El dolor fue el puente. En un segundo, el Capitán de la Unidad de Élite sentía el frío del asfalto tras un tiroteo mortal. Al siguiente, sentía el peso sofocante de un cuerpo sudoroso y el hedor a rancio de una habitación cerrada.
-¡Quédate quieto de una puta vez!- rugió una voz ronca sobre él.
El policía abrió los ojos. No estaba en la morgue ni en el hospital. El techo estaba manchado de humedad y la luz de una bombilla desnuda oscilaba sobre su cabeza. Un hombre de hombros anchos y rostro desencajado por la ira lo inmovilizaba sobre un colchón mugriento.
En ese instante, una descarga de recuerdos que no le pertenecían inundó su mente como torrente de agua helada. Se vio a sí mismo o mejor dicho, al dueño de ese cuerpo, como un ser roto. Un omega llamado Ren, cuya existencia se reducir a cuatro paredes, golpes, y el miedo constante a un esposo alfa que lo trataba como ganado. Ren acababa de morir... (ambientado con el estilo staempunk)
NovelToon tiene autorización de Skay P. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Sage
El despertar de Ben Connors fue, por primera vez en este mundo hostil, un proceso en capas. No fue un estallido de adrenalina, sino una lenta marea. Lo primero que registró fue la suavidad de las sábanas de seda. Lo segundo el persistente y punzante dolor en el hombro, un recordatorio físico de que su cuerpo de omega seguía siendo peligrosamente mortal.
Abrió los ojos con pesadez. La luz que entraba por los ventanales de la mansión Volkov era de un blanco invernal, filtrada por las cortinas. Pero Ben no miró la luz. Sus ojos entrenados, se clavaron en la figura que dominaba un rincón de la habitación.
Valerius Volkov estaba sentado en un sillón de cuero negro, con la elegancia de un antiguo rey y atento como un depredador que no ha dormido en siglos. Tenía la camisa negra ligeramente desabrochada, revelando la tensión de los músculos, pero lo que detuvo el aliento de Ben fue lo que el alfa sostenía en los brazos.
Leo... El bebé estaba despierto, moviendo sus manos con energía y balbuceando. Valerius, el hombre que hacía temblar los cimientos de Puerto Gris con un chasquido de dedos, sostenía al niño con una naturalidad qué helaba la sangre. Sus dedos grandes acariciaban la mejilla de Leo con una delicadeza casi sagrada. El alfa no miraba al niño. Miraba a Ben. Sus ojos dorados eran pozos de una inteligencia oscura. Diseccionando cada palabra que Ben había dicho en su delirio causado por la fiebre.
-Despiertas justo cuando el sol se oculta.- la voz profunda de Valerius, hizo vibrar el aire en la habitación -El médico dice que tú mutación aceleró la cicatrización, pero tu mente... tu mente parece haber viajado mucho más lejos que tu cuerpo... Ben.-
El nombre golpeó al policía como un disparo a quemarropa. Se incorporó de golpe, ignorando el dolor de sus músculos y el mareo qué amenazó con devolverlo a la almohada. El Capitán dentro del omega tomó el mando de inmediato, analizando la situación... <
-¿Cómo me dijiste?- la voz de Ben era de acero, fría y despojada de cualquier rastro de la sumisión qué se espera de un omega.
Valerius se levantó lentamente, manteniendo a Leo pegado a su pecho. Caminó hasta la cama, invadiendo el espacio del policía con una calma que resultaba más aterradora qué una amenaza directa.
-Te escuché en el tren, Capitán.- Murmuró el alfa, deteniéndose a centímetros de la cama -Escuché sobre la Unidad de Respuesta Táctica, sobre un traidor llamado Bruce y una mujer llamada Hailey. Escuché el lamento de un hombre que murió en un mundo de concreto y despertó en un nido de ratas.-
Ben sintió que el mundo giraba. La vergüenza de haber expuesto su verdadera esencia se mezcló con un alivio amargo. Se pasó una mano por el rostro sudoroso y extendió los brazos hacia su hijo.
Ya no había máscara qué sostener.
-Dámelo- ordenó Ben.
Valerius no se opuso. Le entregó a Leo con una suavidad que contrastaba con la tormenta qué hervía en sus ojos. Al sentir el peso cálido del bebé y su olor a talco y leche, Ben sintió que sus defensas colapsaban por un instante. Hundió el rostro en el cuello de su hijo, dejando que la risita del pequeño que actuara como bálsamo real contra la locura de su existencia. Eso era lo único que le importaba en este universo o en el otro.
-Ben Connors murió en ese callejón, Volkov.- Ben finalmente levantó la vista. Sus pupilas azules tenían ese brillo residual de la mutación -El Ren que creíste conocer, el niño asustado que fue vendido por su padre, también murió. Lo que queda es esto. Un oficial de la ley atrapado en la biología de una presa. Si piensas usar eso para controlarme, te advierto que mi voluntad no sabe lo que es la rendición.-
Valerius apoyó una mano en la cama, rodeando a Ben con su olor a bosque y tormenta. No era una marca de sumisión, sino un escudo de posesividad absoluta.
-No soy un coleccionista de omegas, Ben. Soy un hombre que reconoce el poder cuando lo ve. Me importa poco de qué mundo vengas. Lo que me importa es que este cuerpo, este "Fantasma", es el único que ha logrado que mi lobo se incline por respeto y no por hambre. Tu secreto es mi secreto. Y ay de aquel que intente arrebatárselo a las sombras.-
Ben estudió al alfa. <
-Necesito ver a mi hermano.- Ben cambió de tema con la eficiencia de un oficial que cierra un caso -¿Dónde está Sage?-
-Habitación al final del pasillo.- Valerius se apartó para dejarlo pasar -Ha pasado lo peor de la abstinencia, pero su mente está frágil. Mis hombres lo vigilan, pero nadie ha entrado, tal como lo ordenarías.-
Ben se puso de pie. Sus piernas temblaron, pero su orgullo lo mantuvo erguido. Se puso una bata de seda negra, ocultando los vendajes, caminó por los pasillos con Leo en un brazo. Valerius lo seguía a un paso de distancia, como una sombra que no necesitaba ser llamada. Cada guardia que se cruzaba bajaba la cabeza, no solo por Valerius, sino por la presión eléctrica que el aura de Ben emanaba tras la mutación.
Al llegar a la habitación, Ben se detuvo. Suspiró, tratando de invocar los recuerdos del Ben original. Necesitaba ser el hermano menor, el niño que Sage había tratado de proteger a pesar de su propia miseria. Necesitaba esa conexión.
Abrió la puerta. La habitación estaba oscura, olía a medicamentos y sudor frío. Sage estaba recostado contra las almohadas, mirando hacia las ventanas con ojos hundidos y vacíos. Al escuchar el clic de la puerta, giró su cabeza lentamente.
-¿Ren?- la voz del omega era un susurro quebrado, una súplica que venía de años de encierro y opio.
Ben sintió una punzada de culpa que no le pertenecía. Se sentó en el borde de la cama, permitiendo que Sage vea a Leo.
-Aquí es Sage. Estás en casa. Estás a salvo.- Ben intentó suavizar su voz, buscando ese tono de consuelo que un hermano usaría.
Sage extendió una mano temblorosa, tocando el brazo de Ben. Sus dedos recorrieron la tela de seda y luego subieron hasta el rostro del omega. Ben sostuvo la mirada, forzando una sonrisa amable. Pero el silencio se prolongó demasiado. Los ojos de Sage, que habían visto al Ren original crecer entre golpes y hambre, empezaron a estrecharse. No había alegría en ellos, solo una creciente y gélida sospechas.
Sage retiró la mano como si se hubiera quemado. Su respiración se volvió errática y se hundió más en las almohadas, alejándose de Ben.
-Tú... tú no eres él.- Sentenció. Su voz no era de duda, era una condena.
Ben se quedó inmóvil, el oficial de policía analizó la reacción. <
-Sage, es el trauma, estás confundido por las droga...- intentó Ben, pero Sage lo interrumpió con un grito ahogado.
-¡No me mientas!- Sollozó el muchacho, señalando con un dedo tembloroso -Mi hermano Ren nunca me miraba así. Él bajaba los hombros. Él tenía miedo a su propia sombra. Él tenía una dulzura qué el mundo le estaba robando... Pero tú...- Sage tragó saliva, sus ojos llenos de lágrimas -Tú miras como un verdugo. Tus ojos tienen el brillo de alguien que ha matado a hombres mucho más grandes que él. Tienes su rostro, tienes su aroma... pero eres un extraño viviendo bajo su piel.-
Valerius, desde el marco de la puerta, observaba la escena con los brazos cruzados. Sabía que este momento llegaría. La sangre reconoce la sangre, y el alma de Ben Connors era demasiado vasta para esconderse tras la fachada de un omega roto.
Ben bajó la cabeza, dejando que su cabello oscuro ocultara su expresión. La farsa había terminado. Ya no era Ben Connors el policía, ni Ren el hermano. Era una criatura nueva, un híbrido de dos vidas que no encajaba en ninguna parte.
-¿Dónde está mi hermano?- Sage tenía una angustia que desgarraba -¿Qué le hiciste al verdadero Ren?-
Ben levantó la vista y esta vez no hubo rastro de suavidad. Sus ojos azules brillaron con esa intensidad eléctrica, fija y gélida, la vista de alguien que ha visto el fin del mundo y ha regresado para contarlo.
-Tu hermano murió hace mucho, en un colchón podrido, violado.- dijo Ben con una honestidad brutal -Su corazón se detuvo mucho antes de que yo llegara. Yo solo soy el que se quedó para asegurar que nadie más tenga que sufrir lo que ustedes sufrieron.-
Sage se cubrió el rostro con las manos, sollozando sin consuelo. Ben se quedó ahí, sosteniendo a Leo, sintiéndose más solo que nunca en un mundo que lo reclamaba como suyo pero que no le pertenecía. Valerius se acercó y puso una mano pesada en su hombro, un gesto que decía, sin palabras, que en este nuevo y sangriento tablero, ellos eran los únicos que conocían la verdad.