Haberle querido fue un error, pero seguía deseándole…
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Capitulo 24
Ella lo miró de reojo.
–¿Por qué Maxwell River Outdoors no tiene oficinas aquí?
–Porque los inmuebles son muy caros en Manhattan. Además, no nos hace falta. Estamos muy cerca. Podemos venir desde Maine y volver en el día, como hicieron ayer Nathan y Fabio.
–¿Puedo hacerte otra pregunta? –musitó ella mirando el agua–. Es personal.
A él se le hizo un nudo en el estómago.
–Claro.
–Te he visto la rodilla. Supongo que las dos cicatrices más largas y recientes son de cuando te pusieron la prótesis.
–Sí.
–Pero tienes muchas más.
Él se encogió de hombros.
–Tuvieron que operarme para reconstruirme la rodilla después del accidente de coche.
Ella le tocó la pierna.
–Lo siento mucho.
A él no le gustaba hablar del accidente.
–Decías que tenías otra pregunta.
–¿Podrás volver a practicar esquí de competición?
Él sabía la respuesta perfectamente, pero apenas podía pronunciarla.
–De ningún modo –dijo con brusquedad–. Aunque pueda volver a lanzarme por una pendiente, no podré esquiar con la suficiente agresividad para competir. Para hacerlo hay que arriesgarse, hacer los giros con precisión, ganar todos los segundos posibles… Ya no puedo hace nada de eso.
Reconocerlo y hacerlo además ante Helena fue catártico y profundamente doloroso.
Ella le acarició la pierna distraídamente.
–¿Y esquiar por placer?
–El médico dice que sí, siempre que no lo intente demasiado pronto y lo fastidie todo, como hice hace dos meses. Cree que cuando la rodilla haya cicatrizado adecuadamente, podré descender tranquilamente por pistas para principiantes.
–¿En serio? –preguntó atónita.
–No, no hablo en serio, pero podría ser. Nada será igual.
–Puedes hacer otras cosas que te gusten –dijo ella. La compasión que sus ojos le transmitían era un regalo que no estaba dispuesto a aceptar.
–Esquiar es todo lo que tengo, Helena. El deporte lleva tanto tiempo definiéndome que no sé quién soy sin el viento, la montaña y el frío escozor de la nieve en el rostro.
–Mucha gente rica apoya causas solidarias. Incluso llegan a cambiar el mundo. Tal vez te sea difícil verlo ahora, por todos los desencantos que has tenido. Pero ayudar a los demás podría ser una forma de recrear la satisfacción que te proporcionaba esquiar.
–Vamos a cambiar de tema –dijo él ásperamente. Ella se estremeció, lo cual le indicó que había captado el mensaje subyacente de que no se metiera donde no la llamaban. Ella no insistió.
–De acuerdo. Háblame de la esposa de Fabio. Me han llegado rumores, pero me gustaría que me contaras la verdad.
Fue un gran alivio para él no seguir hablando de temas que ni siquiera había resuelto.
–Fabio se casó con su novia del instituto, pero solo tras una larga y horrible pelea con mi padre.
–¿A qué te refieres?
–No sé si alguna vez te cruzaste con mi padre en el despacho. No es probable. No le gustaba mezclarse con la gente normal –Dan lanzó un bufido–. En realidad, no le gustaba la gente. Se pasaba la vida previniéndonos contra las «sanguijuelas», como él decía, que intentarían utilizarnos.
Helena se estremeció…