Lelia sale del convento para asistir a la boda de su hermana, estaba feliz al saber que se casaba por amor, pero nunca se imagino que su vida iba a cambiar.
Su destino la iba a llevar por un camino muy diferente al que pensó y le iba a poner pruebas muy duras.
¿Podrá Lelia superar todo lo que le prepara el destino?
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CAPÍTULO 17
Apolo sintió cómo su lengua recorría su pecho hasta llegar a su cuello como si lamiera un caramelo; no quiso apartarla. Esta parte de su sueño le agradó y quería que siguiera porque lo estaba disfrutando, pero lo peor fue cuando lo muerde.
Apolo maldijo y rápido la avienta para quitársela de encima; le había dejado una gran mordida en el cuello. Lo bueno es que no le sacó sangre, pero sus pequeños dientes quedaron marcados.
Molesto, voltea a verla, pero ¿qué podía decirle? Esa mujer se miraba hermosa durmiendo y tenía el sueño tan pesado que nada la despertó.
Maldijo para sí mismo y esperó un poco para acostarse; la miró tranquila, quieta en un solo lugar, durmiendo como si nada la perturbara.
Se acuesta a dormir; estaba por no saber nada de él, se estaba quedando profundamente dormido, cuando nuevamente siente que esa mujer lo abraza, pero esta vez fue diferente, la escuchó decir.
—Sálvame, por favor, no me dejes sola, tengo mucho miedo. -
Estaba llorando, temblando por el miedo que tenía, y él sintió tristeza de verla así; la abraza con ternura al mismo tiempo que le dijo.
—No tengas miedo, estoy aquí y te voy a proteger, nadie te va a lastimar, mi princesa. -
Eso la calmó y se acurrucó entre sus brazos; desde ese momento no volvió a moverse, se quedó tranquila con su cabeza en el pecho de Apolo.
Apolo se quedó quieto y, a pesar de que no le gustaba que nadie durmiera con él, al tenerla en sus brazos le gustó tenerla así de cerca; hasta su agradable olor a rosas lo relajó tanto que se quedó dormido sin darse cuenta.
Lelia fue la primera en despertar; al abrir sus ojos se encontró con el apuesto rostro de Apolo.
Al ver que estaba casi encima de él, se levantó a toda prisa; daba gracias a que seguía dormido.
Va a su baúl y saca un vestido de los más sencillos que tenía, junto con un corset; ella, gracias a las monjitas, aprendió a vestirse sola, hasta sujetar bien el corset. No le quedaba tan ajustado, pero era suficiente para que le quedara bien puesto.
Una vez que estuvo vestida, salió de la habitación; eran las 7:30 am, ya el sol había salido. No pudo evitar ir a la cocina.
Cocinar era algo que le gustaba y, aunque le dijo que no lo hiciera, no pensaba hacerle caso; ya tenía su justificación para todos.
Les iba a decir que le gustaba que el Duque comiera su comida, porque no iba a dejar que nadie le quitara lo que más le gustaba hacer.
Al entrar a la cocina sin decirles nada a los empleados, empezó a tomar algunas verduras, carne y algunas especias.
Preparó un estofado de carne con verduras; en el horno metió un pan que serviría como acompañamiento, una ensalada de lechuga, cebolla y zanahoria rallada.
La cocinera probó el estofado, le pareció bastante bueno y el pan hacía que fuera una comida perfecta.
El ama de llaves también lo probó; era la mujer que había trabajado con los padres del duque, la trabajadora más antigua junto con un hombre que se la pasaba al lado de Apolo; le ayudaba con todos los asuntos y problemas que traían los negocios del ducado.
Al probar el estofado se sorprendió por lo bien que sabía y rápido le habló a Paolo para que comiera.
Lelia miraba que todos se le quedaban viendo; pensaba que era porque nuevamente estaba en la cocina y rápido les dijo que cocinó para el duque, quería sorprenderlo, palabras que mencionó para justificar su entrada a la cocina, una explicación que nadie le pidió, porque la realidad era que todos la miraban por la herida de su labio; lo que pensaban era que el duque había sido bastante brusco con ella, aunque nadie se atrevía a mencionarlo, por eso solo la miraban.
A Alicia (ama de llaves) le pareció extraño que diera explicaciones; era la duquesa y en esa casa podía hacer lo que quisiera, sin justificar sus acciones.
A Paolo también le pareció extraño su justificación, pero los dos solo se miraron y se quedaron callados; solo comieron la rica comida que hizo.
Lelia ordenó que les dieran a todos los empleados; había hecho bastante, disfrutaba que las personas comieran lo que preparaba.
Se quedó viendo a todos comiendo, ver sus expresiones de satisfacción al comer y escuchar sus palabras de lo bien que sabía todo era algo que le subía el ego.
Al ver que todos terminaban su plato, decidió salir, ir a la sala y esperar a que Apolo bajara para desayunar juntos.
Para su suerte, se lo encontró en la puerta; que apenas la miró, la tomó de brazo y la jaló para llevarla al despacho.
Al cerrar la puerta le dice.
—No sabes obedecer, te digo que no hagas eso y vas a hacerlo; parece que te gusta verme molesto, estar en mi contra. -
Lelia se para enfrente de él y le dice.
—Cocinar me gusta y no pienso dejar de hacerlo; ya les dije a todos que lo hago por ti, así que tienes que comer todo lo que haga sin protestar.
No hagas un escándalo por esto, solo déjame este gusto; prometo que no te perjudicarán, todo será dentro de casa y puedes hablar con los empleados para que nadie hable de esto fuera de la mansión. -
Apolo suspira profundamente para calmarse; aunque él no estaba molesto porque estuviera cocinando, estaba molesto porque despertó y no estaba acostada a su lado. Lo peor era que no sintió cuando se despertó.
Había dormido tan profundamente que no sintió nada de lo que pasaba a su alrededor; era la primera vez que le pasaba y se sentía frustrado.
La abraza pasando su brazo izquierdo por su cintura, la pega a su cuerpo y la levanta hasta dejarla sobre las puntas de los pies.
Con la mano derecha acaricia su rostro hasta llegar a sus labios; con las yemas de sus dedos los toca un poco al mismo tiempo que le dice.
—Tienes hinchados los labios, parece que va a tardar en sanar tu herida; quiero que el doctor te revise. -
Lelia sentía que este abrazo era diferente a los de antes; por un momento se sintió bien estar así y que se preocupara por ella fue algo que nunca se esperó.
Le sonríe con timidez al momento de responderle.
—No hace falta traer al médico; en unos días esto se va a quitar.
Quiero saber si me vas a dejar cocinar; solo dame ese gusto, no es mucho lo que pido y no creo que te afecte; creo que nadie se va a dar cuenta de que no soy mi hermana solo porque cocine. -
Apolo dejó un beso en su frente; fue algo que no pensó, solo lo hizo, su cuerpo se movió solo. Al darse cuenta de lo que hizo, sintió vergüenza; ese beso para él fue algo ridículo, algo que nunca debió hacer, pero lo que más le molestó fue ese raro sentimiento que lo estaba invadiendo, que lo hacía hacer cosas como esas, algo que nunca había hecho con nadie.