Damon despierta como Edward un vampiro débil y frágil, pisoteado por todos, el siendo mafioso más temido y el más Sádico, les demostrará quien manda.
Bill un vampiro violento y agresivo qué es manipulado por su amada Roselia pero ella solo lo ve como marioneta, hasta que un encuentro con Edward lo cambia todo.
¿Cual será el destino de ambos?
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Dejando En Libertad los Instintos
~En el reino humano~
Edward está sentado en las campanas de una iglesia hecha en ruinas junto a Sira viendo el paisaje del caos qué trae la Luna Roja hasta que un vampiro con una leve reverencia habla.
- Está confirmado Lord, su alteza Blade logró escapar de los Santos, pero en este momento está en el suelo sin poder moverse y no hay nadie quien lo ayude.
- Bien, todo salió según lo planeado y lo más probable es que se darán cuenta cuando los primeros rayos del sol iluminen los cielos —Responde Edward poniéndose de pie y estirando sus manos.
- No lo entiendo Lord, era la oportunidad perfecta para matarlo y aurrinando los planes de la Emperatriz Madre de forma inmediata, ¿Por qué dejarlo con vida?
Expresa Sira con molestia, ya que ganas de matarlo no le faltaba, Pero Edward solo ríe a carcajada mientras le mira con una sonrisa maliciosa y divertida.
— Sira, para que la venganza no sea un plato que se sirve frío, primero debemos calentarlo justo a la temperatura exacta para al final disfrutarlo, ya los verás.
En ese momento Edward hace una seña para que se dispersen y disfruten de la Luna Roja quedando solo en las campanas de la iglesia, pero dirige su mirada fijamente a las luces amarillas.
"Que lastima, me hubiera gustado divertirme con esos Santos, pero ni modo, tengo un gatito que está sufriendo"
Cae voluntario desde lo alto de la iglesia disfrutando de la brisa del viento y antes de tocar el suelo usa sus piernas e impulso para elevarse por los cielos para al final usar su velocidad para llegar al palacio e ir directamente a ese lugar especial.
Por otro lado, Bill seguía retorciéndose de dolor, mordiendo la almuada de una vieja cama con la cara roja y revolcándose por las sábanas qué perecen tener algo de polvo y suciedad.
- Esta pocilga es tu lugar especial. — Habla Edward apareciendo de la nada mirando el cuarto con desagrado.
-¿Edward?, ¿Qué haces aquí? — Responde Bill todo jadeando sorprendido de ver a su secretario.
En ese momento Edward se acerca lentamente hasta tomar asiento con una sonrisa sínica sujetando el mentón de su rostro para mirarlo fijamente.
- Qué desdicha, ¿Por qué sufrir tal agonía cuando podrías disfrutar de los placeres?
- ¡No!... Yo... Lo prometí, — Responde Bill, jadeando y apretando sus dientes.
- ¿Enserio?, mira que tan buen secretario tienes que pensando en su bienestar le trajo un poco de esto.
Edward saca de sus bolsillos un frasco de sangre humana, le quita su tapa con un solo dedo provocando qué el olor de dicha sangre inunde todo el espacio pequeño.
- ¡NO QUIERO! — Bill agarra el frasco y lo estampa con la pared aumentando aún más su sufrimiento.
-Mmm, que desperdicio Majestad, todo esto por una estúpida promesa, pero como su secretario es mi deber ayudarlo en sus necesidades.
Edward de un solo movimiento coloca a Bill sobre sus piernas y crea se muerde el pulgar del dedo hasta que empieza a sangrar para que meta ese mismo dedo en sus labios hasta sentir la lengua de su emperador.
- Usted prometió no tocar a los seres humanos, pero este servidor suyo no pertenece a esa raza inferior, ¡Libere sus intintos de nuestra raza majestad!.
Bill ya no pudo aguantar más, desde probó esa gota de sangre, con sus manos apretó el brazo de Edward y clavo sus colmillos bebiendo cada gota de su sangre sin desperdicio.
Edward soltó un quejido de dolor debido a la brusquedad del emperador además de ser la primera vez que alguien bebe de su sangre, pero al final sonríe de forma malicioso y con la otra mano libre acaricia los cabellos de Bill.
Horas después el emperador cae rendido sobre los brazos de su secretario después de saciar su sed, pero Edward mira fijamente a Bill acariciando las mejillas de este admirando cada rincón de su rostro.
- ¿En qué estaba pensando el autor para llamarte un psicópata?, ni siquiera tienes malicia ni astuta, eres como una presa fácil para las serpientes qué te rodean, pero no importa que, yo te protegeré y te llenaré de gloria, poder y riqueza, solo tienes que ser mío, Solo mío.
Edward fija su mirada en los labios de su vampiro y sin dudar junta le planta un beso apasionado hasta jugar con su lengua para que al final lo cargue en sus brazos llevándolo a sus aposentos por los pasillos tan solitarios con el cielo aún teñido de rojo.