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El Bully Que Se Enamoró

El Bully Que Se Enamoró

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Escuela / Romance
Popularitas:5.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Melisa Britos

La chica invisible del colegio soporta el bullying del más lindo hasta que él se enamora de ella por celos, que pasará con ellos???

NovelToon tiene autorización de Melisa Britos para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7: El trabajo

Julio llegó con niebla a la mañana y con las pruebas del trimestre pegadas en la cartelera de preceptoría. Yo tenía todo arriba de nueve menos en Educación Física, que me puso un siete “por esfuerzo”. Thiago tenía seis en Lengua y cinco en Historia. Santiago tenía ocho en todo.

La profe de Historia nos hizo hacer el trabajo en parejas sobre la Revolución del ’43. Santiago me había preguntado y le dije que sí. No lo pensé. No lo pensé hasta que vi a Thiago en el banco de atrás rompiendo la punta del lápiz contra la hoja.

Quedamos con Santiago en la biblioteca después de hora. Llegué primero. Cinco minutos después entró él, con la carpeta y dos alfajores Guaymallén.

—¿Uno para vos? —me dijo.

—Gracias.

Empezamos. Yo leía, él anotaba. Tenía letra fea pero ordenada. No me hablaba encima, no me pedía que le repitiera tres veces lo mismo. A los veinte minutos ya teníamos la línea de tiempo hecha y estábamos buscando fotos para imprimir.

La puerta de la biblioteca se abrió. Thiago. Sin mochila, sin carpeta. Con las manos en los bolsillos de la campera.

—Ríos —dijo—. ¿Tenés la hoja de Matemática de ayer?

La tenía. Se la di sin decir nada. La miró, no la entendió (se le notaba en la cara) y me la devolvió.

—Gracias —dijo, y se quedó parado.

Alicia lo miró desde el escritorio. —Benítez, si no vas a usar la biblioteca, afuera.

—Ya me voy.

No se fue. Se quedó mirando el trabajo nuestro.

—¿Eso es Historia? —le preguntó a Santiago.

—Sí —contestó Santiago, tranquilo—. La Revolución del 43.

—Ah.

Se dio vuelta y salió. La puerta hizo ruido.

Santiago me miró. —¿Todo bien entre ustedes?

—Sí.

—No parece.

—No le des bola.

Seguimos. Pero yo ya no podía concentrarme. Me acordaba del papel: no me gusta verte hacer trabajos con él pero no te voy a decir nada porque te prometí no ser un pelotudo.

Terminamos a las seis. Cuando salimos, Thiago estaba en el patio, solo, pateando una piedrita contra la pared. Nos vio. No dijo nada. Se puso la campera bien —no colgando— y se fue para el otro lado.

Caminé con Santiago dos cuadras. Hablamos del trabajo y de la prueba de Matemática. En la esquina me dijo “nos vemos mañana” y se fue. Yo doblé para mi casa.

Thiago estaba en la plaza. Sentado en el banco. Solo.

Me vio venir y no se paró. Me senté yo, en la otra punta.

—No te dije nada —dijo primero.

—Ya sé.

—Pero igual me da bronca.

—No hicimos nada.

—Ya sé que no hicieron nada. Igual me da bronca.

Me reí sin querer. —Sos insoportable.

—Ya sé.

Nos quedamos callados. Hacía frío y se me metía por las mangas del uniforme.

—¿Por qué no hiciste el trabajo conmigo? —preguntó después.

—Porque me lo pidió Santiago primero.

—Si te lo hubiera pedido yo, ¿me decías que sí?

Lo pensé. —Sí.

Se le desarmó un poco la cara seria.

—¿De verdad?

—Sí. Pero no me lo pediste.

—Porque soy un pelotudo.

—Ya me lo dijiste.

—Bueno, lo repito.

Me saqué la bufanda y me la acomodé. Él me miró las manos.

—No me gusta Santiago —dije—. Te lo digo por si te importa.

—Me importa.

—Bueno.

—¿Y yo? —preguntó, y se le quebró un poco la voz—. ¿Yo te gusto?

No me lo esperaba tan directo. Me quedé mirando el piso.

—No sé —le dije, porque era verdad—. Me caías mal hace un mes. Ahora no sé. Me hacés poner nerviosa.

—¿Eso es bueno o malo?

—No sé.

Se rio, bajito. —Sos sincera, Ríos.

—Sí.

Se paró. —Tengo que irme. Mi viejo me mata si llego tarde al entrenamiento.

—Andá.

Dio dos pasos y se frenó.

—Che.

—¿Qué?

—El viernes no hay Historia. ¿Hacemos el trabajo de Lengua juntos? El de Pizarnik.

Lo miré. Tenía los ojos verdes y las manos en los bolsillos y la campera mal cerrada.

—Bueno —le dije.

—Bueno —repitió él, y se fue caminando rápido, como siempre que no sabía qué hacer con lo que le acababa de pasar.

Me quedé un rato más en el banco. Cuando llegué a casa, saqué el papel de la cartuchera y lo guardé entre las páginas del libro de Historia. Al lado escribí con lápiz, chiquito: el viernes.

No lo taché.

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Veronica Asuncion Caglia Mongelos
me encanto la historia de los dos.
me gustaría una segunda parte
si quisiera saber de Lautaro pero que no intervenga en la vida de ellos el ya fue historia
Melu♡: muy buena sugerencia 🥰 la voy a tener en cuenta. besos
total 2 replies
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