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Casada Con El Gemelo Equivocado

Casada Con El Gemelo Equivocado

Status: En proceso
Genre:Malentendidos / Romance
Popularitas:8.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Hash_BL

Quinn Akerman tenía una vida cuidadosamente planeada… hasta que el destino decidió estrellarla contra el suelo a diez mil metros de altura. La muerte de sus padres en un accidente de avión no solo la dejó con un duelo imposible de procesar, sino también con una empresa familiar al borde de la quiebra y una hermanita pequeña, Lily, luchando contra la leucemia.

Acorralada por deudas, abogados y médicos que no aceptan promesas como forma de pago, Quinn se ve obligada a aceptar un acuerdo tan frío como cruel: casarse con uno de los gemelos Benedetti, herederos de un imperio empresarial que alguna vez fue socio de su padre.

El problema no es el matrimonio. El problema es que se casa con el gemelo equivocado.

Eitan Benedetti es serio, mordaz, aparentemente incapaz de sentir algo que no sea control. Eiden Benedetti, en cambio, es carismático, provocador y peligrosamente encantador. Dos rostros idénticos, dos almas opuestas… y una verdad que amenaza con destruirlos a todos.

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Capítulo 17

Quinn

Después del desastre emocional que había tenido con los gemelos del demonio en el jardín, lo único que supe con certeza fue que necesitaba salir de esa casa.

Y Lily también.

La encontré en la sala de estar, sentada en el suelo con unos lápices de colores, concentrada en dibujar algo que parecía un dragón con alas torcidas y una sonrisa enorme.

—¿Te gustaría salir un rato? —le pregunté, intentando que mi voz sonara ligera.

Levantó la cabeza de inmediato, con los ojos brillantes.

—¿Salir salir?

—Salir salir —confirmé—. Comprar juguetes. Y quizá… —bajé la voz, conspiradora, como si lo que le iba a decir fuera un secreto— helado.

Se levantó de golpe y saltó de alegría sin ningún pudor.

—¡Sí! ¡Vamos Quinn! ¡Vamos!

Eso fue suficiente.

Subí primero a mi habitación. Necesitaba una ducha. Necesitaba que el agua me borrara, aunque fuera por unos minutos, las palabras de Eiden y la mirada de Eitan clavada en mi espalda.

El agua caliente cayó sobre mí, relajando mis músculos, como un reinicio necesario. Me lavé el cabello con calma, dejé que el vapor llenara el baño, respiré profundo. Cuando salí, me sentía un poco más yo.

Abrí el clóset y busqué algo cómodo, pero bonito. Nada formal. Nada que gritara “esposa Benedetti”. Elegí unos jeans claros que se ajustaban bien, una blusa blanca de tela suave con botones pequeños y mangas ligeramente sueltas. Encima, una chaqueta color crema. Zapatillas blancas. El cabello suelto, apenas ondulado. Un toque mínimo de maquillaje.

Perfecta para un día normal.

Algo que últimamente para mí parecía un lujo inalcanzable.

Fui a la habitación de Lily. Estaba sentada en la cama, balanceando los pies.

—A ver, señorita —dije—. ¿Qué vamos a ponernos hoy?

Abrimos su clóset juntas. Ella eligió un vestido azul claro con pequeños girasoles bordados y unas zapatillas rosadas. Le ayudé a vestirse, peiné su cabello con cuidado y le puse un lazo pequeño.

—Te ves hermosa —le dije.

—Como tú —respondió, muy seria.

De pronto sentí nostalgia y un nudo se me formó en la garganta. La abracé un segundo más de lo normal, como si así pudiera protegerla y evitar que sufriera más.

Pedimos al chofer, para que nos llevara. El señor Marcos apareció puntual, como siempre.

—Al centro comercial, por favor —le indiqué.

Durante el trayecto, Lily no dejó de hablar. De muñecas, de juegos, de todo lo que quería comprar “ahora que me encontraba mejor”. Yo la escuchaba, sonriendo, agradecida de que su risa aún pudiera existir después de todo.

La primera tienda fue de muñecas. Lily entró casi corriendo. Se detuvo frente a una estantería llena de vestidos diminutos y caritas de porcelana.

—Esta —dijo señalando una muñeca de cabello castaño—. Se parece un poco a ti.

—¿Ah, sí?

—Sí. Porque parece valiente, al igual que tú... pero, a veces necesitan un poco de amor en su vida.

Tragué saliva y la compré sin pensarlo.

Después entramos a una tienda de peluches y a una de juegos de mesa infantiles. Lily eligió un rompecabezas enorme y un oso rosa que casi era de su tamaño.

Cuando salimos, ambas estábamos agotadas. Yo cargaba bolsas, ella cargaba felicidad. Y pues yo también lo era al verla tan feliz.

—Helado, Quinn. Vamos por helado —dijo, como si fuera una orden divina.

Entramos a una heladería luminosa, con mesas pequeñas y olor a azúcar. Nos sentamos y pedimos. Lily pidió fresa. Yo… aún no sabía.

Fue entonces cuando lo vi.

Un chico rubio, alto y con una sonrisa coqueta. Estaba a unas cuantas mesas de distancia, de nosotras. Se levantó con dos helados en la mano y se acercó sin titubeos.

Estaba guapo el condenado y de cerca lo era aún más. Aunque no se le compara a Eitan, él es más hermoso, varonil y sexi, pero... obvio no lo iba a admitir.

—Disculpen —dijo—. No pude evitar escuchar que se demoraban con los pedidos, por un inconveniente que tuvieron con las máquinas.

Miró a Lily y se agachó un poco.

—Ten, preciosa —le dijo, ofreciéndole el helado de fresa—. Para que no tengas que esperar.

Lily me miró, buscando permiso.

—Está bien —le dije, sorprendida.

El chico me tendió el de vainilla.

—Y para ti.

—Gracias —respondí—. No era necesario.

—No es nada, preciosa —dijo guiñándome un ojo—. Soy Alexander, pero para tí Alex.

—Quinn.

—Encantado de conocerte Quinn, bonito nombre por cierto.

Justo cuando iba a decir algo más, sentí una presencia detrás de mí.

—Sí, bonito nombre. MÍ ESPOSA no come helado de vainilla —dijo remarcando aquella palabra, como si con eso le hiciera entender que no tenía porque estar hablándome.

La voz de Eitan fue tan firme que resonó en la heladería.

Me giré de golpe.

Estaba ahí. De pie. Impecable con ese traje ajustado a su cuerpo. Tenía la mirada clavada en Alex con una intensidad peligrosa.

—Ella solo come helado de chocolate —añadió tensando su mandíbula aún más.

Me quedé helada, ¡cómo él sabía eso!

¿Mi esposa?

¿Solo come helado de chocolate?

Alex alzó las cejas, algo incómodo.

—Oh… no lo sabía —añadió mostrando una sonrisa ladeada, tratando de aligerar la tensión que había.

—Claro que no lo sabes —respondió Eitan con una mirada fría—. Porque no es tu asunto. Porque es MÍ ESPOSA.

El silencio fue tenso, espeso e incómodo.

—Eitan —dije, buscando calmar el ambiente—, ¿qué haces aquí?

—Vine a buscarlas —respondió sin apartar la vista del rubio—. Ya es tarde.

Alex dio un paso atrás resignado.

—Fue un gusto conocerte —me dijo con una sonrisa—. Disfruten el helado.

Se fue y Eitan lo siguió con la mirada. Créeme que si las miradas matarán él chico rubio desde el primer instante ya estaría tres metros bajo tierra.

Yo miré a Eitan, incrédula.

—¿Desde cuándo sabes qué helado me gusta?

Sus ojos se suavizaron apenas un segundo.

—Desde siempre —respondió—. Solo que antes no prestabas atención a que yo también te observaba.

No supe qué decir.

Lily rompió el silencio.

—Eitan —dijo—. ¿Quieres helado?

Él suspiró, agachándose junto a ella.

—Otro día, pequeña.

Yo lo miré con el corazón acelerado.

Estaba celoso, de eso estaba segurísima.

Habían celos en su postura, en el tono con el que le habló a ese chico Alex. En esa manera de marcar territorio que yo no había pedido... pero que, para mi sorpresa, no me resultó del todo desagradable.

Y eso fue lo que más me asustó.

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Andrea M. Suarez Vallejo
esto va para largo, 42 capitulos y un solo beso, el miedo de ambos es tan grande
Karen
Nena, por favor actualiza 🥹 Está súper bueno el libro!!
Andrea M. Suarez Vallejo
me ha gustado hasta ahora
Karen
♥️
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