NovelToon NovelToon
BAJO TU SOMBRA

BAJO TU SOMBRA

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Posesivo / Mafia / Completas
Popularitas:2.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Delenis Valdés Cabrera

Ella era la única testigo. Él, la sentencia de muerte que terminó convirtiéndose en su dueño.
Elena Thomas vivía entre archivos y sombras, convencida de que su invisibilidad era su mayor escudo. Pero una noche, en un callejón donde el aire sabía a hierro y pólvora, vio lo que nadie debía ver: a Viktor Volkov, el heredero más despiadado de la Bratva, ejecutando a sangre fría.
Ella esperaba una bala. En su lugar, recibió unas manos de acero que la arrancaron del suelo y una voz que le prometió un infierno personal. "No te mataré, pequeña", le susurró él al oído, mientras el calor de su cuerpo la envolvía como una trampa de seda. "Pero a partir de hoy, tu nombre, tu cuerpo y hasta tu último suspiro me pertenecen".
Ahora, Elena es la prisionera de oro en una fortaleza de cristal. Viktor es un monstruo que no sabe amar, solo poseer; un hombre que la mira con una mezcla de odio y un deseo que amenaza con quemarlos a ambos.

NovelToon tiene autorización de Delenis Valdés Cabrera para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capítulo 17

El motel "El Último Refugio" olía a humedad y cigarrillos viejos, un lugar donde nadie hacía preguntas y los nombres falsos eran la moneda de cambio. Elena había logrado subir a Viktor a la habitación de la planta baja, arrastrándolo prácticamente centímetro a centímetro. La diferencia de tamaño era agotadora: los hombros de Viktor eran casi tan anchos como la puerta de la habitación.

Viktor estaba sobre la cama, con la piel pálida tornándose grisácea y un sudor frío empapando sus sábanas. La fiebre estaba subiendo rápidamente debido a la infección de la herida abierta.

— No... no la toquen... —balbuceaba Viktor entre sueños, sus manos gigantescas apretando las sábanas con una fuerza que amenazaba con rasgarlas—. Elena... corre...

Elena suspiró, quitándose la chaqueta empapada. Ver al hombre que solía dominar cada habitación con su sola presencia reducido a ese estado de vulnerabilidad le revolvía el estómago. Abrió el kit de costura básico que había comprado en la gasolinera: aguja, hilo de pescar y una botella de vodka barato para desinfectar.

— Cállate, Viktor —susurró ella, aunque él no podía oírla—. Si te mueres ahora, no podré odiarte como te mereces.

Cuando la aguja atravesó su piel, Viktor se despertó de golpe, su mano volando hacia el cuello de Elena por puro instinto de guerrero. La apretó ligeramente, sus ojos de acero nublados por el delirio.

— ¿Quién...? —gruñó, pero al enfocar la vista y ver sus ojos café, su agarre se aflojó y se transformó en una caricia torpe en su mejilla.

— Soy yo. Quédate quieto o te dejaré una cicatriz más fea de las que ya tienes —dijo ella, tratando de mantener su voz firme a pesar de que su corazón martilleaba contra sus costillas.

— Te quedaste... —dijo él, con una sonrisa rota y febril—. Te di la llave de tu jaula... y volviste a entrar. ¿Por qué, pequeña? ¿Tan poco amas tu libertad?

— No confundas lealtad con curiosidad, Viktor. Necesito saber qué más ocultas —respondió ella, concentrada en cerrar la herida de su costado.

Viktor soltó una risa seca que terminó en un gemido de dolor. La fiebre lo estaba desarmando, quitándole el filtro de frialdad que siempre usaba como armadura.

— No es curiosidad... —susurró él, buscándole la mirada con una intensidad que la obligó a detenerse—. Es que ya no sabes quién eres sin mí. Al igual que yo... ya no recuerdo cómo era respirar sin sentir tu aroma a vainilla y papel viejo. Te traje a este mundo para usarte... pero terminaste siendo el único lugar donde me siento en paz.

Elena sintió un nudo en la garganta. Se resistió a sus palabras, endureciendo su expresión.

— Estás delirando. Mañana, cuando la fiebre baje, volverás a ser el monstruo que me encerró.

— Quizás —admitió él, cerrando los ojos mientras ella terminaba el último punto—. Pero incluso los monstruos... necesitan algo que sea real. Tú eres lo único real que he tenido en toda mi maldita vida, Elena. No te elegí solo porque fueras testigo... te elegí porque desde que te vi en ese callejón, supe que nadie más volvería a mirarme como tú.

Él se quedó dormido de nuevo, su mano pesada cayendo sobre la de Elena, atrapándola contra el colchón. Ella no la retiró. Se quedó allí, sentada en el suelo, mirando al hombre que la poseía y la protegía a partes iguales, mientras la lluvia golpeaba la ventana del motel.

(...)

La luz grisácea de la mañana se filtraba por las persianas rotas del motel. Elena se había quedado dormida en la silla, con la cabeza apoyada en el borde de la cama, todavía con la mano de Viktor descansando sobre la suya. El calor de la fiebre había remitido, dejando paso a una tensión fría y renovada.

Un golpe seco en la puerta la despertó. Era el dueño del motel, un tipo de aspecto descuidado llamado Wayne, que traía una bandeja con café aguado y un par de vendas limpias.

— Aquí tienes, muñeca —dijo Wayne, escaneando el cuerpo de Elena con una mirada cargada de una confianza desagradable—. Te ves agotada. Ese tipo es demasiado grande para que una cosita como tú lo cuide sola. Si necesitas un "descanso", mi oficina tiene un sofá muy cómodo.

Elena se puso de pie, ajustándose la camisa que le quedaba enorme.

— Solo deja la bandeja y vete, Wayne —respondió ella, con sus ojos café gélidos.

Pero el hombre no se movió. Dio un paso dentro de la habitación, ignorando la figura inmóvil en la cama.

— Vamos, preciosa. Un tipo así solo trae problemas. Podría ayudarte a salir de aquí antes de que despierte y decida que ya no te necesita...

— Ella no necesita tu ayuda —una voz profunda, como un trueno subterráneo, hizo que el aire de la habitación se congelara.

Viktor estaba sentado en la cama. Aunque estaba pálido y con el torso cruzado por las vendas que Elena le había puesto, su presencia seguía siendo letal. Sus ojos de acero estaban fijos en Wayne con una promesa de violencia inmediata. Con una lentitud calculada, Viktor se puso de pie. Su estatura de casi dos metros hacía que el techo de la habitación pareciera bajo.

— ¡Oh! No sabía que el gigante ya estaba consciente... —balbuceó Wayne, retrocediendo.

Viktor ignoró el dolor de sus puntos. Caminó hacia ellos y puso una mano posesiva en la nuca de Elena, atrayéndola contra su costado en un gesto que era mitad protección y mitad reclamo de propiedad.

— Te escuché —dijo Viktor, su voz bajando a un registro peligroso—. Le ofreciste tu oficina. La llamaste "muñeca".

— Viktor, déjalo, es un idiota —intervino Elena, tratando de apartar la mano de él, pero Viktor solo apretó más, obligándola a sentir el calor de su cuerpo.

— Tienes tres segundos para desaparecer antes de que te rompa cada dedo de la mano que pensaste en ponerle encima —sentenció Viktor.

Wayne salió disparado de la habitación, casi tropezando con sus propios pies. Viktor cerró la puerta con un golpe que sacudió las paredes y luego se giró hacia Elena. Sus celos, alimentados por la vulnerabilidad de la noche anterior, estaban a flor de piel.

— ¿Te molestó? —preguntó él, acorralándola contra la puerta cerrada. Su cercanía era asfixiante—. ¿Le permitiste que te hablara así mientras yo no podía defenderme?

— No necesito que me defiendas de un muerto de hambre como él, Viktor —respondió Elena, resistiéndose a su mirada—. Y deja de actuar como si fuera tuya. Anoche te salvé la vida, pero eso no cambia el hecho de que me has mentido sobre mi pasado.

Viktor se inclinó, poniendo ambas manos sobre la puerta, atrapándola de nuevo. Sus rostros estaban a escasos centímetros.

— Me salvaste porque sabes que, sin mí, el resto del mundo te devoraría. Ese tipo te miró como si fueras un trofeo. Yo te miro y veo mi única debilidad. Y no voy a permitir que nadie más ponga sus ojos en ella.

— Pues prepárate —dijo Elena, clavando un dedo en su pecho vendado—, porque ahora que sé que los Volkov destruyeron a mi familia, voy a encontrar esos archivos. Y si intentas detenerme o encerrarme de nuevo, desearás haber muerto en ese búnker.

Viktor sonrió de forma sombría, una chispa de admiración mezclada con deseo en sus ojos.

— Entonces búscalos, pequeña. Pero recuerda: donde tú vayas, yo iré detrás. No por los archivos... sino porque todavía no he terminado contigo.

1
Carmen Ramos
Esta bonita su novela pero cuando la termine comienzo a leer estaré al pendiente ☺️🥰
Delenis: Por supuesto mi corazón 🤭, no te preocupes yo actualizo seguido , la otra que estoy escribiendo "La contadora del mafioso" también, por si le apetece leer . Besos 😘
total 1 replies
Marbe Majano
más capitulos
Delenis: A la orden 👌
total 1 replies
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play