Gabriela es una adolescente. Quien no gusta mucho de estudiar. Pero un día. recibe una llamada, no sabe de quien se trata. Pues es número desconocido., cuelga pero al día siguiente. Vuelve a recibirla. Esta vez contesta. Escucha una vez. Que pregunta ¿Eres tú? Cada día recibirá la misma llamada e intentará no contestar. O ser lo más cortante posible. Aunque al final. Deja alargar la llamada y descubre algo sorprendente e inmaginable.
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Capítulo 19
¿¡Quien es el estúpido pájaro!? Decía, Gabriela. Mientras intentaba no mover su mano. Se acostó a dormir. Aunque con dificultades por el dolor. Despertó temprano. Lista para un día de escuela. Pero cuando intento mover la mano. El dolor volvió a aparecer y mucho más fuerte que antes. Gritó. Y este alertó a su madre. Quien entró rápidamente, se veía preocupada y encontró a su hija con su mano izquierda sobre la derecha y quejándose del dolor. Suspiro hondo y sin decir nada más. En menos de una hora. Ya Estaban en consulta con el doctor.
—buen día, señora, ¿qué pasa ahora?
—vengo a que vea que tan grave es la lesión de mi hija. Al parecer, se lastimó la mano derecha. Y cada vez que la mueve. Grita de dolor.
—oh, pues vamos a ver. Por favor. Pasa a la camilla. —Hablándole a Gabriela.
—no es nada grave doctor, mi mamá se preocupa por... ¡Ah...! —el doctor le toco la mano.
—Mm, ¿en serio?
—sí... —tratando de no gritar.
—Mm... Bueno, al parecer. Por lo que veo. Tuvo un esguince.
—¿Eh? —reacciono Gabriela.
—¿pero como doctor? —pregunto la mamá.
—bueno, debió ser por alguna caída. ¿Te has caído o algo así?
—eh... No para nada. —con la mirada hacia otro lado.
—cariño, no le mientas al doctor.
—pero... —su mamá le lanzó una mirada de miedo.
—aaaah, está bien, ayer una motocicleta iba pasando y no me di cuenta y el que viajaba en ella. Intento esquivarme, apenas y lo logro y me termino haciendo caer de espalda y puso mi mano como una forma de amortiguar la caída. Terminé sentada en el suelo. Pero no sentí ningún dolor, ni nada en especial.
—ya veo. Entonces así fue. Bueno, te daré unos analgésico y te mandare a hace una radiografía para ver que tan grave es la lesión.
—¿Eh? ¿Por qué?
—pues, te lesionaste la mano dominante. Y al parecer, no podrás usarla por un buen tiempo. O No lo sé. Pero hoy. No iras a la escuela.
—... —agacha el rostro.
El doctor llamo a la enfermera, la llevaron al laboratorio del consultorio. Y le hicieron la radiografía. Y en menos de una hora de esperar. Los resultados. Estaban listos.
—tal como pensé.
—¿de qué doctor? —pregunto la mamá.
—la lesión qué tiene aquí la paciente, es de grado tres, y Lastimosamente, no podrá ir a la escuela. Por lo menos un mes.
—¿qué? ¿Por qué? —pregunto Gabriela sorprendida.
—la lesión es grave. Lleva alrededor de un mes y medio en recuperación. Pero haré todo lo posible para que sea solo un mes. Mandaré la nota médica. Con tu mamá para que la entregue a tus maestros, de que estarás fuera por un tiempo. Por motivo de tu lesión.
—pero...
—es necesario. Tienes que cuidarte. Como dije. La recuperación tarda un mes y medio. Pero se hará todo lo posible para que sea solo un mes. Pero también tienes que poner de tu parte. ¿Entiendes?
—sí... —con la mirada agachada.
—no estes triste cariño. —dijo la mamá. Mientras le acariciaba la cabeza en el taxi.
—claro, tengo algo ¿como a ti no te vendaron la mano y te prohibieron ir a la escuela? ¿Qué voy a hacer ahora? Me voy a sentir muy aburrida. Y no podré ver a Carol y clara en todo un mes.
—bueno, en tu clase, les harán saber lo que paso y seguramente ellas vendrán después de clases.
—aaaah, supongo que si. ¿Puedo comer helado? Me siento deprimida.
—está bien, en cuanto lleguemos a casa, iré a comprar un poco de helado.
—gracias.
—de nada cariño. Solo descansa y recuperate.
—sí. Lo sé... —voltea hacia la ventana. —lo sé muy bien...
—¿¡qué!? ¿Gabriela no vendrá por un mes? —decía Carolina apretando fuerte su lápiz.
—hace unos minutos, su mamá nos llamó y vino a dejar la nota médica. Donde se decía que por una lesión sufrida en su mano derecha. No podrá asistir a clase. —dijo el maestro al ver la terrorífica cara de Carolina. —A, así que... Pueden ir a verla después de clases, si quieren. —temblaando. Esta chica da mucho miedo. Pareciera que me quiere matar. —hablando en su mente.
—oye Carol, cálmate. —decía Clara. Mientras se acomodaba en su escritorio y sacaba su almuerzo.
—¡estoy calmada! —con la misma. Cara de la mañana.
—pues no lo parece. Parecía que querías matar al maestro. Solo porque nos dijo eso.
—¿acaso no lo entiendes?
—no, la verdad no. ¿Qué quieres que entienda?
—Gabriela, está en su casa. Con la mano rota y nadie que la cuide.
—su mamá está ahí.
—¡pero no todo el tiempo! Ella tiene otras cosas que hacer. Y no hay nadie viendo a Gabriela y lo que hace.
—... Bueno, no creo que pueda hacer mucho con la mano así. Además, esa lesión durará un mes. Y no podrás estar con ella. 24/7 durante todo ese mes. ¿Cierto?
—... —los ojos empiezan a ponerse llorosos.
—oh, vamos. Puedes querer mucho a una persona. Pero no creo que sea para tanto.
—¿¡qué!? —se veía muy furiosa.
—no lo dije en mal plan. Solo digo que con unas cuantas veces que la vayamos a ver. Es suficiente. Hasta podemos quedarnos a dormir ahí. ¿Eso creo?
—oh... —ya se veía más relajada.
—aaaah, que bueno que funciono. —hablando en voz baja. —bueno...
—¡Ah!
—¿Qué pasa?
—¡Ahí está!
—¿Quién?
—el que causó la lesión de Gabi... ¡Oye!
—¿Eh? —reacciono el chico.
—¿así que estudias aquí?
—Eh... Sí. ¿Qué pasa? ¡Ah! Eres la chica que...
—eso no importa, tú vendrás conmigo hoy.
—¿Eh? ¿Por qué?
—¡tienes que disculparte!
—¿Con quién?
—¿Recuerdas la chica a la que por poco atropellas?
—ah, cierto, ¿Estudia aquí? Quiero disculparme con ella. Bueno, aunque también quisiera una tuya. Después del golpe qué recibí de tu parte.
—¿un golpe de tu parte? —pregunto Clara.
—es una larga historia. Luego. Ahora lo importante, es que, gracias a tu falta de atención. Ella ahora tiene una fractura en su manita derecha. ¡Tienes que hacerte responsable!
—¿Eh? ¿Se lastimó la mano?
—¡Sí!
—aaaah, está bien, iré. ¿Es en su casa verdad?
—obvio que sí. Después de la escuela. Iremos a su casa. A que te disculpes y asumas tu responsabilidad.
—pero si fue ella la que iba distraía.
—¿¡qué dijiste!?
—nada, entonces, no vemos después de la escuela. ¿Sí?
—bien, te estaremos esperando en la salida. —señalando a Clara y la salida.
—sí... Ahí estaré sin falta... —se va hacia su mesa. —bueno, haré lo que pueda... Es una chica muy bonita. —da un pequeño suspiro.