Valeria muere asesinada por su esposo, Alejandro, un empresario frío y perfecto ante el mundo.
Pero despierta 8 años en el pasado, antes de conocerlo.
Decide cambiar su destino, evitar ese matrimonio…
y vivir una vida tranquila.
Lo que no sabe es que en su vida pasada, ella ignoró a la única persona que realmente intentó amarla.
El hombre que siempre estuvo a su lado…
pero al que nunca miró.
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Capítulo 18: Huellas en la sombra
Los días siguientes fueron un torbellino de actividad silenciosa. Valeria volvió a la universidad, pero su mente estaba en otra parte. Asistía a clases, tomaba notas, respondía cuando la profesora la interrogaba, pero por dentro estaba excavando.
Empezó en la biblioteca, no la del campus, sino la pública de la ciudad, un edificio antiguo con estantes de madera oscura y olor a polvo y papel. Allí, entre archivos de periódicos antiguos y revistas de sociedad que nadie consultaba desde hacía décadas, comenzó a trazar la historia pública de Alejandro Rivas.
Encontró su primera mención en una nota de sociedad de hace quince años. "El joven heredero toma las riendas del imperio familiar". Una foto borrosa de un Alejandro más joven, con la misma mirada fría, pero con una sonrisa que intentaba ser encantadora. A su lado, una mujer. Rubia, elegante, con los ojos bajos y una mueca que podía ser una sonrisa o una mueca de dolor.
El pie de foto decía: "Alejandro Rivas y su prometida, Sofía Mendizábal, en el evento benéfico del Museo de Arte".
Sofía Mendizábal.
Valeria sintió un escalofrío al leer el nombre. En su otra vida, Alejandro nunca había mencionado a una prometida anterior. Su historia oficial, la que ella había creído durante años, era que él era un soltero empedernido, un hombre demasiado ocupado construyendo su imperio para tener tiempo para el amor, hasta que ella llegó y "cambió todo".
Buscó el nombre en el archivo. Sofía Mendizábal. Hija de un diplomático, criada en Europa, regresando al país para casarse. Pero no había noticias de alguna boda. No había fotos de un matrimonio. Solo, abruptamente, dejó de aparecer en las revistas después de ese evento.
Como si hubiera dejado de existir.
—¿Encontraste algo?
La voz de Laura la sobresaltó. Su prima se había sentado frente a ella con una pila de papeles impresos, el resultado de sus propias investigaciones en los archivos contables de su trabajo.
—Un nombre —murmuró Valeria, señalando la foto—. Sofía Mendizábal. Fue su prometida hace quince años. Y luego... nada. Desapareció de la faz de la tierra.
—¿Desapareció?
—Literalmente. No hay más menciones. No hay escándalos de ruptura. No hay boda. Solo... silencio.
—Eso es sospechoso. Muy sospechoso.
—¿Y tú? ¿Qué encontraste?
Laura separó los papeles sobre la mesa, formando un mapa de números y fechas.
—Transferencias. Muchas. A cuentas en el extranjero. La mayoría legales, o al menos, con el papeleo suficiente para parecerlo. Pero hay una serie de pagos que me llamaron la atención. Se realizan a una fundación que se llama "Horizonte Limpio". Suena a caridad, pero cuando busqué el registro de la fundación, su única actividad es recibir dinero y transferirlo a otra cuenta en las Islas Caimán.
—¿Lavado de dinero?
—Probablemente. Pero hay algo más. Los pagos coinciden con fechas específicas. Fechas de adjudicaciones de contratos públicos de construcción. Como si alguien estuviera pagando comisiones. Coimas.
El corazón de Valeria se aceleró. Si Alejandro estaba involucrado en sobornos, eso era un delito. Un delito real, con pruebas documentales, no solo acoso difuso.
—¿Podemos usar esto?
—No directamente. Son solo papeles que saqué sin permiso. No son pruebas admisibles en un juicio. Pero nos dicen dónde buscar. Y nos dicen que no es intocable. Su imperio tiene grietas.
—Entonces necesitamos a alguien que pueda usarlas. Un periodista. Un fiscal. Alguien que no tenga miedo.
—Conozco a alguien —dijo Laura, bajando la voz—. Un periodista de un periódico independiente. Escribió un artículo hace un tiempo sobre corrupción en la construcción y casi lo demandan hasta la ruina. Pero sigue escribiendo. Dice que la verdad es lo único que no pueden quitarte, aunque te intenten silenciar.
—¿Crees que se arriesgaría a ir contra Alejandro Rivas?
—Solo hay una forma de saberlo.
Valeria miró la foto de Sofía Mendizábal una vez más. En los ojos de la mujer rubia creyó ver una sombra de su propio futuro, el futuro que había vivido y escapado. Si Sofía había sido una víctima, si Alejandro la había destruido como había intentado destruirla a ella, entonces encontrarla era encontrar el eslabón perdido.
—Tengo que encontrar a esta mujer —dijo Valeria—. Si Sofía está viva, si puede hablar... su testimonio junto con estos documentos podría ser suficiente para tumbarlo.
—¿Y si no está viva? ¿Y si el silencio significa algo peor?
Valeria recordó el frío del mármol, la sonrisa de Alejandro mientras ella moría. Recordó la facilidad con la que había enviado a Daniel al otro lado del mundo.
—Entonces tendremos nuestra respuesta sobre qué es capaz de hacer realmente. Y eso también es información.
Recogieron los papeles y salieron de la biblioteca bajo la lluvia. Por primera vez en días, Valeria sintió que tenía el control, que no era una víctima pasiva esperando el siguiente golpe.
Estaba cazando. Y el depredador no lo sabía todavía.
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...Sofia...