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EL ANGEL DE LA MAFIA

EL ANGEL DE LA MAFIA

Status: En proceso
Genre:Mafia
Popularitas:1k
Nilai: 5
nombre de autor: Paula Mariana Jurado Ramirez

SIN ESPOILER

NovelToon tiene autorización de Paula Mariana Jurado Ramirez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

LO QUE LIA NUNCA HABÍA PODIDO CONTAR

Habían pasado varios días desde que Lia había despertado en la casa de Kiran.

Su recuperación era lenta.

Muy lenta.

Pero había comenzado.

Ya podía caminar unos minutos sin sentirse tan débil.

Comía un poco mejor.

Dormía durante períodos más largos.

Y, aunque todavía tenía pesadillas, había algo diferente en ella.

Ya no despertaba pensando que estaba completamente sola.

Sabía que, al abrir los ojos, encontraría un lugar seguro.

Y eso comenzaba a cambiarla.

Kiran, por su parte, había aprendido a no hacer demasiadas preguntas.

Sabía que Lia había sufrido.

Sabía que alguien la había lastimado.

Sabía que había pasado por un embarazo sin siquiera saberlo hasta sus últimos meses.

Y sabía que había perdido a su bebé.

Pero había muchas cosas que todavía desconocía.

Hasta aquella tarde.

El médico acababa de terminar una revisión cuando Kiran lo acompañó hasta el pasillo.

—¿Cómo está? —preguntó.

—Físicamente está un poco mejor.

Kiran asintió.

—¿Y emocionalmente?

El médico suspiró.

—Eso llevará más tiempo.

Kiran guardó silencio.

—Hay algo que me preocupa —continuó el médico—. Lia reacciona con mucho miedo cuando alguien se acerca demasiado. También se disculpa constantemente por pedir cosas tan básicas como comida, descanso o atención médica.

Kiran frunció el ceño.

—Ya lo había notado.

—Eso suele ocurrir cuando una persona ha vivido durante mucho tiempo bajo control o @m3n@z@s.

Kiran miró hacia la puerta de la habitación.

—¿Hay algo más?

El médico dudó.

—Durante la revisión mencionó a su tío.

Kiran levantó la mirada.

—¿Su tío?

—Sí. Me dijo que fue quien la crió después de que mvr13r@n sus padres.

Kiran permaneció pensativo.

Sabía que Lia había quedado huérfana siendo muy pequeña.

Pero nunca había preguntado demasiado sobre su familia.

—¿Qué dijo de él?

El médico bajó la voz.

—Que la trataba como si fuera una propiedad.

Kiran sintió cómo su expresión cambiaba.

—¿Qué significa eso?

—No quiso explicarlo todo.

El médico respiró profundamente.

—Pero por lo que pudo contarme, su tío la entregaba a hombres a cambio de dinero.

Kiran se quedó completamente inmóvil.

Por unos segundos no respondió.

—¿Desde cuándo?

—No lo sé con exactitud.

—¿Lia era menor?

El médico asintió lentamente.

Kiran cerró los ojos durante un instante.

La información era suficiente para comprender muchas cosas.

La manera en que Lia se tensaba.

La forma en que preguntaba cuánto debía pagar.

El miedo que aparecía cuando alguien le ofrecía algo.

Y aquella pregunta que le había hecho días atrás.

“¿Qué quieres a cambio?”

Ahora entendía de dónde venía.

No era desconfianza sin motivo.

Era una respuesta aprendida durante años.

—¿Ella sigue pensando que tiene que pagar por todo? —preguntó Kiran.

—Probablemente.

El médico lo miró.

—Por eso es importante que nadie la presione.

Kiran asintió.

—No lo haré.

El médico se retiró.

Kiran permaneció en el pasillo.

Miró hacia la puerta.

Durante varios minutos no entró.

No quería confrontarla.

No quería hacerla sentir interrogada.

Pero necesitaba saber algo.

No para juzgarla.

Sino para entender cómo ayudarla.

Finalmente tocó suavemente.

—Lia.

—Pasa.

Kiran abrió.

Lia estaba sentada cerca de la ventana.

Tenía un libro sobre las piernas, aunque parecía más concentrada en mirar hacia afuera que en leer.

—¿Terminaste tu revisión? —preguntó.

—Sí.

Kiran tomó asiento en una silla.

Lia lo observó.

—¿Pasó algo?

Kiran tardó unos segundos en responder.

—El médico me contó que hablaste de tu tío.

Lia inmediatamente bajó la mirada.

Su expresión cambió.

Kiran lo notó.

—No tienes que contarme nada que no quieras.

Lia permaneció callada.

—Pero…

Sus dedos comenzaron a apretar la esquina del libro.

—¿Él te dijo?

—Solo algunas cosas.

Lia respiró profundamente.

—Entonces ya sabes.

—No todo.

Ella cerró el libro.

Durante unos segundos no dijo nada.

Después comenzó a hablar.

—Cuando mis padres mvr13røn… yo tenía cinco años.

Kiran escuchó atentamente.

—Mi tío dijo que iba a cuidarme.

Su voz era tranquila.

Demasiado tranquila.

Como si estuviera narrando algo que había repetido tantas veces dentro de su cabeza que ya no sabía cómo sentirlo.

—Al principio pensé que iba a quererme.

Kiran no interrumpió.

—Pero no era así.

Lia bajó la mirada.

—Para él yo era una forma de conseguir dinero.

Kiran sintió un nudo en el pecho.

Lia continuó.

—Me entregaba a hombres.

No explicó más.

No era necesario.

—Yo no entendía por qué.

Su voz comenzó a temblar.

—Pensaba que quizá era culpa mía.

Kiran negó lentamente con la cabeza.

—No lo era.

Lia lo miró.

—Eso no me lo decía nadie.

—Porque no tenían razón.

Lia volvió a mirar hacia la ventana.

—Después crecí pensando que eso era normal.

Kiran sintió una profunda tristeza.

—No era normal, Lia.

—Ahora lo sé.

Una lágrima apareció en sus ojos.

—Pero cuando creces escuchando que tu cuerpo es lo único que tienes para ofrecer… terminas creyéndolo.

Kiran permaneció en silencio.

No quería decir algo que pudiera hacerla sentir peor.

Lia respiró profundamente.

—Después conocí a Brayan.

Kiran ya había escuchado ese nombre.

Sabía que era el hombre que había estado con ella.

Pero ahora comenzaba a comprender que Brayan no había sido simplemente otra persona en su vida.

Había aprovechado las heridas que otros habían dejado.

—Al principio fue diferente —dijo Lia.

—¿Cómo?

—Me hablaba bonito.

Lia esbozó una sonrisa triste.

—Me decía “princesa”.

Kiran la escuchó.

—Me hacía sentir importante.

Lia bajó la mirada.

—Yo pensé que finalmente alguien me quería de verdad.

Su voz se quebró.

—Y confié en él.

Kiran apretó lentamente una mano contra la otra.

Lia continuó.

—Pero después comenzó a hacer conmigo lo que quería.

Kiran no necesitó más detalles.

—Yo intentaba decir que no.

Lia tragó saliva.

—A veces funcionaba.

Hizo una pausa.

—A veces no.

Kiran sintió que una oleada de rabia le recorría el cuerpo.

Pero no dejó que esa rabia se dirigiera hacia Lia.

—Y después… —continuó ella— me hizo creer que yo no podía vivir sin él.

Lia explicó cómo Brayan había utilizado su vulnerabilidad para mantenerla cerca.

Cómo la aisló.

Cómo aprovechó su dependencia.

Cómo cada vez que ella intentaba alejarse encontraba una nueva razón para quedarse.

—Cuando me di cuenta de lo que estaba pasando… ya no sabía cómo salir.

Kiran la miró.

—No fue porque fueras débil.

Lia levantó los ojos.

—¿Entonces por qué?

—Porque alguien se aprovechó de que estabas vulnerable.

Ella se quedó callada.

Kiran continuó:

—Y antes de él, alguien más había hecho lo mismo.

Lia asintió lentamente.

—Sí.

Otra lágrima recorrió su rostro.

—Parece que toda mi vida alguien decidió por mí.

Kiran no respondió inmediatamente.

Después dijo:

—Pero eso se acabó.

Lia lo miró.

—¿Cómo puedes estar tan seguro?

—Porque aquí nadie decide por ti.

—¿Y si me quiero ir?

—Te irás.

Lia parpadeó.

—¿Aunque todavía esté débil?

—Si algún día decides irte, nadie te va a detener.

—¿Aunque no tenga dinero?

—Encontraremos una manera.

—¿Aunque no tenga dónde vivir?

—Tendrás dónde vivir.

Lia lo observó.

—¿Por qué haces esto?

Kiran sostuvo su mirada.

—Porque mereces tener opciones.

Lia comenzó a llorar nuevamente.

Pero esta vez no parecía el mismo llanto de días anteriores.

Había dolor.

Sí.

Pero también había algo parecido al alivio.

—Nunca había tenido opciones.

Kiran se levantó lentamente.

—Entonces es hora de que las tengas.

Lia respiró profundamente.

—¿Estás enojado conmigo?

Kiran pareció sorprendido.

—¿Por qué estaría enojado contigo?

—Por haber permitido que todo eso pasara.

Kiran negó inmediatamente.

—No permitiste nada.

Lia guardó silencio.

—Eras una niña cuando comenzó —continuó Kiran—. Y después fuiste una joven a la que otras personas manipularon.

—Pero pude haberme ido.

—¿A dónde?

Lia no respondió.

—¿Quién te habría ayudado?

Ella bajó la mirada.

No tenía respuesta.

Kiran continuó:

—No puedes culparte por no encontrar una puerta cuando todos los demás se encargaron de cerrarlas.

Lia sintió que esas palabras llegaban a un lugar dentro de ella que llevaba años escondido.

—Gracias.

Kiran asintió.

—No tienes que agradecerme.

Ella soltó una pequeña risa entre lágrimas.

—Siempre dices eso.

—Porque es verdad.

Por primera vez, Lia dejó escapar una sonrisa un poco más sincera.

Kiran caminó hacia la puerta.

Pero antes de salir, Lia habló.

—Kiran.

Él se detuvo.

—¿Sí?

—¿Puedo preguntarte algo?

—Claro.

—¿Por qué no eres como los demás?

Kiran sonrió ligeramente.

—No sé cómo son los demás.

Lia lo miró.

—Sí sabes.

Kiran pensó unos segundos.

—Quizá simplemente tuve la suerte de aprender que una persona no se convierte en menos valiosa porque alguien la haya lastimado.

Lia bajó la mirada.

Aquella frase permaneció en su mente.

Cuando Kiran salió de la habitación, Lia volvió a mirar por la ventana.

Su pasado seguía existiendo.

No podía borrarlo.

No podía fingir que no había sucedido.

Pero por primera vez alguien no la estaba mirando como una víctima, una propiedad o una deuda.

Kiran la estaba mirando como una persona.

Una persona que todavía podía decidir.

Una persona que todavía podía reconstruirse.

Y aunque Lia aún tenía mucho miedo…

Por primera vez comenzó a pensar que quizá su historia no tenía que terminar donde otros habían decidido.

Quizá…

Podía escribirla ella misma.

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