Hola, soy CubeThings.
Me gusta escribir historias que se sienten… más que solo leerse. Historias que mezclan fantasía, romance y emoción, donde los personajes no son perfectos, pero sí intensos.
Amo los mundos tipo anime: yokais, magia, destinos entrelazados… y amores que no se construyen de un día para otro.
Mis historias suelen ser slow burn, con tensión, misterio y personajes que se marcan entre sí de formas que no siempre entienden.
Si te gustan las historias que te hacen sentir, que te envuelven poco a poco… entonces estás en el lugar correcto.
NovelToon tiene autorización de Cube Things para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
“El día que salió al mundo yokai”
—Vamos, levántate, Hikari.
La voz de Rita irrumpió en medio de su sueño como un tirón brusco a la realidad.
Hikari frunció ligeramente el ceño, aún atrapada entre el cansancio y la calidez del futón. Se removió un poco, llevándose una mano a los ojos mientras los tallaba con torpeza.
—¿Qué pasa…? —murmuró con voz ronca—. ¿Ya es hora?
Rita estaba de pie junto a ella, completamente despierta… y demasiado animada para esa hora.
—¡Hoy es nuestro día de descanso!
Hikari abrió un poco más los ojos, aunque su expresión seguía medio perdida.
—¿Nuestro… día de descanso…?
—Sí —respondió Rita, cruzándose de brazos con una sonrisa impaciente—. Y no querrás pasar todo el día aquí encerrada, ¿o sí?
Hikari se quedó sentada, procesando la información con lentitud.
El descanso.
La palabra sonaba… lejana.
—Pero… —murmuró, aún adormilada— no tengo a dónde ir…
Rita rodó los ojos.
—Claro que tienes a dónde ir.
Se inclinó ligeramente hacia ella, con una chispa de emoción en la mirada.
—Puedes salir a conocer el mundo yokai.
Hikari parpadeó.
Eso…
terminó de despertarla.
—¿…salir?
—Sí, salir —repitió Rita, como si fuera lo más obvio del mundo—. Hay mercados, calles, templos… cosas que ni te imaginas.
Se enderezó y señaló hacia la puerta con el pulgar.
—Así que vamos, mueve ese trasero y vístete.
Hikari no pudo evitar soltar una pequeña risa, todavía con la voz suave por el sueño.
—Ya voy…
Pero en cuanto se puso de pie, algo dentro de ella cambió.
Una pequeña emoción.
Curiosidad.
Porque hasta ahora…
todo había sido el ryokan.
Trabajo.
Reglas.
Errores.
Pero afuera…
había un mundo entero esperándola.
Y por primera vez desde que llegó…
no sintió miedo.
Sintió ganas.
—Rita…
—¿Qué?
Hikari sonrió apenas, estirándose un poco.
—Gracias.
Rita la miró un segundo.
Y desvió la mirada casi de inmediato.
—Tch… no te emociones.
Pero esta vez…
no sonó molesta.
—Date prisa.
—
Y mientras Hikari se cambiaba…
no pudo evitar pensar en algo más.
En alguien más.
Ojos violetas.
Una voz grave.
Una presencia que aún sentía demasiado cerca.
Sacudió ligeramente la cabeza.
—…no hoy.
Se dijo a sí misma.
Porque hoy…
no quería pensar.
Quería descubrir.
Hikari salió del ryokan con Rita.
El cambio fue inmediato.
El aire.
La luz.
El sonido.
Todo era distinto afuera.
El mundo yokai no era silencioso ni solemne como el interior del ryokan… era vivo. Vibrante. Lleno de movimiento.
Criaturas de todo tipo caminaban por las calles: algunas humanas, otras claramente no. Máscaras, cuernos, colas, ojos brillantes. Puestos con comida humeante, faroles colgando, telas de colores que se movían con el viento.
Hikari se detuvo apenas.
—…wow…
Rita sonrió de lado.
—Te lo dije.
La tomó del brazo.
—Vamos, hay un mercado que—
—¡Rita!
Una voz la llamó desde otro lado de la calle.
Rita giró.
—Ah, ya valió.
Hikari parpadeó.
—¿Qué?
—Trabajo.
Rita chasqueó la lengua.
—Me necesitan en la cocina. Seguro alguien no apareció.
Se giró hacia Hikari rápidamente.
—Escucha, no te metas en problemas, no sigas a desconocidos, no compres cosas raras y—
—¿Qué?
—Nada —la interrumpió—. Solo… usa el sentido común.
Hikari cruzó los brazos.
—No soy una niña.
Rita levantó una ceja.
—Apenas estás empezando aquí. Es lo mismo.
Hikari resopló.
—Ya, vete.
Rita sonrió apenas.
—Nos vemos en la noche.
Y se fue.
—
Hikari se quedó sola.
En medio del mundo yokai.
—
El ruido volvió a envolverla.
Las voces.
Los aromas.
La gente.
Todo era demasiado.
Pero no en mal sentido.
Era… fascinante.
Comenzó a caminar sin rumbo fijo, mirando todo con curiosidad. Un puesto de dulces con formas extrañas, un yokai con tres ojos vendiendo amuletos, pequeñas criaturas flotando cerca de los faroles.
—Esto es… increíble…
murmuró.
Se detuvo frente a un puesto de máscaras.
Las había de todos tipos.
Demonios.
Espíritus.
Animales.
Tomó una.
La giró entre sus manos.
—Te queda mejor sin eso.
La voz llegó detrás de ella.
Suave.
Familiar.
—
Hikari se congeló.
—
Giró lentamente.
Y ahí estaba.
Tomoe.
Apoyado con total tranquilidad contra uno de los postes cercanos, observándola con esa sonrisa ligera que parecía no significar nada… pero lo significaba todo.
—Tomoe…
—Qué coincidencia —dijo, como si fuera completamente casual—. No esperaba encontrarte aquí.
Hikari frunció ligeramente el ceño.
—¿De verdad?
Tomoe sonrió más.
—No.
Se separó del poste y se acercó.
—Pero me alegra.
Se detuvo frente a ella.
Demasiado natural.
Demasiado cómodo.
—¿Primer día libre?
Hikari asintió.
—Sí… Rita me dijo que saliera a conocer.
Tomoe miró alrededor.
—Entonces estás en el lugar correcto.
Se inclinó apenas hacia ella.
—Pero no deberías hacerlo sola.
Hikari cruzó los brazos.
—Puedo cuidarme.
Tomoe la observó un segundo.
Y luego… rió suavemente.
—No lo dudo.
Se enderezó.
—Pero el mundo yokai no es… sencillo.
Una pausa.
—Tiene capas.
Hikari inclinó la cabeza.
—¿Capas?
—Cosas que no ves a simple vista.
Su mirada se suavizó.
—Cosas que podrían interesarte.
Silencio.
—
Hikari dudó.
Un segundo.
Dos.
—
—¿Me vas a mostrar?
preguntó.
—
Tomoe sonrió.
Lento.
Satisfecho.
—
—Si me lo permites.
—
Error.
—
Pero Hikari no lo sintió así.
—
—…está bien.
—
Y eso—
fue suficiente.
—
Tomoe le ofreció la mano.
No de forma insistente.
Solo… disponible.
—
Hikari la miró.
Dudó un segundo.
Pero la tomó.
—
Y en el momento en que sus dedos se tocaron—
algo cambió.
Muy leve.
Pero real.
—
Tomoe lo notó.
—
Y no dijo nada.
—
—Ven —dijo suavemente—. Te enseñaré el mundo que no ves desde el ryokan.
—
Y juntos—
se perdieron entre la multitud.
—
Sin que Hikari supiera…
que ese encuentro no había sido casual.
Ni un poco.