Luego de 10 años sin verse, Hanna se reencontró con un viejo compañero de la preparatoria. Pero para su sorpresa, aquella persona que estaba frente a ella era totalmente diferente al muchacho que había conocido. Hanna intentará descubrir qué le ocurrió durante todos esos años de ausencia y quizás ablandar ese duro corazón. ¿Podrá hacerle frente a su oscuro pasado?
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¿Arrastrada y mujerzuela?
Yahír y Hanna llegaron a una increíble mansión muy cerca de una zona costera en la ciudad. Parecía sacada de una película de Hollywood. La morena jamás imaginó que en su vida vería una casa tan maravillosa y costosa. Ella es una mujer de clase media, y a pesar de que ella ha visto casas muy lindas que se ajustan a su presupuesto, jamás había apreciado una de tal majestuosidad.
Yahír salió del auto y entregó las llaves a un hombre trajeado y bastante apuesto. Hanna aún se encontraba dentro del auto con el vidrio abajo, apreciando la belleza de aquel hombre que hablaba con Yahír. Éste, luego de terminar su conversación, se volteó en dirección a la mujer.
—¿No piensas bajar? El hombre va a estacionar el auto.
—Ah, lo siento. Como no dijiste nada...
—Si yo bajo, tú bajas; si yo como, tú comes; si yo dejo de respirar, tú dejas de respirar. ¿Entiendes lo que quiero decir? Así que mueve esas piernas y camina.
—Ugh. Ya volviste a ser el mismo amargado de siempre. Al menos pudiste abrirme la puerta del carro. Que poco caballero eres.
—No soy de esos. Por lo que veo tienes manos al igual que yo, con las que puedes abrir la puerta. Además, ustedes las mujeres siempre andan exigiendo eso de la igualdad de género. Pues allí está tu igualdad de género. Si yo puedo abrir la puerta, tú también puedes. Y no me hagas perder más tiempo, porque si tengo la oportunidad, haré negocios.
—Eres un maldito grosero. No te soporto—se quejó mientras salía del auto.
—¿Crees que me importa? Soy tu jefe. Tú trabajas para mí y yo me limito a pagar por tus servicios. Nada más.
—Bien, bien. Ya estoy lista. ¿Feliz? ¿Y ahora que?
—Camina junto a mí. No hagas nada estúpido y no digas nada. Deja que yo hable.
—¿OK? ¿No me digas que te preocupa que te deje en ridículo?
—Al contrario. No quiero que quedes en ridículo. Aquí las personas no son muy empáticas, y te juzgan por cómo vistas y la cantidad de bienes y negocios que poseas.
—Ay, ¡pero qué estúpidas! A la gente no se le juzga según su bolsillo, sino por la calidad de ser humano.
—Qué bueno que estemos de acuerdo en eso—la pareja llegó a una gran entrada, muy bien decorada con globos de muchos colores. Todo el camino estaba cubierto por una alfombra roja de terciopelo. En el pórtico, había otro hombre muy elegante.
—Buenas noches—dijo Yahír.
—Buenas noches, caballero—《¿Dónde tiene lo caballero?》 Pensó Hanna al escuchar al hombre—¿Puede mostrarme su invitación?
—¿Invitación? No tenía idea que existieran invitaciones. La joven Jade Rodríguez fue quien me pidió que viniera.
—Entonces no puedo permitirle el acceso. Así que por favor le pido que se marche y permita el paso a los demos invitados
—¿Perdón? Usted no me hable así, por favor. Yo no le he faltado el respeto para tratarme de ese modo.
—No le estoy faltando ningún respeto —respondió con fastidio—solo que está bloqueando el paso a los demás que si tienen invitación.
—¿Sabes con quién estás hablando?
—Por supuesto. ¿Quién no lo conoce a usted? Pero no crea que todo su dinero y su prestigio me pondrá nervioso. Yo estoy haciendo simplemente mi trabajo y se me ordenó que nada más los que tienen invitación, pueden pasar—Yahír comenzaba a perder la paciencia. Hanna estaba presenciando toda la situación. Se encontraba más que indignada por la forma en la que se estaba dirigiendo hacia Yahír. Es verdad que era un completo idiota mal educado, pero eso no significaba que debía tratarlo de ese modo. Ella intentaba contenerse, pues Yahír le dejó bien en claro que no podía hablar y decir nada. Pero simplemente no pudo. Así que de pronto apartó el gran y musculoso cuerpo de su acompañante y con una expresión fúrica, se dirigió al portero.
—Mire señor. Hemos venido desde muy lejos exclusivamente para asistir a esta fiesta por simple compromiso, a pesar de que el señor aquí presente tiene mucho trabajo que hacer e incontables negocios que finiquitar. Nadie le dio ninguna invitación. Así que le exijo que traiga a la anfitriona ahora mismo para resolver este malentendido.
—La señorita Jade está ocupada atendiendo a sus invitados y abriendo sus regalos, me temo que no será posible.
—¿Acaso le pregunté eso, pedazo de imbécil? Escúcheme bien. Es mejor que la traiga ahora mismo si no quiere que el señor aquí ponga una demanda contra usted y lo meta preso con una deuda impagable. Así que mueve ese c*** y búscala—Hanna perdió todo el glamour. El hombre no parecía intimidarse, pues Hanna era como un perro chihuahua: chiquita y muy tierna, pero muy ruidosa. Pero el destino trajo a la anfitriona.
—¿Qué ocurre?—preguntó ella al hombre mientras le lanzaba una mirada llena de desprecio—escuchó mucho ruido, ¿todo está bien?
—Verá señorita...—empezó a hablar con cierto nerviosismo—el hombre dice que usted lo invitó a su fiesta, pero no trajo invitación. Afirma que no le fue entregada ninguna—Jade levanta su mirada para ver de quien se trata, y al instante, sus ojos brillaron.
—Señor Fedrerich. Finalmente accedió a venir. Que gran honor tenerlo aquí. Me disculpo por mi hombre y su ignorancia. Como recompensa, le llevaré el mejor servicio de la casa. Adelante por favor.
—Muchas gracias. ¿Recibió mi regalo?
—Sí. Hace un tiempo atrás lo abrí. Le agradezco enormemente, me siento especial al recibir un regalo suyo. Muchas gracias.
—Gracias a usted por invitarme.
—Eso no es problema. Pero pase, pase. Bienvenido. Disfrute de la fiesta.
Yahír se encaminó hacia el interior de la mansión. Cuando pasó frente al portero le regaló una mala cara, llena de enojo. Una vez dentro, se dio cuenta de que Hanna no le acompañaba, por lo que se volteó para saber en donde se había metido, encontrándola hablando con Jade.
—¿Y esta arrastrada quién es?—preguntó Jade viendo a Hanna con asco.
—Soy Hanna Fontaine. Un placer.
—Ajá. ¿Y? ¿Eso con qué se
come? Jamás he escuchado ese apellido. ¿Acaso eres una de esas nuevas familias rica? Solo porque el destino les permitió ganar unos cuantos millones, ya se sienten de nuestro nivel. Por favor. Es mejor que te vayas. No te conozco y no recuerdo haberte entregado una invitación.
—En realidad solamente vine a...—Jade la Interrumpió.
—¡Ay! Corazón. No me hagas perder más tiempo. Tu presencia me causa estrés y dolor de cabeza. Te pido que te retires.
—Pero es que yo...
—¡A ver! Que te largues. ¿No entiendes? ¿O es que necesito traer a los guardias de seguridad?—Hanna no se sentía para nada cómoda con la forma en la que le estaba hablando. No podía ver a Yahír por ningún lado. Al parecer la había abandonado allí. Es por eso que tenía intenciones de marcharse y evitarse problemas. Pero una voz masculina la obligó a detenerse.
—Ella viene conmigo, señorita Jade. ¿Tiene alguna queja?
—Oh. Ya veo. No tenía idea de que traería una de esas mujerzuelas. No creí que era de esos hombres.
—¿Disculpe?—se atrevió a decir Hanna con enojo.
—Está equivocada. No soy de esos hombres. No es una ninguna prostituta.
—¿Ah, no? Mmm—dijo no muy feliz con la respuesta...
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Hola, hola mis lectores. Muchas gracias por haber llegado hasta este capítulo. A petición de un lector, he venido a adjuntar algunas imágenes de cómo serian los personajes, según mi criterio. Además, aprovecho para agradecerles su apoyo. Sigan disfrutando de esta loca historia. ¡Besos!
Hanna Fontain
Yahír Fedrerich
Edward León
Jade Rodríguez