Kenji solo quería una vida tranquila, pero reencarnó como el profesor más temido del mundo... sin saber que también es el más fuerte.
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: El amanecer más esperado del reino
Los primeros rayos del sol comenzaron a iluminar lentamente la inmensa mansión mientras una ligera neblina cubría los jardines.
El canto de los pájaros llenó el ambiente y el pequeño gato blanco fue el primero en despertar. Se estiró perezosamente sobre la enorme cama, caminó hasta la almohada de Kenji y le dio un suave golpecito con la pata en la mejilla.
Kenji abrió los ojos poco a poco, todavía adormilado, y tardó unos segundos en recordar dónde estaba.
Después sonrió con tranquilidad y acarició la cabeza del gato.
—Buenos días... Dormiste mejor que yo. El animal respondió con un pequeño maullido y volvió a acomodarse a su lado.
Kenji permaneció unos instantes mirando el techo mientras disfrutaba del silencio. «Qué agradable... Nadie está gritando, nadie golpea un escritorio y nadie me llama por teléfono para pedirme un informe urgente.» Solo ese pensamiento fue suficiente para hacerle sonreír con alivio.
Al otro lado de la puerta, el mayordomo llevaba más de una hora esperando junto a varias sirvientas.
Todos sostenían bandejas con el desayuno cuidadosamente preparado. Nadie se atrevía a tocar la puerta. Permanecían inmóviles, observando el reloj con paciencia absoluta. Una de las sirvientas más jóvenes susurró con curiosidad.
—¿No deberíamos avisar al señor de que ya amaneció? El mayordomo negó lentamente con la cabeza. —Nuestro señor descansó muy tarde.
Despertarlo sería una enorme falta de respeto. Otra sirvienta bajó la voz aún más. —Pero los sastres reales, los alquimistas y los joyeros ya llegaron hace media hora... Incluso los duques que regresaron anoche siguen esperando en la entrada.
El anciano cerró los ojos con absoluta serenidad. —Entonces seguirán esperando. Nadie tiene más importancia que el descanso de nuestro señor.
Mientras tanto, frente a la mansión, la escena era completamente absurda. Decenas de carruajes ocupaban el camino principal.
Nobles, héroes, magos, comerciantes y caballeros permanecían perfectamente formados, todos esperando pacientemente la oportunidad de saludar a Kenji.
Ninguno mostraba impaciencia. Al contrario, todos hablaban en voz muy baja para evitar hacer ruido.
Uno de los duques observó la residencia con admiración. —Jamás pensé que haría fila para visitar a alguien.
El Gran Archimago sonrió levemente. —Considérelo un honor. Si el profesor decide recibirnos hoy, podremos contar esa experiencia a nuestros nietos.
En el Palacio Real, la situación era todavía más caótica. El rey desayunaba apresuradamente mientras escuchaba los informes de los ministros.
—Majestad, los mejores cocineros del reino ya llegaron al palacio.
Los músicos terminaron los ensayos durante la madrugada y los jardineros llevan toda la noche decorando los patios.
La reina sonrió con satisfacción. —Excelente. Quiero que todo sea perfecto cuando llegue el profesor Kenji.
El príncipe heredero levantó la vista de su taza de té.
—¿Ya salió de su mansión?
Un mensajero respondió con nerviosismo. —Todavía no, alteza. Según el último informe... continúa descansando.
Toda la sala quedó en silencio. El rey asintió lentamente. —Entonces nadie deberá molestarlo. Esperaremos el tiempo que sea necesario.
En ese mismo momento, dentro de la habitación, Kenji terminó de desperezarse y caminó tranquilamente hacia el balcón.
Abrió las enormes puertas de cristal y respiró profundamente el aire fresco de la mañana.
Una inmensa corriente de maná descendió desde el cielo y rodeó la habitación
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Las palabras del Gran Archimago hicieron que el inmenso salón del trono quedara completamente en silencio. Nadie volvió a pronunciar una sola palabra durante varios segundos.
El viejo mago dejó lentamente el informe sobre la mesa y respiró profundamente antes de continuar.
—Las bestias mágicas no están rodeando la mansión para atacar... la están protegiendo. Los unicornios permanecen en el bosque oriental.
Los lobos mágicos vigilan las montañas. Las aves espirituales sobrevuelan el cielo.
Incluso las serpientes sagradas se encuentran ocultas bajo tierra formando un segundo perímetro de defensa.
Jamás había visto algo semejante. Ni siquiera cuando los antiguos héroes salvaron el continente ocurrió algo parecido.
El rey sintió un escalofrío recorrer su espalda mientras observaba el mapa del reino. —Entonces... ¿todas esas criaturas decidieron servir voluntariamente al profesor?
El anciano cerró lentamente los ojos. —No exactamente. Es peor. Lo consideran una existencia que debe ser protegida por instinto.
Los ministros comenzaron a intercambiar miradas nerviosas. Uno de los generales dio un paso al frente con expresión preocupada.
—Majestad... si alguien intentara atacar esa mansión... ¿qué sucedería? El Gran Archimago soltó una pequeña risa cargada de resignación.
—No alcanzaría siquiera el portón.
Antes tendría que atravesar miles de bestias mágicas, decenas de barreras ancestrales, la guardia personal del profesor y, en el remoto caso de sobrevivir a todo eso... tendría que enfrentarse al propio Kenji.
El salón volvió a quedar en silencio. Incluso los caballeros más orgullosos bajaron discretamente la cabeza. Ninguno deseaba imaginar semejante escenario.
Mientras tanto, en la inmensa mansión, todo permanecía en absoluta calma. Kenji ya dormía profundamente abrazando una almohada con una expresión completamente relajada.
El pequeño gato blanco seguía acurrucado junto a él, moviendo ligeramente las orejas mientras soñaba.
La habitación estaba envuelta por un ambiente tranquilo y cálido.
Cada respiración del profesor hacía que pequeñas partículas doradas de maná aparecieran alrededor de la cama antes de desaparecer lentamente en el aire.
Aquellas diminutas luces eran tan abundantes que parecían un cielo lleno de estrellas.
Fuera de la habitación, el mayordomo caminaba lentamente por el pasillo acompañado por el jefe de la guardia.
Ambos revisaban el estado de la mansión durante la noche. Una sirvienta apareció corriendo con un ligero gesto de preocupación.
—Señor mayordomo... el jardín volvió a crecer. El anciano suspiró como si aquello fuera lo más normal del mundo.
—¿Cuánto esta vez? La joven consultó rápidamente un pequeño cuaderno. —Los rosales crecieron cuatro metros, aparecieron treinta y siete flores espirituales nuevas y el árbol del patio floreció por tercera vez esta semana.
El mayordomo anotó todo con absoluta tranquilidad. —Llamaremos a los jardineros por la mañana. Que nadie pode nada antes de que el señor Kenji despierte. Las sirvientas asintieron inmediatamente.
No muy lejos de allí, los jardineros de la mansión observaban el enorme jardín completamente sorprendidos.
Uno de ellos llevaba más de cuarenta años cuidando plantas mágicas y jamás había visto un crecimiento semejante. Se rascó la cabeza mientras miraba un pequeño arbusto que, durante la noche, se había convertido en un árbol de varios metros.
—Otra vez... Uno de sus compañeros suspiró.
—Cada vez que el señor duerme tranquilo, el jardín intenta convertirse en un bosque sagrado.
Un tercero comenzó a tomar apuntes con expresión seria. —A este paso tendremos que ampliar la propiedad.
En el bosque cercano, las bestias mágicas continuaban completamente inmóviles. Ninguna dormía.
Un enorme dragón de escamas negras descendió silenciosamente entre los árboles y observó la mansión desde la distancia.
Era un Dragón Ancestral, una criatura cuya sola aparición bastaba para destruir ciudades enteras.
Sin embargo, en lugar de acercarse, inclinó lentamente la cabeza hacia la residencia. El viejo lobo negro lo observó con calma.
—Has venido.
El dragón respondió con voz grave. —Solo quería confirmar el rumor.
Permaneció varios segundos sintiendo la inmensa presencia que emanaba desde la habitación de Kenji y, finalmente, retrocedió un paso. —Es real... No debemos molestarlo.
Acto seguido desplegó lentamente las alas y desapareció en el cielo nocturno sin atreverse a acercarse un metro más.
Dentro de la habitación, completamente ajeno a todo aquello, Kenji cambió de posición sobre la cama y murmuró dormido.
—No... jefe... el informe... lo termino mañana... Cinco palabras sencillas. Nada más. Sin embargo, en el mismo instante en que las pronunció, una poderosa onda de maná recorrió toda la mansión.
Las barreras mágicas brillaron nuevamente, las bestias del bosque inclinaron la cabeza con mayor respeto y, en el Palacio Real, el Gran Archimago abrió los ojos de golpe mientras observaba el horizonte.
—Despertó... no... solo habló dormido...
El anciano dejó escapar un largo suspiro.
—Y aun así... todo el reino acaba de sentir su presencia.