Cuando la corte celestial baja al mundo de los mortales para encarar a la diosa de la luna por haber roto las reglas, comienza una larga batalla en los cielos hasta que deciden eliminarla como castigo.
Sin embargo, su fiel esposa, la hará regresar como una mortal llamada: "Rinko Gumi" para que ayude a la princesa del cielo en su misión de recuperar los pergaminos antiguos.
Ahora una joven Rinko deberá proteger a la princesa para resurgir y encarar a la corte celestial en una última batalla contra los cielos.
¿Podrá Rinko resurgir y tener su revancha contra la corte celestial?
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Capitulo #18: Codicia y destrucción
⚠️ ESTE EPISODIO ESTA NARRADO POR EL ABUELO DE RINKO⚠️
Hace muchísimo tiempo… antes de que la muerte en persona se alzará como una diosa; una joven humana, aprendiz de los dioses, llamada: Xian Lyra se enfrentó por más de cinco años a siete calamidades que nacieron del mismísimo Inframundo de Terra.
Esa aprendiz usaba un arma legendaria que tiempo más tarde sería usada como un simple pilar de los dragones, y de su trasero desprendía una cola de mono, muestra de uno de sus maestros.
—¡¡Una simple aprendiz!! ¡No podrá derrotar a unas diosas como nosotras! —gritó una gigantesca araña mientras atacaba a la humana con sus afiladas patas—
—¿Diosas? ¡¡Ustedes solo saben destruir!! Ni siquiera Xian Li provoca tanta muerte en mis tierras sagradas —se quejó la aprendiz mientras su cola de mono se movía con confianza—.
—Solo es cuestión de tiempo para que destruyamos tu estúpido bastón mágico
—Jaja ¡No me hagas reír! —se burló una de las arañas o de las siete calamidades de Terra—.
A pesar de las burlas, la joven aprendiz se mantuvo firme en su lucha contra las siete, logrando así sellar a cada una de ellas en un jarrón mágico que tiempo atrás su maestra le había entregado para su misión.
Dicho jarrón le fue entregado a la corte celestial para que las calamidades fueran custodiadas por el dios del equilibrio.
—Hiciste un gran trabajo, Xian Lyra —dijo una mujer de cabello plateado—
—No fue nada, maestra, solo hice mi trabajo como su aprendiz —respondió arrodillada ante la diosa—.
Sin embargo… debido a los mortales que observaron la pelea de la aprendiz, nacieron los rumores que giraban alrededor de la sangre que desprendían las araña.
Algunos creían que eran simples inventos pero otros como un joven Rey conocido por ser el hermano de uno de los siete sabios demonios, creyó firmemente en ese rumor.
Organizando un plan con su único hijo, su plan… era simple, usaría a su esposa para llegar a la corte y ahí su hijo se encargaría de robar el jarrón.
Su esposa era una fiel guardián de los dioses y por ende era una mujer muy respetada en la corte, cosa que pareció servirle a su esposo.
Al decir verdad… su plan parecía que iba a funcionar, él logró engañar a su esposa para que consiguiera llevarlos a la corte celestial.
—¿De verdad? ¿Nos llevarás al cielo?
—¡Mamá! ¿En serio?
—Sí, creo que es un buen momento para que conozcan a mis jefes y a mis maestros
—¡Sí! ¡Genial!
—Jaja, ya veo, entonces, qué te parece si nos preparamos para el viaje
—Claro, Nah Lie —respondió su esposa ignorante de las intenciones del Rey Nah Lie—.
Mientras que su hijo logró infiltrarse en la zona donde estaban las reliquias de la corte, solo que al intentar agarrar el jarrón, el interior tembló del Jarrón, casi como si las calamidades estuvieran intentando escapar.
—¿Qué? —susurró confundido—.
El joven no pudo sostenerlo bien cuando tembló, provocando que el jarrón impactara contra el suelo… liberando a las siete calamidades que habían sido selladas tiempo atrás por aquella mujer que se volvería la diosa de la muerte.
—¡¡Al fin!! —gritó una saliendo de los restos del Jarrón de un salto—.
—Después de tantos siglos…
—Por fin hemos podido escapar de estúpido encierro —añadió la araña más grande de todas—.
—Hermanas… —dijo una al notar al joven frente a ellas—.
—¿Ah? ¿Un mortal?
—No perdamos el tiempo con él, recuerden que ella aún vive…
—Es verdad, Xian Lyra sigue viviendo en el cielo
—¡¡Vámonos!! —ordenó la mayor—.
Las siete no atacaron al joven pero sí que escaparon lo más rápido que pudieron al mundo de Terra, para esconderse en un lugar que le fuera imposible a Xian Lyra llegar.
Según las leyendas que rodean a las calamidades, las siete se encuentran en uno de las colinas donde antiguamente la diosa Moon vivía o también conocida por los viajeros como la colina de las frutas.
—Aquí nadie… ni siquiera nos va a encontrar… —murmuró escondiéndose debajo de una inmensa piedra—
Se dice que desde la muerte y el destierro de la diosa Moon, las siete han salido para comer, disfrazándose de hermosas doncellas o apuestas hombres para atraer a cada uno de los viajeros que pongan un pie en la colina.
—¡Señoritas! ¡¿Se encuentran perdidas?!
—Si quieren podemos ayudarlas
—Jaja, por favor, mis hermanas y yo, estamos muy… pero… muy hambrientas
—Por supuesto, señorita, nosotros traemos mucha comida para sus seis hermanas y usted
—Vamos, no me llames Señorita… después de todo ya somos muy cercanos
—Jaja, cierto… —susurró sonrojado y con la mirada fija en ella—
Por otro lado, aquel muchacho que las liberó fue condenado por los dioses convirtiéndolo en un monstruo de agua y le prohibieron regresar al cielo.
—¡Shu Yujin! ¡¡No sabes lo que has hecho!!
—¡¡Has condenado a muchas personas por tu codicia!!
—Tu crimen llevará a la muerte a miles de personas, todo por tu codicia
—¡Por favor! ¡Perdonen a mi hijo! ¡Él no sabía nada! ¡Él desconocía lo que contenía el jarrón!
—¡¡No nos interrumpas sin permiso!! ¡¡Shu Xian!!
—Tu también… tu irresponsabilidad como madre ha traído muerte y por ende también vas a pagar las consecuencias
En cambio su madre, fue desterrada y perdió su lugar en el cielo, además de ser condenada a vivir como un espíritu.
Gracias a la vergüenza que le generaba su apariencia, el joven huyó de su pueblo natal para ocultarse en un río de arena que muy pocos podían cruzar, pero… su castigo también recibió el rayo de luz de la redención…
—Shu Yujin… en unos años la princesa de los cielos pasará por este sitio en su largo viaje para obtener los Sutras —extendió su mano hacia Shu Yujin—. Si estás dispuesto a enmendar tu error, conviértete en su discípulo y ayúdale a concluir su viaje —añadió el dios Guanzhen dándole una luz de esperanza al joven que desató las siete calamidades—.
En cambio, aquel Rey que codiciaba la sangre de las calamidades, había perdido a cada miembro de su familia de un momento a otro, irónicamente su castigo no fue impuesto por los dioses, sino… por su propia arrogancia y codicia…