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La Novia Del Mafioso

La Novia Del Mafioso

Status: Terminada
Genre:CEO / Mafia / Amor prohibido / Completas
Popularitas:3.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Piccola

Un mafioso enamorado de una estudiante universitaria, ella es de una familia acomodada.

el tiene una empresa legal y aparte sus negocios ilegales.

ella es una chica curvy, el es alto y guapo

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Capítulo 18: Camisas, secretos y sombras que vigilan

📖 Capítulo 18: Camisas, secretos y sombras que vigilan

💬 Verónica — Primera persona

Abro los ojos lentamente y la luz suave de la mañana me recibe con calma. Me estiro bajo las sábanas, sintiéndome descansada, como si realmente hubiera dormido profundamente por primera vez en mucho tiempo.

—Buenos días —le digo con una sonrisa—. Dormí tan bien que se me olvidó… todo. Me siento renovada.

Está sentado al borde de la cama, con la espalda recta, las manos apretadas sobre sus rodillas. Se gira lentamente hacia mí, y hay algo en su mirada que me hace sentir que anoche no fue un sueño. Todo lo que me confesó sigue ahí, pesando entre los dos.

—Buenos días —responde, y se le nota que le cuesta encontrar las palabras—. Sobre anoche… necesito que entiendas algo. Ella no era como tú. No era… fuerte como lo eres tú. Se rindió ante mis sombras. Tú no me rindes, pero necesito que sepas que lo que te cuento no es algo que comparto con nadie.

Me siento a su lado y le acaricio el brazo con suavidad.

—¿Por qué tan serio tan temprano? Mira, es muy temprano para hablar de eso ahora mismo. No lo estoy evitando, lo hablamos cuando tengamos calma, ¿de acuerdo? Pero ahora… solo quiero que me abraces. Necesito sentir que todo está bien entre nosotros.

Suspira profundamente, como si soltara un peso enorme que llevaba en el pecho, y me atrae hacia él, envolviéndome entre sus brazos con esa calidez que solo él sabe darme.

—Bien. Por ahora… solo esto. Solo tú y yo. Nada más existe por un ratito.

Pasamos unos minutos así, en silencio, abrazados, escuchando los latidos del corazón del otro. Pero la realidad no tarda en llegar.

—Tenemos que arreglarnos —le digo con un suspiro suave—. Tengo que ir a trabajar hoy. Todavía hay mucho que terminar en la oficina antes de mañana. Y mañana no podré ir, empiezo mis exámenes finales en la universidad. Necesito concentrarme en estudiar.

Aprieta la mandíbula y se levanta bruscamente de la cama, caminando hacia la ventana.

—No puedes faltar mañana, así que hoy vamos a terminar todo lo que tengas pendiente. Pero no irás sola. Ven, alístate. Te llevo.

Me levanto y me pongo la ropa que traía ayer, pero él me observa frunciendo el ceño mientras me abotono la blusa.

—No puedes ir así. No me gusta que andes por ahí con esa ropa arrugada. —Se levanta, abre su armario y saca una camisa negra, limpia y bien planchada—. Toma. Ponte algo mío. Te quedará grande, pero estará limpio y cómodo. Y quita esa cara de sospechosa —dice alzando una ceja, con ese toque de humor que de vez en cuando se le escapa.

Me lo pongo y le digo con una sonrisa traviesa:

—¿Igual quieres que me ponga tu perfume y me cuelgue un letrero que diga “Propiedad de Rafael Mendoza”? ¿Es eso lo que buscas?

—Buena idea —responde con una media sonrisa pícara—. Quizás debería hacer eso. Así todos sabrían que eres mía.

Suelto una carcajada y él se acerca, tomándome de la cintura, mirándome con esos ojos oscuros que me derriten por completo.

—Deja de reírte y ponte bien la camisa —me dice, besándome suavemente en la frente—. Eres mía, da igual si llevas letrero o no. No necesitas nada más que tú misma para que todos lo sepan.

—Está bien, está bien, me rindo —me río acomodándome la prenda—. ¿Cómo me veo? La dejo así, mitad por dentro y mitad por fuera. ¿Me queda bien o parezco una niña perdida? —le pregunto dando una pequeña vuelta.

Me recorre con la mirada, y veo en sus ojos esa mezcla de orgullo y ternura que solo él logra despertar en mí.

—Mía. Y te ves increíble. Te queda mejor a ti que a mí, princesa.

—Jajajaja, muy bien, vámonos entonces. ¿Podemos pasar por algo de desayunar? Y dime… ¿qué harás tú hoy mientras termino todo lo mío? —le pregunto mientras salimos de su departamento tomados de la mano.

Se detiene justo antes de abrir la puerta del coche y me mira con seriedad.

—Tengo… cosas que hacer. Asuntos que atender. No te preocupes por eso. Solo prométeme algo: no vayas sola a ningún lado. Si necesitas salir, pide que alguien te acompañe. Llámame. Lo que sea, pero no andes sola en la calle. ¿Prometido?

—Muy bien, andarás con cuidado tú también, ¿de acuerdo? No cuestionaré qué haces hoy, solo te pido que te cuides mucho. Y no iré a ningún lado sola, lo prometo. Después de trabajar me iré directo a mi casa. Sin escalas, sin desvíos. Directo.

Pero cuando llegamos a la entrada de la empresa, me detiene antes de que baje del auto.

—No. Vendrás conmigo a mi casa al salir. No quiero que andes sola en la calle cuando termines. Te espero afuera a las seis. No llegues tarde.

Lo miro y suelto suavemente su mano de mi brazo.

—Rafael, necesito ir a mi casa. Tengo que cambiarme, bañarme, ver a mis papás. No puedo quedarme en tu casa todos los días. Vivimos vidas diferentes y necesitamos respetar eso.

Me mira fijamente, y veo esa chispa de posesividad que a veces se le enciende en los ojos.

—Entonces a las seis te espero afuera de tu oficina. Pero no llegues tarde. Y si alguien más se acerca a ti… me lo cuentas todo. Sin omitir nada. ¿Entendido?

—Entendido. Estará Martha, la secretaria, y Eduardo, el contador. Nadie más. Solo trabajo, nada más.

Me besa de golpe, intenso y breve, como marcando territorio, y murmura contra mis labios:

—A las seis. Ni un minuto más.

—Adiós —le digo sonriendo, y bajo del auto para entrar al edificio.

 

🖤 Rafael — Lo que ella no ve

Me quedo observando cómo entra al edificio, esperando hasta que su figura desaparece por las puertas. Entonces saco mi teléfono y marco con voz baja y firme:

—Vigílenla. De cerca. Quiero saber quién entra, quién sale, con quién habla. Y si alguien más se acerca a ella… me avisan de inmediato. No me importa si es su contador o su mejor amigo. Si no soy yo quien está a su lado, necesito saber que está segura.

Cuelgo y golpeo suavemente el volante con frustración. No quiero ser así. No quiero ser el hombre que vigila cada paso que das. Pero mi instinto me grita que no estás a salvo, y no sé cómo apagar ese miedo.

 

💬 Verónica — Mi jornada

Como no desayunamos juntos, pido algo desde una aplicación de comida. Bajo a la entrada a recogerlo, y mientras espero, tengo esa sensación extraña de que alguien me observa. Me doy la vuelta, pero no veo a nadie conocido. Solo gente pasando, autos circulando. Me sacudo la sensación y regreso a mi escritorio.

Las horas pasan revisando contratos, firmando documentos, resolviendo dudas de Martha y Eduardo. Ya pasan de las dos de la tarde cuando me llega un mensaje.

📱 Rafael: ¿Ya comiste? No me gusta que te descuides.

📱 Yo: Hola, amor… ¿puedo decirte así? Sé que no tenemos una etiqueta, pero se siente bien llamarte así. Y sí, ya desayuné hace rato, tranquilo. No me olvido de comer.

📱 Rafael: Llámame como quieras. Me gusta. ¿A qué hora sales exactamente? No me hagas esperar.

📱 Yo: En una hora máximo termino. Ya casi todo está listo. Mi chófer vendrá por mí para llevarme a casa. No te molestes en venir.

📱 Rafael: No. Yo voy. No necesitas a nadie más que te lleve.

📱 Yo: Rafael, dijiste a las seis. Déjame ir a casa tranquila, por favor. No hagas esto complicado.

📱 Rafael: Si no estás abajo en 5 minutos, subo por ti. Y no quiero hacer una escena frente a tus compañeros. Bájate. Ahora.

 

🖤 Rafael — Impaciencia y problemas que llegan

Miro el reloj apretando los dientes. Mi teléfono suena en la consola del auto.

—¿Sí? —respondo con sequedad.

—Jefe… hay movimiento. No es nada grave todavía, pero prefiero avisarle.

—No me importa que sea domingo —le digo con voz tensa—. Vigilen de cerca. No me importa de quién sea. Si alguien se acerca a Verónica o a su familia, quiero saberlo antes de que lleguen a ella. ¿Entendido?

Cuelgo y golpeo el volante con el puño. Maldita sea. ¿Por qué no puedo tener un solo día en paz? ¿Por qué siempre tiene que haber alguien o algo amenazando lo que quiero? Si no son los negocios, son mis enemigos. Si no son ellos, es mi propio pasado regresando a perseguirme. No la voy a perder. No importa qué tenga que hacer para protegerla.

 

💬 Verónica — Encuentro y tensión

Pongo los ojos en blanco ante su mensaje pero guardo todo, me despido de Martha y Eduardo.

—Chicos, por hoy terminamos. Nos vemos el próximo fin de semana, descansen —les digo con una sonrisa.

Salimos juntos por las puertas principales. Miro a un lado y a otro, pero no veo su auto. Y entonces, como si hubiera estado esperando entre las sombras todo este tiempo, aparece él caminando hacia mí con paso firme.

—¿Dónde está tu chófer? —me pregunta con una ceja alzada, visiblemente molesto.

—En mi casa, Rafael. Dijiste que vendrías tú, para qué lo hago venir y perder el tiempo. Mejor que descanse con su familia. —En ese momento Eduardo se detiene y mira a Rafael con atención.

—Disculpe… usted es… el señor Mendoza, ¿verdad? —dice Eduardo entre pensativo y sorprendido—. Creo que lo conozco. Fue usted quien rechazó nuestra propuesta de colaboración hace tres años. Nunca entendí por qué, era una excelente oportunidad para ambas empresas.

Rafael lo mira sin parpadear, con esa expresión impenetrable que pone cuando algo o alguien no le cae bien.

—Las razones eran suficientes en ese momento —dice secamente.

—Bueno, sus razones tendría —intervengo rápidamente antes de que la situación se ponga incómoda—. Quizás nuestra empresa le quedaba muy chica en ese entonces, ¿no es así, señor Mendoza? Todo crece y cambia. Que tengan un buen domingo, Eduardo. Nos vemos el próximo fin de semana.

—Igualmente, señorita Verónica. Que le vaya bien. Con permiso —se despide Eduardo, y se aleja hacia su auto.

Camino hacia Rafael y le toco el brazo.

—Vámonos. Necesito llegar a casa, bañarme y descansar un ratito antes de estudiar. Por favor, llévame a mi casa.

Me toma del codo con firmeza pero sin lastimarme, y me guía hacia su vehículo.

—Te subes. Ahora. No me discutas hoy.

—¿Qué diablos te pasa, Rafael? —le digo molesta, soltándome de su agarre en cuanto llegamos al auto—. ¿Por qué te pones así de la nada?

Arranca bruscamente, haciendo que me sujete del apoyabrazos.

—No me gusta cómo te miraba. Y no me gusta que estés tanto tiempo a solas con él. ¿Desde cuándo lo conoces tan bien? ¿Por qué te trata con tanta confianza?

—Desde siempre, Rafael. Es hijo del contador de toda la vida de mi papá. Crecimos prácticamente juntos. Es como un primo lejano para mí. Y a ti nadie te cae bien, nadie es lo suficientemente seguro. Por favor, llévame a mi casa. —Le acaricio la mano que aprieta la palanca de cambios con fuerza—. Por favor, amor. Relájate. Estamos bien.

Suelta mi mano bruscamente y me dice sin mirarme:

—No me llames así ahora. No cuando estás defendiendo a otro hombre frente a mí.

Me recargo contra la puerta, sintiendo cómo se me sube la indignación.

—Eres imposible. ¿A dónde me llevas? ¡Este no es el camino a mi casa! Rafael, esto es ridículo, parezco una prisionera. ¡Dime a dónde vamos o me bajo en la siguiente esquina!

Pero él acelera un poco más, con la mandíbula apretada, los ojos fijos en la carretera, y no responde. Solo conduce hacia algún lugar que yo no conozco. Y por primera vez… siento un escalofrío de incertidumbre recorrer mi espalda.

CONTINUARÁ ✨

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Soraya Salih
Los papás de ella y la mamá de él?
Maria Garcia
muy linda su novela
LILIANA FRANCO
mas capitulos🥰
Piccola: subire 5 capitulos por día 🫰🏼❤️❣️
total 1 replies
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