de una casualidad paso a una historia completa
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capítulo 17
Ocho meses después de la noticia de la embarazada, llegó el día esperado. Luna estaba en el hospital de la ciudad , con Mateo, Camila y Martín a su lado. Después de varias horas de trabajo de parto, dio a luz a un niño sano y fuerte.
—Es un niño —dijo la enfermera, poniéndolo en los brazos de Luna.
Luna miró a su hijo con los ojos llenos de lágrimas de felicidad. Tenía los ojos color avellana de su abuelo Martín y el pelo castaño claro de su madre. Mateo se acercó y besó a Luna y a su hijo.
—Qué hermoso —dijo él, con voz temblorosa. —Tenemos un hijo.
Camila y Martín se acercaron y miraron al bebé. Martín se emocionó mucho —era el primer nieto, el nuevo miembro de la familia.
—¿Ya le han puesto nombre? —preguntó Camila.
Luna miró a Mateo y luego a sus padres.
—Sí —dijo ella. —Queremos llamarlo Sol . Por la luz que trae a nuestra vida, y por la luz de la estrella que nos unió.
—Sol —repitió Martín. —Es un nombre perfecto. El sol y la estrella —dos luces que nos guían.
Esa tarde, Doña Ana llegó al hospital con una cesta de flores y un pañalero que había hecho con sus propias manos. Cuando vio a Sol, se emocionó y lloró.
—Mi nieto —dijo ella, abrazando a Luna. —Es tan hermoso como su madre y su padre.
Mientras todos celebraban, Sol abrió los ojos y miró hacia la ventana. Aunque era de día, podían ver la estrella que unía a la familia, brillando clara en el cielo azul.
—Él ya ve la estrella —dijo Luna, sonriendo. —Es el nuevo guardián.
Unos días después, Luna, Mateo y Sol llegaron a su apartamento en Luque. El lugar estaba decorado con globos y flores —Camila y Martín lo habían preparado para la llegada del bebé.
—Bienvenido a casa, Sol —dijo Mateo, poniéndolo en la cuna que había diseñado él mismo, con madera de la selva de Paraguay.
Luna se sentó en el sofá y descansó. Mateo le trajo un café caliente y se sentó a su lado.
—¿Cómo te sientes? —preguntó él.
—Cansada, pero feliz —dijo ella. —Nunca imaginé que el amor podría ser tan grande.
Mientras hablaban, Camila llegó con la comida —había hecho sopa paraguaya y empanadas, sus platos favoritos de Luna.
—Tienes que comer para recuperar fuerzas —dijo Camila, poniendo la comida en la mesa.
Martín llegó poco después con un regalo para Sol —un collar con una pequeña estrella de oro, hecho con el mismo diseño que el de Luna y el de Camila.
—Este collar es para Sol —dijo él. —Para que siempre recuerde que es parte de la familia y de la estrella.
Luna cogió el collar y se lo puso a Sol. Era perfecto —pequeño y delicado, pero con un significado grande.
Esa noche, mientras Sol dormía en su cuna, Luna y Mateo se sentaron en el balcón y miraron hacia el cielo. La estrella brillaba más clara que nunca.
—Nuestra vida ha cambiado para siempre —dijo Mateo.
—Sí —dijo Luna. —Y para mejor. Ahora tenemos a Sol, y nuestro propósito es aún más grande: proteger la selva para él y para las generaciones venideras.
Cuando Sol cumplió un mes, la familia decidió hacer su primera visita a la selva. Juan les esperaba en el poblado con la gente, que había preparado una celebración para el nuevo guardián.
El viaje en barco por el río Paraná fue tranquilo —Sol dormía en los brazos de Luna, envuelto en el pañalero de Doña Ana. Cuando llegaron al poblado, la gente les dio la bienvenida con música tradicional y flores.
—Bienvenido, Sol! —gritó la gente. —El nuevo guardián de la selva!
Juan se acercó y miró a Sol. Sonrió y le dio un regalo —un juguete de madera tallado en forma de estrella.
—Este juguete te ayudará a recordar tu hogar —dijo él a Sol, aunque sabía que no lo entendería aún.
Durante los siguientes días, la familia visitó la cascada, el centro de educación y las reservas de la Red Estrella. Luna llevaba a Sol en un porta-bebés, y todos los niños del poblado se acercaban para mirarlo y tocarlo con cuidado.
Una tarde, se sentaron en la roca de la cascada, donde Martín le había pedido matrimonio a Camila y donde Luna y Mateo habían tallado sus nombres. Sol se despertó y miró hacia el cielo, donde la estrella brillaba.
—Mira, Sol —dijo Luna, señalando la estrella. —Esa es nuestra estrella. Aquí es donde empezó todo, y aquí es donde tu camino empieza.
Mateo cogió la mano de Luna y dijo:
—El futuro de la selva está en sus manos, Sol —dijo él, aunque el bebé no lo entendía. —Y estaremos todos aquí para ayudarte.
Mientras estaban en la selva, Martín recibió una llamada de la organización internacional. Había un problema en una reserva de Perú —una enfermedad estaba afectando a los árboles, y si no lo paraban, podría destruir toda la reserva.
—Tenemos que ir a Perú —dijo Martín, después de colgar. —La enfermedad se está extendiendo rápido, y necesitamos ayuda.
—Yo voy contigo —dijo Mateo. —Soy biólogo, puedo ayudar a investigar la enfermedad y encontrar una cura.
—Y yo voy también —dijo Luna. —Puedo escribir sobre la situación para difundir el mensaje y pedir apoyo. Sol puede venir con nosotros —está pequeño, pero lo llevaré en el porta-bebés.
Camila asintió. —Yo me quedo en la selva para ayudar a Juan con los proyectos locales —dijo ella. —Y luego iré a Perú para reunirme con ustedes.
Al día siguiente, Martín, Mateo, Luna y Sol se dirigieron a Perú. El viaje fue largo, pero Sol estaba tranquilo, dormido en los brazos de Luna. Cuando llegaron a la reserva, encontraron a los voluntarios preocupados —los árboles estaban secaos, y las hojas estaban cayendo.
—La enfermedad es nueva —dijo el coordinador de la reserva. —No sabemos qué es ni cómo curarla.
—Vamos a investigarlo —dijo Mateo. —Tomaré muestras de los árboles y las enviararé a un laboratorio para analizarlas.
Luna empezó a escribir un artículo sobre la situación —lo llenó de fotos de los árboles afectados y de las comunidades que vivían en la reserva. Martín empezó a reunir fondos y materiales para ayudar a la gente.
Mientras trabajaban, Sol estaba con ellos todo el tiempo —Luna lo llevaba en el porta-bebés mientras escribía, y Mateo lo ponía en una cuna cerca mientras tomaba muestras. Los voluntarios se encariñaron con él rápidamente, y decían que su presencia traía suerte.