SOY LA VILLANA QUE SALVARÁ A SU FAVORITO
Violeta Alber ha vivido tres vidas: mercenaria letal en la Metrólis Feudal, mariscala de élite en la era moderna y diseñadora de moda exitosa, pero la traición la ha acompañado siempre. Al morir por tercera vez, despierta en el cuerpo de Roxana Ruiz —la esposa por contrato del personaje que más admiró en una novela: Bruno Castellano, un CEO brillante pero paralizado y sumido en la depresión, condenado a morir para que los protagonistas oficiales vivan felices.
Conociendo el destino trágico que les espera a Bruno y su familia, Roxana decide cambiar el curso de la historia. Convertirá su imagen de mujer despreciada en la de una líder imponente, luchará contra la manipulación de Orquídea y Gael, salvará a los hermanos de Bruno y protegerá sus bienes —incluyendo tierras en París con minas de diamantes y oro que le garantizarán libertad.
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SOMBRAS DEL PASADO Y BRILLO EN EL PRESENTE
La mañana llegó, pero la promesa de un nuevo día se sentía distante. El dolor punzante en mi cabeza persistía, y las imágenes fragmentadas de mi sueño, la caída, el nombre "Leticia", se mezclaban con la confusión de ser Roxana. ¿Quién era yo realmente? ¿Eran esos sueños ecos de un pasado olvidado, o simples fantasías de una mente abrumada? Los recuerdos de un hombre en una cama, su rostro velado, me atormentaban. Intentaba aferrarme a ellos, pero se desvanecían como arena entre los dedos.
A pesar de la tormenta en mi interior, el deber me llamaba. La mansión, los chicos, la empresa de Bruno, y ahora las tierras del Valle Oeste, dependían de mi firmeza.
En la oficina, el día se presentó con su propia cuota de intrigas. Un contrato crucial para la reconstrucción de un distrito olvidado de la ciudad estaba en juego. Orquídea había orquestado una serie de rumores y desinformación, intentando que los inversionistas dudaran de la capacidad de la empresa para asumir un proyecto de tal magnitud. Con su característica sonrisa falsamente amable, se presentó en mi oficina.
—Querida Roxana —dijo con voz melosa, aunque sus ojos brillaban con malicia—, he oído que el contrato de reconstrucción está en peligro. Es una pena, Bruno puso tanto esfuerzo en él.
—No te preocupes, Orquídea —respondí, mirándola fijamente—. Mis planes no dependen de los rumores que esparzas. Mis movimientos son más certeros que tus chismes.
Con una estrategia astuta, convoqué a una reunión de emergencia con los inversionistas y el consejo municipal. Presenté un plan de reconstrucción innovador y detallado, desmintiendo cada una de las falsas acusaciones de Orquídea. No solo salvé el contrato, sino que logré que se expandiera, asegurando una inversión mayor y la oportunidad de crear un distrito modelo. Orquídea, con el rostro descompuesto, tuvo que soportar la humillación de mi victoria.
Mientras tanto, en las tierras del Valle Oeste, el equipo de excavación me enviaba reportes diarios. La mina de diamantes azules se revelaba en toda su magnitud, un tesoro oculto que prometía un futuro brillante para la familia. Los geólogos estaban asombrados por la pureza y el tamaño de las gemas.
Una tarde, en medio de la vorágine laboral, mi teléfono vibró. Era Bruno, su voz un bálsamo para mi mente agitada.
—Hola, esposa. ¿Cómo va todo por allí? —preguntó, con un tono que denotaba preocupación y cariño.
—Un día lleno de batallas, pero todas ganadas —respondí, una sonrisa involuntaria asomando en mis labios—. Y tú, ¿cómo sigues?
—Cada día mejor. Siento que recupero mis fuerzas, y todo gracias a ti —su voz se tornó más suave, más íntima—. No te imaginas lo que te extraño, Roxana. Cada noche, antes de dormir, repaso tus llamadas, tus palabras, tus risas. Siento que te necesito aquí.
Mi corazón dio un vuelco. Era una conexión tan profunda, tan extraña, que me asustaba.
—Yo también te extraño, Bruno —confesé, mi voz casi un susurro—. La casa sin ti es solo una casa, no un hogar.
—Prometo que volveré pronto, más fuerte que nunca —afirmó—. Y cuando lo haga, te mostraré cuánto te valoro. Tengo una sorpresa para ti, algo que he estado planeando. Será perfecto.
La noche se hizo presente, y con ella, la melancolía por la ausencia de Bruno. Los chicos, aunque se esforzaban por alegrar la velada, no podían llenar el vacío. Cenamos en silencio, un silencio que pesaba, pero también que me permitía reflexionar.
Más tarde, en mi habitación, la videollamada de Bruno me encontró lista para dormir. Él estaba acostado, su torso desnudo, su mirada fija en mí.
—Roxana, te extrañé hoy más que nunca —dijo, su voz cargada de un anhelo palpable.
—Yo también, Bruno. Siento que te has vuelto indispensable para mí —respondí, sorprendida por la sinceridad de mis propias palabras.
—Aquí en China sigo siendo un imán para las mujeres —comentó con su tono coqueto, una chispa en sus ojos—. Pero ya les dije a todas que mi corazón tiene dueña, y que no hay nadie más hermosa, inteligente y fuerte que mi Roxana.
Mis mejillas ardieron. Bruno tenía un don para ponerme nerviosa y a la vez, hacerme sentir especial.
—Bruno, te estás volviendo un descarado —dije, riendo a pesar de mí misma—. Esas palabras... me hacen sentir cosas raras.
—Esas "cosas raras" son lo que me mantienen vivo, Roxana —confesó, su mirada intensa—. Tú me devolviste la esperanza, la fuerza para luchar. Me enseñaste que la vida merece ser vivida, y vivida contigo.
Comenzó a quitarse la sábana, provocando un leve rubor en mi rostro.
—¡Bruno! —exclamé, tapándome el rostro con las manos.
—Somos esposos, Roxana —replicó, con una sonrisa más amplia—. Además, ya me has visto en situaciones más comprometidas, ¿recuerdas cuando me ayudaste a ducharme?
Bruno me lanzó un beso y colgó.
¿Qué le pasa a este hombre? —pensé, mi corazón latiendo a mil por hora—. En la novela era tan tímido, tan frío. Ahora es un coqueto descarado. ¿Y por qué me afecta tanto? Sus abdominales, su mirada, la forma en que su voz me hace temblar... esto sigue siendo una novela, no puedo olvidar eso.
Mientras tanto, en China, Bruno sonreía en su cama. Ella me gusta, y mucho. Cuando la vi defender a mis hermanos, fue como ver una diosa. Orquídea... me obsesioné con ella porque me salvó la vida, pero Roxana... ella salvó mi alma. Verla llorar esa noche me hizo sentir un dolor que nunca antes había experimentado. Quiero conocerla por completo, ser su apoyo, su escudo. Quiero conocer todas sus facetas, cada rincón de su ser, y para eso debo volver a caminar.
En mi propia habitación, mientras intentaba conciliar el sueño, el dolor de cabeza se intensificó. Nuevos fragmentos de sueños irrumpieron. Yo iba corriendo por una calle desconocida, una sensación de urgencia me impulsaba. Lágrimas caían por mis mejillas mientras gritaba: "¡Bruno, no me dejes, por favor!". Caí por un precipicio.
Me duele mucho la cabeza. Los mismos sueños, pero cada vez más intensos. ¿Eran recuerdos? ¿Era yo la verdadera Roxana en mis sueños? La confusión me abrumaba.
La cabeza me empezó a doler aún más, y tuve otro recuerdo: una carrera frenética, una sensación de persecución. El tiempo se aceleraba, arrastrándome hacia un pasado desconocido, un abismo de recuerdos que se negaban a revelarse por completo.