Nina reencarna en un mundo mágico con una nueva oportunidad para ser feliz.
*Esta novela es parte de un gran mundo mágico, te invitamos a leer el resto de las historias*
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Beso
Mientras tanto, Nina y Roland se alejaron del bullicio del baile.
Caminaron por los jardines reales, donde lámparas colgantes flotaban entre los árboles y pétalos caían como nieve dorada.
Ella caminaba a su lado, con los dedos rozando sin querer el dorso de su mano.
Roland se mantuvo firme, como siempre… pero algo en él estaba tenso.
Nina lo notó.
Nina: Roland… ¿estás pensando en algo?
Roland: Solo en… muchas cosas.
Ella se detuvo y lo miró de frente, sin miedo, sin dudas.
La luz de las lámparas se reflejaba en sus ojos verdes, haciéndolos brillar como gemas vivas.
Nina: ¿Puedo decirte algo?
Roland: Por supuesto.
Ella respiró hondo, como si por fin soltara un secreto.
Nina: Esta boda… me hizo soñar.
Roland: ¿Soñar?
Nina: Sí. Con el amor.. Ver cómo el rey Adrian mira a la reina Liora… cómo la protege, cómo la respeta… Yo quisiera… algo así. Algún día. Un amor que te haga sentir segura. Que te haga sentir vista. Que te haga sentir querida.
Roland sintió que el mundo se estrechaba a ese pequeño espacio entre ambos.
Roland: Nina…
Ella se acercó un paso más.
Nina: No sé si yo algún día tendré algo así… Pero es bonito soñar.
El capitán sintió cómo sus barreras se quebraban por dentro.
Cómo la disciplina de años temblaba frente a una sola frase suya.
Roland habló con la voz más baja que jamás usó.
Roland: Usted merece ese tipo de amor.
La forma en que lo dijo… fue casi una declaración sin querer.
Nina bajó la mirada, ruborizada.
[Si supiera cuánto deseo ser el hombre que pueda darle eso.]
Y Nina, sin pensarlo más, sin planearlo, sin medirlo… se inclinó un poquito hacia él. Muy poquito.
Justo lo suficiente para rozar sus labios contra la piel entre su mejilla y la comisura de la boca.
Un beso pequeño.
Tímido.
Apenas un suspiro hecho gesto.
Ella se apartó de inmediato, completamente sonrojada.
Nina: ¡Ay… perdón! Yo… no quería..
Roland no la dejó terminar.
En un solo movimiento, firme, pero delicado, apoyó su mano en su cintura y la acercó a él, con un suspiro contenido desde hacía semanas, inclinó el rostro y la besó.
Fue un beso profundo… pero suave. Lento.. Cálido.. Como si él hubiera estado esperando ese instante sin saberlo.
Roland la besó con una mezcla de control y emoción, como quien sostiene algo precioso con las manos, temiendo dañarlo.
Su mano en la cintura la mantuvo cerca, guiándola sin apuro.
Nina, temblorosa pero feliz, apoyó una mano en su pecho.
Sintió el latido fuerte, firme, casi desesperado bajo el uniforme.
Roland inclinó un poco la cabeza para profundizar el beso, sin romper la suavidad, solo haciéndolo más íntimo, más claro, más sincero.
Cuando finalmente se separaron, apenas unos centímetros, Nina respiraba rápido, los ojos brillantes.
Nina: Roland…
Roland apoyó su frente contra la de ella, aún sosteniéndola por la cintura.
Roland: No te disculpes.
Su voz era baja, casi un murmullo.
Roland: Hace tiempo que quería hacer esto.
Nina sintió que el mundo se le hacía pequeño, cálido, perfecto.
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