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El Dulce Aroma Del Peligro

El Dulce Aroma Del Peligro

Status: Terminada
Genre:Romance / Omegaverse / Fantasía LGBT / Completas
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Skay P.

⚠️🔞El Alfa se inclinó hacia adelante, invadiendo el espacio personal de Cass. El olor a roble y romero se volvió tan fuerte que Cass sintió un mareo súbito. El Alfa inhaló profundamente, llenando sus pulmones con el aroma a miel y café del Omega. Una atracción peligrosa, pero predestinado.🔞⚠️

NovelToon tiene autorización de Skay P. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Que el mundo arda

El silencio de la mansión de Danilo era artificial, una calma forzada que solo lograba poner los nervios de Cass a flor de piel. El Omega seguía atrapado en aquella habitación de fría, pero ahora el aire se sentía más pesado. Las palabras de Danilo sobre Santi daban vueltas en su cabeza como una canción rota. ¿Realmente Danilo tenía a su mejor amigo? ¿O solo estaba usando el nombre de la única persona que el Omega amaba para quebrar su resistencia?

El joven se puso en pie, sintiendo el cuerpo pesado. La falta del aroma de Kenny lo estaba debilitando, y su marca era reciente; era como si su propia biología se estuviera apagando por la ausencia del Alfa que lo había marcado. Se acercó a la puerta y, para su sorpresa, esta se abrió antes de que pudiera tocarla.

Danilo entró con una bandeja en las manos. El aroma a jengibre y ciprés lo precedía, invadiendo el espacio como un gas que quemaba los pulmones de Cass.

—Te traje lo que te prometí —dijo Danilo con una sonrisa que no llegaba a sus ojos fríos—. Café con mucha miel. Justo como te gusta. Aunque hayas tirado la primera tasa.

Cass ignoró la bandeja. Sus ojos estaban fijos en el Alfa frente a él, buscando cualquier rastro de verdad.

—¿Dónde está Santi? —preguntó el muchacho, su voz firme a pesar del temblor interno—. Si le pusiste una mano encima, juro que...

—¿Que qué, dulce Omega? —Danilo dejó la bandeja sobre una mesa y se acercó, obligando a Cass a retroceder hasta que sus pantorrillas chocaron con la cama—. Estás en mi casa, marcado por un Alfa que ahora mismo está perdiendo la cabeza y destruyendo la ciudad. Eres vulnerable. Deberías estar agradecido de que me interese mantenerte a salvo.

—No me mantienes a salvo, me tienes secuestrado —escupió Cass—. Dime la verdad sobre Santi.

Danilo suspiró, fingiendo cansancio. Sacó un teléfono de su bolsillo y deslizó el dedo por la pantalla antes de mostráselo al joven. En la imagen, se veía una habitación oscura y a un chico sentado en una silla, de espaldas. Era la estructura de Santi, su cabello, su forma de encoger los hombros cuando tenía miedo.

—Él está bien —dijo Danilo, guardando el teléfono—. De hecho, fue él quien me dio los detalles sobre tus gustos. Me dijo que eres un Omega especial, que siempre intentaste ser independiente hasta que ese animal de Kenny te forzó a entrar en su mundo de sangre.

Cass sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies. ¿Santi lo había traicionado? ¿O Danilo lo había torturado hasta sacarle información? A través del lazo, Cass intentó buscar desesperadamente a Kenny, pero la distancia y el aroma agresivo de Danilo creaban una estática insoportable.

—Él no diría nada para lastimarme —susurró el Omega, más para sí mismo que para el Alfa.

—La gente hace cosas increíbles cuando tiene miedo, Cassy —Danilo dio un paso más, atrapando al muchacho contra el borde de la cama. Sus manos subieron a los hombros del Omega, y esta vez Cass no tuvo fuerzas para apartarlo—. Santi sabe que Kenny es tu fin. Él cree que conmigo estarás mejor. Y tiene razón. Yo no necesito marcarte para que el mundo sepa que eres mío; yo puedo darte el lujo y la paz que ese estudio de música nunca te dará.

Danilo se inclinó, su nariz rozando la mejilla del muchacho. El aroma a jengibre era tan fuerte que Cass sintió que sus propios sentidos se confundían. El instinto de un Omega marcado es buscar protección, y con Kenny lejos, su cuerpo empezaba a traicionarlo, buscando cualquier rastro de fuerza a la que aferrarse.

—Hueles a duda —notó Danilo con una satisfacción diabólica—. Tu miel se está volviendo amarga. Eso es bueno. Significa que el lazo se está rompiendo.

—No se está rompiendo —mintió Cass, aunque sentía un frío inmenso en el pecho.

—Lo hará —sentenció Danilo. De repente, su mano bajó hacia la cadena de oro con el rubí que Kenny le había dado a su pareja. La arrancó con un movimiento seco, rompiendo el metal—. No quiero que lleves nada que no sea mío.

Cass soltó un jadeo de dolor cuando la cadena se rompió, sintiendo como si le hubieran arrancado un pedazo de piel. Danilo lanzó el rubí al suelo y, sin previo aviso, tomó el rostro de Cass con ambas manos y lo besó. Fue un beso forzado, cargado de jengibre y una posesividad fría que no tenía nada de la pasión eléctrica de Kenny.

Cass luchó, golpeando el pecho de Danilo, pero el Alfa era una pared de músculo. La desesperación del Omega creció, y en ese momento de máxima angustia, el lazo gritó.

A kilómetros de allí, Kenny, que estaba subiendo a su camioneta tras destruir el club de Danilo, se detuvo en seco. Sintió el dolor de su compañero, sintió la invasión de otro aroma en su Omega. Un rugido de rabia pura escapó de su garganta, un sonido tan aterrador que sus hombres se congelaron.

—¡Ya sé dónde estás! —gritó Kenny al aire, su instinto finalmente localizando el punto exacto de la agonía de Css.

En la mansión, el Omega logró empujar a Danilo. Se limpió la boca con el dorso de la mano, sus ojos llenos de lágrimas de rabia.

—Puedes besarme, puedes romper mis cosas y puedes mentirme sobre Santi —dijo Cass, su voz ahora cargada de una fuerza sobrenatural—. Pero no puedes borrar lo que él puso aquí.

Cass señaló su corazón y luego su cuello. La marca de Kenny empezó a brillar con un rojo intenso, una reacción biológica al llamado de su Alfa. El aroma a roble y romero brotó de la piel del Omega con una potencia que hizo que Danilo retrocediera un paso, sorprendido.

—Él viene por ti, Danilo —sentenció Cass con una sonrisa diabólica—. Y cuando llegue, el jengibre y el ciprés no serán más que el olor de tu propio funeral.

Danilo apretó los puños, su aroma volviéndose oscuro y podrido por la ira.

—Entonces que venga —dijo Danilo, caminando hacia la puerta—. Pero para cuando tire abajo mi puerta, tú ya no serás capaz de reconocerlo. Voy a usar a tu amigo Santi como moneda de cambio, y veremos si Kenny prefiere salvarte a ti o mantener viva a la única persona que te queda.

Danilo salió de la habitación y cerró con doble llave. Cass se dejó caer al suelo, recogiendo el rubí roto entre sus manos. Estaba asustado, sí. Temía por Santi y temía por lo que Danilo pudiera hacer. Pero por encima de todo, sentía una satisfacción salvaje. Sabía que Kenny estaba cerca. Podía oler el roble acercándose como una tormenta de fuego.

"Está mal", pensó Cass mientras apretaba el rubí contra su pecho. "Es un desastre que va a acabar con todos nosotros. Pero me encanta que el mundo arda si el final del camino es volver a sus brazos".

El juego de Danilo había fallado. En lugar de sembrar dudas, había encendido la llama de la guerra. Y Cass estaba listo para ver cómo todo se convertía en cenizas.

💡Mis amores, vayan a leer esta belleza ⬇️

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Erika Peña
muy buena me gustó la trama
corta pero muuuuyyyy sustanciosa como dice el dicho
Skay P.: ¡Gracias, cielito!😘👆
total 1 replies
Maru19 Sevilla
Pues si las cosas salen mal que sea responsable y no se queje
Maru19 Sevilla: Muchas gracias, ya la estoy disfrutando 🥰🥰🥰🥰
total 2 replies
Maru19 Sevilla
Promete ser muy interesante 👏👏👏
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