Amanda Quiroz una mujer de belleza no evidente, su cabello de rizos rubios, y su sonrisa cautivadora es capaz de suavizar el día de cualquiera. Su vida se verá envuelta en un caos con la traición de su novio, y una noche pasión con un desconocido. Y con la llegada de Sebastián a la empresa, su vida se convertirá en un verdadero caos, de la noche a la mañana.
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En la sombra
La decisión de vivir juntos había quedado suspendida en el aire como una promesa poderosa, pero frágil. No la habían sellado con fechas ni con cajas ni con planes concretos. La habían sellado con una verdad compartida, con una mirada que decía esta vez sí. Y, sin embargo, en los días que siguieron, Sebastián comenzó a sentir cómo el peso de su mundo regresaba lentamente para reclamar su lugar.
La empresa no se detenía. Su padre tampoco.
Sebastián volvió a la rutina con una determinación nueva, pero también con una tensión constante que lo acompañaba como una sombra. En el fondo, sabía que había tomado una decisión que alteraría todo el equilibrio que su familia había construido durante décadas. Y aunque no se arrepentía, tampoco era ingenuo.
Una noche, después de cenar en silencio en el departamento de Amanda, Sebastián se quedó sentado en el sofá, con los codos apoyados en las rodillas y la mirada fija en un punto indefinido. Amanda lo observaba desde la cocina. Había aprendido a reconocer ese gesto: cuando Sebastián callaba demasiado, era porque estaba luchando consigo mismo.
—Estás lejos. — Dijo ella finalmente, acercándose—. ¿Qué pasa? --
Sebastián levantó la vista. Su expresión era seria, contenida.
—He estado pensando mucho —respondió. — En nosotros. En lo que decidimos.
Amanda se sentó frente a él, atenta, pero con una leve inquietud formándose en el pecho.
—Yo también. — Dijo—. Y sigo pensando que hicimos lo correcto.
Sebastián asintió lentamente.
—Yo también lo creo. — Afirmó— Pero hay algo más que necesito decirte.
Amanda sintió cómo su cuerpo se tensaba apenas.
—Dilo. --
Sebastián respiró hondo, como si cada palabra pesara más de lo que debería.
—Quiero que estemos juntos. —comenzó. — Quiero construir algo contigo. Pero… por ahora, necesito que mantengamos nuestra relación en privado.
El silencio cayó de golpe.
Amanda no reaccionó de inmediato. Lo miró fijamente, como si necesitara asegurarse de haber entendido bien.
—¿Oculta? — preguntó finalmente, con voz baja.
—No escondida. — Se apresuró a corregir. — Privada. Al menos por un tiempo.
Amanda se levantó despacio y caminó hacia la ventana. La ciudad se extendía ante ella, luminosa e indiferente.
—Explícame la diferencia —dijo sin girarse.
Sebastián se puso de pie también.
—No se trata de negarte. — dijo—. Se trata de proteger lo que estamos construyendo antes de que todo se vuelva un campo de batalla.
Amanda soltó una risa breve, amarga.
—¿Protegernos de quién? —preguntó. — ¿De tu padre? ¿De la empresa? ¿O de ti mismo?
Sebastián cerró los ojos un segundo.
—De todo eso. — Admitió.
Amanda se volvió hacia él. Había una mezcla de decepción y comprensión en su mirada, lo cual resultaba aún más doloroso.
— Pensé que habías decidido dejar de huir. — Dijo — Eso fue lo que me dijiste.
— No estoy huyendo. —respondió él con firmeza. -- Estoy siendo realista. --
Amanda cruzó los brazos.
—Ser realista fue exactamente lo que te hizo perderme la primera vez. --
Las palabras lo golpearon de lleno.
—Lo sé. — Dijo. -- Y por eso quiero hacerlo distinto. Si lo hacemos público ahora, mi padre no va a detenerse. Va a usar la empresa, los medios, cualquier cosa para desgastarnos. Y yo… no quiero que vuelvas a pagar el precio de una guerra que no pediste.
Amanda lo observó en silencio.
—¿Y qué pasa conmigo, “mientras tanto”? — Preguntó—. ¿Vuelvo a ser un secreto? ¿Una parte de tu vida que no se menciona?
Sebastián negó con la cabeza.
—Nunca más un secreto. — Dijo— Pero sí algo que cuidemos solo para nosotros hasta que esté listo, para enfrentar todo sin que nos destruya.
Amanda caminó lentamente por la sala, procesando cada palabra.
—Te escucho. — Dijo. — Y entiendo el mundo del que vienes. Pero también necesito que entiendas algo tú.
Sebastián la miró con atención.
—Yo no puedo volver a desaparecer. — Continuó ella. -- No puedo volver a sentir que ocupo un lugar provisional en tu vida.
—No lo ocupas. — Aseguró él. — Eres el centro de la decisión.
Amanda se detuvo frente a él.
—Entonces dime. — Pidió—: cuando estés con tu familia, cuando estés en la empresa… ¿yo existo?
La pregunta era directa, dolorosa.
Sebastián no esquivó la mirada.
—Sí — Respondió. — Existirás siempre. Aunque no pronuncie tu nombre en ciertas salas.
Amanda cerró los ojos un instante. Cuando los abrió, su voz era firme, pero temblorosa.
—Eso es lo que me asusta —confesó. — Que me ames solo en los espacios donde no hay testigos.
Sebastián dio un paso hacia ella.
—No —dijo con urgencia.— Te amo incluso cuando no puedo decirlo en voz alta.
Las palabras quedaron suspendidas entre ellos.
—¿Te das cuenta de lo que me estás pidiendo? — Susurró Amanda. — Me pides paciencia. Silencio. Y confianza… otra vez.
Sebastián tomó sus manos.
—No te pediría nada si no estuviera dispuesto a darlo todo después. — Dijo — Esto no es permanente. Es una transición.
Amanda lo miró largamente.
—¿Y cómo sé que no se convertirá en costumbre? —preguntó .— ¿Cómo sé que no volverás a elegir lo fácil cuando las cosas se compliquen?
Sebastián apretó suavemente sus manos.
— Porque esta vez sé lo que perdería. — Respondió. — Y no pienso perderte.
Amanda retiró lentamente las manos, no con brusquedad, sino con cuidado.
—Te amo, Sebastián. — Dijo — Pero no soy la misma mujer que se conformaba con promesas.
Él asintió.
—Y yo no soy el mismo hombre que se escondía detrás de ellas. --
El silencio volvió a instalarse, pesado pero honesto.
Amanda respiró hondo.
—Está bien. — Dijo finalmente. — Acepto… por ahora.
Sebastián la miró con alivio y culpa al mismo tiempo.
— Pero necesito límites —continuó Amanda. — No voy a ser invisible. No voy a mentir por ti. Y el día que sienta que esto me reduce… me iré.
Sebastián asintió sin dudar.
— Es justo. — Dijo — Y te prometo que ese día no llegará.
Amanda se acercó y apoyó la frente en su pecho. No lo abrazó del todo, pero tampoco se apartó.
—Esto es difícil. — Murmuró.
—Lo sé. — Respondió Sebastián. — Pero también es real.
Esa noche no hubo celebraciones ni planes entusiastas. Hubo algo más complejo: un acuerdo silencioso entre dos personas que se aman, pero que aún debían aprender a sostener ese amor en medio de estructuras que no estaban hechas para ellos.
Sebastián sabía que pedirle a Amanda mantener su relación oculta era un riesgo enorme. Podía costarle todo.
Amanda sabía que aceptar era volver a caminar sobre terreno inestable.
Pero ambos entendían algo esencial: el amor no siempre se manifiesta en gestos perfectos. A veces aparece en decisiones incómodas, en conversaciones difíciles, en pactos frágiles que exigen valentía constante.
Y mientras se quedaban en silencio, uno junto al otro, supieron que la verdadera prueba no sería esconderse…
Sino lograr que, cuando llegara el momento, ninguno volviera a huir.
Y el viejo desgraciado disfrutando fuera del país peto pendiente de todo reprochando que su hijo insiste con la empresa.
Y todavía piensas en Amanda están enamorados aunque se niegue.
Así que no te arrepientas sigue siendo profesional lo que paso en esa habitación Amanda se queda allí.
Amanda te fuiste a desahogar a un bar y te encuentras a un chico guapo sera Sebastian el hijo brillante de tu jefe pero con un carácter insufrible veremos que pasara esa noche.
Autora te deseo éxito y mucha suerte con esta nueva novela.
Gracias.