Xie Lin desde pequeña fue educada para ser una dama, una buena esposa y madre. Pero ella tenía otros intereses y en secreto entrenaba su cuerpo para el combate y el uso de la espada. Su vida cambia cuando es elegida para ser la consorte del príncipe heredero y al saber que este, ama a otra mujer, le propone un trato: si ella logra entrar a las fuerzas militares y volverse general, él la dejará libre de ese matrimonio.
Pero, obligada a tener un hijo, ella cumple, con la promesa de que, unirse a las tropas del emperador y cuando la guerra inicia, ella logra su objetivo con grandes méritos, pero, el príncipe heredero, ahora emperador, no la quiere dejar ir.
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Capitulo 19
Al atardecer del tercer día, el sonido de cascos de caballos sobre la tierra endurecida puso en alerta a la aldea. Lin, sosteniendo una lanza y con el rostro pálido pero firme, ordenó a las mujeres tomar posiciones. Sin embargo, cuando los jinetes emergieron de entre la densa niebla, Lin quedo sorprendida al ver de quien se trataba.
—¿Xen? —susurró, bajando el arma.
Xen desmontó antes de que su caballo se detuviera por completo. Al verla allí, herida, pero viva, el protocolo imperial se desmoronó. Corrió hacia ella y la estrechó entre sus brazos con una ternura desesperada, hundiendo su rostro en el hombro de Lin. Por un instante, el mundo exterior desapareció: el frío, el Khan y las intrigas de la corte no existían.
—Te encontré —murmuró él, con la voz quebrada por el alivio— No vuelvas a hacerme esto, Lin. Jamás.
—¡Majestad!— Lin empujo suavemente al Emperador para separarse del abrazo.— ¿que esta haciendo aquí?, no debería de haber salido del palacio, se suponía que usted se quedaría para proteger a Jian.
Lin arrugó el entrecejo por el enojo. Para ella, era inaceptable que el Emperador dejará el palacio, porque de ese modo dejaba a Jian desprotegido.
—Jian esta a salvo, pero no podía quedarme de brazos cruzados sabiendo que podrías haber muerto...Lin, no sabes como me sentí cuando recibí la noticia, creí que realmente te había perdido para siempre.
Xian acaricia con ternura el rostro de la General, y antes de que Lin pueda decir algo, un silbido agudo cortó el aire y una flecha se clavó en un poste cercano.
—¡Emboscada! —gritó el Capitán de Xen.
Los mercenarios, aprovechando el momento de distracción, cargaron desde los límites del bosque. Pero no contaban con el nuevo ejército de Lin. Las mujeres de la aldea, siguiendo el entrenamiento de los últimos días, no gritaron ni huyeron. Con una disciplina sorprendente, bloquearon a los atacantes usando hoces, lanzas de madera y piedras. Xen y sus diez guardias de élite formaron un círculo alrededor de Lin, quien, a pesar de sus heridas, luchó con la ferocidad olvidando el dolor por un instante.
La batalla fue breve pero sangrienta. La combinación de la técnica de los guardias imperiales y la furia de las aldeanas superó a los asesinos. Al final, solo tres mercenarios quedaron con vida, desarmados y rodeados.
—¿Quién los envió? —pregunto Xen, poniendo la punta de su espada en la garganta del líder— Habla y su muerte será rápida.
El hombre miró a Xen con una sonrisa sangrienta y luego a Lin. No hubo confesión. Con un movimiento seco, los tres mercenarios mordieron sus propias lenguas o ingirieron veneno oculto, cayendo muertos al suelo antes de que los guardias pudieran reaccionar. El secreto de su empleador seguía a salvo. Pero Lin ya tenía sus sospechas, el problema era que sin pruebas, no podía decirle nada a Xen, después de todo, de quien ella sospecha, es alguien importante en la vida del Emperador.
Llegó el momento de la partida. Los caballos estaban listos para llevar a Lin y a Xen de vuelta al campamento en el Paso de la Serpiente. Lin se acercó a la Matriarca Han y a las mujeres que habían luchado a su lado.
—Gracias por salvar mi vida —dijo Lin, tomando las manos de la anciana. — Les prometo que esta guerra terminará.
Hizo una pausa, mirando los rostros de aquellas mujeres que esperaban el regreso de sus hijos y esposos.
—No les mentiré... quizás no todos los hombres puedan volver a casa. La guerra es cruel. Pero mi objetivo no es una masacre. Derrotaré al Khan para obligar a sus tropas a rendirse. Buscaré una paz que detenga la sangre, para que no mueran más inocentes. Les doy mi palabra de General.
Con una última mirada de respeto, Lin montó junto a Xen. Mientras se alejaban hacia el norte para reunirse con sus cien soldados, Xen la miró de reojo. Sabía que la mujer que cabalgaba a su lado no solo era su General, sino la única capaz de salvar al Imperio de sus enemigos externos... y de los que aguardaban en las sombras de su propia casa.
...
Ojalá Lin no lo de por muerto o le dará más adelante una sorpresa /Grievance/
ya estoy intrigada