalá puedas subir más capitulos
Dios te bendiga
Edith Villamizar
Scarlet es muy inteligente y ella misma va a descubrir lo que Rodrigo le oculta
Olga Ortiz
esa mujer también debe tener su secreto seguro estaba enamorada de él papá de scarlett y el viejo no la quería , por eso es la venganza contra su hija
Edith Villamizar
Rodrigo cuéntale s Scarlet todo porque con ocultarlo la pones indefensa ante las maldades de tu dizque madre
Alondra Gomez
todavía ni llega la mamá y ya la odio 😒
San Aguirre
🧐🧐🧐
Cliente anónimo
Otra vez secretos, hay no aprenden, todo por orgullo. También muy mal del papá, como no le dice a Scarlett que están mal, osea siempre ella paga los platos rotos de todo porque no le dicen la verdad
milagro andreina Villanueva garcia
ya empieza los secretos otra vez no aprende chico dile la verdad y entre los dos resuelven el problema con la vieja esa
𝓔𝓶𝓪𝓷𝓭𝓮𝓻 🖤
De verdad Scarlet no sabe nada de su padre? 😞 que mal que la madre de Rodri sea así, tan solo porque quizá ella no sea hija legitima
𝓔𝓶𝓪𝓷𝓭𝓮𝓻 🖤
🫪 Scarlett podría no ser hija verdadera? tal vez adoptada? 🫠🫠🫠ya quiero saber
milagro andreina Villanueva garcia
ay no los separó la mamá de el piche vieja
San Aguirre
🤣🤣🤣
San Aguirre
Es ahijada ¡omg!
San Aguirre
😂😂😂😂
San Aguirre
Están muy chiquitos los capítulos 🥹🥹🥹
Edith Villamizar
Ay se acabaron los capítulos 😭 tan buena la historia 😍
Olga Ortiz
que clase de madre es esa, por culpa de ella es que ellos se separaron
Alondra Gomez
entonces la mamá es una arpía 😒 y tuvo la culpa de su ruptura 😭
Olga Ortiz
creo que ya están grandes para empezar a defender sus posiciones y defender su amor, sin que nadie tenga que meterse
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