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Horizonte De Hielo

Horizonte De Hielo

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Amor prohibido / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:1.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Ariane Salvatore Falcó

Susana Reyes es fuego puro. Una teniente de la Fuerza Aérea estadounidense de raíces mexicanas que ha pasado su vida desafiando las expectativas de quienes la creen demasiado pequeña para dominar los cielos. Cuando es enviada a una remota base militar en las profundidades de Rusia como parte de un programa de intercambio de élite, espera encontrar resistencia, pero no un muro de hielo impenetrable.
Ese muro tiene nombre: Mikhail Volkov.
Con 1.90 de estatura, una disciplina de acero y una mirada azul que parece congelar el aire a su paso, Mikhail es el capacitador encargado de convertir a Susana en una piloto experta de los imponentes cazas Su-35. Para él, ella es una distracción impulsiva; para ella, él es un gigante arrogante que necesita una lección de humildad.

NovelToon tiene autorización de Ariane Salvatore Falcó para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 2

Día 1 – 12:45 PM. Base Aérea Central, San Petersburgo.

La cafetería de oficiales de la base era un recordatorio constante de que Susana ya no estaba en Arizona. En lugar de los paneles de yeso estándar y los murales motivacionales de la Fuerza Aérea de EE. UU., este espacio era un vestigio de la era soviética: techos altos de concreto, poca luz natural y un olor persistente a col hervida, pan de centeno y té negro concentrado. Fuera, el sol hacía un tímido intento de brillar, pero solo lograba que el paisaje de nieve pareciera más deslumbrante y gélido.

Susana, vestida con su uniforme de fatiga ruso —una talla demasiado grande que había tenido que ajustar apresuradamente con imperdibles—, caminaba por la línea de servicio sintiendo múltiples pares de ojos clavados en ella. Su cabello borgoña, hoy recogido en una trenza militar tan tensa que casi le dolía el cuero cabelludo, era un faro de color en un mar de uniformes grises y rostros pálidos.

No se amilanó. Enderezó la espalda, una lección de su madre mexicana para nunca mostrar debilidad, y tomó una bandeja de metal abollada. Señaló con decisión un plato de borscht (sopa de remolacha) y un trozo de pescado frito que parecía haber visto mejores días. El personal de cocina la sirvió con una eficiencia ruda, sin una sonrisa.

"Bueno, al menos la comida tiene color", pensó, observando el rojo intenso de la sopa. "Aunque probablemente sepa a tierra congelada".

Buscó un lugar para sentarse. La mayoría de las mesas estaban ocupadas por pilotos rusos que, al verla, cortaban sus conversaciones o bajaban la voz. No era una paranoia suya; era el trato estándar para un oficial de intercambio estadounidense, y más aún si era mujer y Latina. Ella ya lo había vivido en Texas, pero aquí el ambiente era, literalmente, más frío.

—¡Eh, Teniente Reyes! —Una voz rompió el murmullo ambiental.

Susana giró la cabeza y vio a un hombre joven, de unos veintitantos, que le hacía señas con entusiasmo desde una mesa cerca de la ventana. Tenía el cabello rubio cenizo y una sonrisa que parecía ajena a la severidad del lugar. A su lado, otros tres pilotos la observaban con curiosidad, aunque sin la hostilidad abierta que había sentido de otros.

Caminó hacia ellos, su bandeja en mano.

—Soy el Teniente Petrov —dijo él, poniéndose de pie y extendiendo la mano con un entusiasmo genuino—. Dmitri Petrov. Volamos Sukhois, como usted... bueno, como usted intentará. Por favor, siéntese.

Susana aceptó la mano y la sonrisa. Era refrescante encontrar un poco de calidez humana.

—Gracias, Teniente Petrov. Es un placer —respondió ella, sentándose frente a él. Los otros tres pilotos se presentaron brevemente: Sergei, un tipo corpulento que parecía un oso con uniforme; Ivan, delgado y de mirada afilada; y Yuri, un hombre mayor y más reservado.

—Dmitri está bien —insistió Petrov, reanudando su ataque a un plato de carne—. Todos aquí somos camaradas... excepto cuando estamos en el aire. Entonces somos rivales. Pero aquí abajo, la col es igual de mala para todos.

—Me di cuenta —dijo Susana, probando el borscht. Para su sorpresa, estaba delicioso, caliente y con sabor a tierra en el buen sentido, no a congelada. Sus ojos se abrieron un poco—. Vaya, esto no está nada mal. Pensé que el estándar aquí era comer cartón con sal.

Los pilotos se rieron. Yuri sonrió levemente.

—El borscht es sagrado, Reyes —dijo Ivan—. No te metas con nuestra sopa.

—Entonces, ¿qué tal el primer día? —preguntó Dmitri—. Me dijeron que te tocó el "Capitán Hielo" como capacitador. Lo siento por ti, de verdad.

Susana sintió cómo se le crispaba la mandíbula al recordar el encuentro del día anterior.

—Ah, ¿se refiere al Capitán Volkov? —dijo, usando su voz más casual—. Sí, el hombre que hace que un glaciar parezca acogedor. Me dio la bienvenida con un sermón sobre la puntualidad y una lección de vida sobre cómo el frío ruso te mata en silencio. Un encanto de persona.

Dmitri y Sergei intercambiaron una mirada de "ya te lo dije".

—Mikhail es... complicado —dijo Yuri, la voz con experiencia—. Es un piloto excepcional, quizás el mejor de su generación. Pero como persona... bueno, hace que un muro de concreto parezca una fiesta de cumpleaños. No lo tomes como algo personal. Él odia a todos por igual, pero odia especialmente a los que no son rusos, y más aún a los que considera "aficionados".

—Me encanta saber que tengo club de fans —replicó Susana, clavando el tenedor en su pescado—. Mañana a las cinco tenemos la prueba de la centrífuga. Me dijo que trajera mi propio desayuno, porque el de la base no es apto para decorar el simulador.

—Ah, la centrífuga —dijo Ivan con una sonrisa maliciosa—. Mikhail tiene un récord personal. Hizo que un coronel del estado mayor vomitara en tres minutos planos. Y luego lo criticó por su mala digestión.

—¿Tres minutos? —Susana arqueó una ceja borgoña—. Qué aficionado. En Arizona, tenemos simuladores que te sacan los pulmones por la boca si no tienes cuidado. Acepto el desafío. Que traiga su peor centrífuga. Estoy acostumbrada a los giros que te hacen cuestionar tu propia existencia.

Dmitri la observó con una mezcla de respeto y preocupación.

—Reyes, no digas eso en voz alta. Él tiene oídos en todas partes. Y si te escucha, te llevará al simulador de 12G de la división espacial solo para ver si tu ego explota antes que tus globos oculares.

En ese momento, la cafetería pareció enfriarse un grado más. Susana sintió la presión en la nuca antes de escuchar nada. Se dio la vuelta lentamente y allí estaba él.

El Capitán Mikhail Volkov estaba de pie a pocos metros, su figura de 1.90 recortada contra la luz que entraba por la ventana. Su uniforme de oficial estaba impecable, sin una arruga, y su cabello castaño claro perfectamente peinado. Sus ojos azules, pálidos y gélidos, estaban clavados directamente en ella.

Dmitri, Sergei, Ivan y Yuri instantáneamente se callaron y adoptaron una postura más formal. Mikhail caminó hacia la mesa con zancadas largas y calculadas, su presencia dominando el espacio. No traía bandeja; parecía que se alimentaba solo de disciplina y el frío de la mañana.

—Teniente Reyes —dijo Mikhail. Su voz era un barítono profundo, suave pero con una autoridad que no requería gritos—. Veo que ha encontrado compañía. Espero que sus "camaradas" no la estén llenando de falsas esperanzas sobre sus habilidades.

Susana se puso de pie, su trenza borgoña balanceándose mientras le clavaba la mirada de vuelta. Era consciente de la diferencia de estatura, pero su postura no cedió ni un milímetro.

—Capitán Volkov. Me estaban contando historias sobre su amor por la centrífuga, señor. Veo que tiene una reputación... colorida.

Mikhail esbozó una sonrisa que no era una sonrisa; era solo un movimiento mecánico de sus labios que parecía doloroso. Sus ojos azules brillaron con un desafío sarcástico.

—Me alegra que se informe, Reyes. Es bueno saber qué esperar antes de que la física le dé una lección de realidad. Mañana a las 05:00. No llegue tarde. Y, Teniente, trate de no desayunar. El pescado frito de hoy... —su mirada bajó a la bandeja de ella y volvió a subir—... no tiene una buena tasa de retención a 9Gs. Sería una lástima que su debut en el simulador fuera un desastre... culinario.

—Gracias por el consejo, Siri —replicó Susana, devolviéndole la sonrisa cargada de un veneno similar—. Pero mi estómago es tan fuerte como mi carácter. El pescado estará bien. De hecho, planeo desayunar doble para tener algo que ofrecerte si la centrífuga es demasiado fácil. Y Capitán... trate de no congelarse mientras me observa. Dicen que el granito no retiene bien el calor.

Dmitri y los demás pilotos aguantaron la respiración. Nadie le hablaba así a Mikhail Volkov. Él se limitó a entrecerrar esos ojos azules, su rostro inexpresivo pero la mandíbula apretada.

—Nos vemos mañana, Teniente Reyes —dijo él, su voz más fría que antes—. Trate de no desmayarse en los primeros diez segundos. Sería una pérdida de mi tiempo, y mi tiempo es precioso.

Se dio la vuelta y se alejó, su figura imponente desapareciendo en la cafetería. El murmullo de conversaciones volvió a subir de volumen, pero a la mesa de Susana, el silencio era palpable.

Dmitri la miró con los ojos abiertos como platos.

—Reyes... —murmuró—. Estás loca. Absolutamente loca. Pero... eso fue increíble.

Susana se sentó de nuevo, sintiendo la adrenalina correr por sus venas. No se dio cuenta de que su mano estaba ligeramente temblorosa, no de miedo, sino de la intensidad del encuentro. Probó el pescado; de repente, tenía un sabor a victoria metálica.

—Loca o no, Petrov —dijo ella, con una sonrisa de suficiencia—, mañana a las cinco de la mañana, ese témpano de granito va a descubrir que las mexicanas no solo sabemos bailar; también sabemos girar a 120 RPM sin despeinarnos. Que traiga su peor centrífuga. Estoy lista para que el frío ruso me bese la cara.

El entrenamiento físico comenzaría en menos de dos horas, y Susana sabía que su encuentro con Mikhail en la cafetería era solo el aperitivo. Mañana, bajo el peso de la gravedad, la verdadera batalla de voluntades comenzaría. Y ella no pensaba perder, ni siquiera si el mundo entero empezaba a girar.

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Nairobis Cardozo Portillo
Buenísima historia 👏👏👏
Nairobis Cardozo Portillo
😔😔😔😔
Luz Granados
por favor segunda parte, merecen quedar juntos👏
Luz Granados
muy buena, pero nos falta la segunda parte, después de sufrir tanto merecen quedar juntos.gracias...
𓏲 ๋࣭ ࣪Aɾყ S.F𑁍ɾιԃ ˖: es que me gustan los finales no felices y también los felices....este fue uno no muy feliz
total 1 replies
Rubiia sanz
venga yaaaa 😟😟😟😟 cómo no van a terminar juntos depues de todo joderr que mal 💔
Rubiia sanz: me ha gustado pero esperaba ver un poco de guerra más escenas de mikhail y susana volando en sus aviones joee es un sabor amargo 💔 pero dentro de lo que cabe está bien
total 2 replies
Nairobis Cardozo Portillo
🔥🔥🔥🔥🔥
corina
está historia me trae de los cabellos me encanta que la prota no se de esas gafas que se dejan joder de los demas
Nairobis Cardozo Portillo
🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥
Aracelis Durango
Buenísima 🔥🔥🔥🔥🔥
Nairobis Cardozo Portillo
❤️❤️❤️🔥🔥
Nairobis Cardozo Portillo
❤️❤️❤️❤️
Nairobis Cardozo Portillo
😈😈🔥🔥🔥
Nairobis Cardozo Portillo
👏👏👏👏👏👏❤️❤️❤️
Nairobis Cardozo Portillo
Se derrumbaron las barreras ❤️❤️❤️🔥🔥🔥
Nairobis Cardozo Portillo
🤭🤭🤭🤭
Nairobis Cardozo Portillo
Está buenísima 👏👏
Rubiia sanz
a mí me gustaria leer lo que piensa el al verla osea leer su opinión y narrado por el. Muy buena me encanta que ella sea piloto de cazas
Nairobis Cardozo Portillo
Susana estás jugando con fuego y te vas a quemar ese capitán es de armas tomar🔥
Nairobis Cardozo Portillo
❤️❤️❤️❤️❤️
Nairobis Cardozo Portillo
Susana eres una guerrera
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