Ella pasa una noche apasionada y fruto de esa noche queda embarazada su madre hace todo lo posible por separarlos
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Capitulo 16
La tarde comenzaba a caer cuando Isabella, Valeria y Mateo salieron de la cafetería.
El cielo estaba teñido de tonos dorados y anaranjados, y el aire era fresco.
Mateo caminaba entre ellas sosteniendo una pequeña bolsa con un juguete que Isabella le había comprado.
—¡Mira mami! —dijo levantándolo con orgullo—. ¡Es un robot!
Valeria sonrió.
—Es muy bonito.
Isabella lo miró con una ternura que antes no había tenido.
Ahora lo veía diferente.
No solo como el hijo de Valeria…
sino como el hijo de su hermano.
Su sobrino.
Mateo notó su mirada.
—¿Qué pasa tía?
Isabella sonrió.
—Nada, campeón.
Le revolvió suavemente el cabello.
—Solo estaba pensando que eres un niño increíble.
Mateo se rió y siguió caminando feliz.
Pero Valeria notó algo.
—Isabella…
Ella la miró.
—¿Sí?
Valeria dudó un momento.
Luego habló con voz baja.
—Necesito pedirte algo.
Isabella se detuvo.
—Dime.
Valeria miró a Mateo para asegurarse de que estuviera distraído.
Luego volvió a mirarla.
—Por favor… no le digas nada a Alejandro.
Isabella frunció el ceño.
—¿Sobre Mateo?
Valeria asintió.
—Sí.
Isabella suspiró.
—Valeria…
Pero ella negó suavemente.
—Escúchame primero.
Isabella guardó silencio.
Valeria continuó.
—Tu padre ya lo sabe.
Isabella se sorprendió.
—¿Mi padre?
—Sí.
—El doctor le hizo análisis a Mateo.
Isabella abrió un poco los ojos.
—¿Y confirmó que…?
Valeria asintió lentamente.
—Que es hijo de Alejandro.
Isabella respiró profundo.
—Ahora entiendo todo.
Valeria la miró.
—¿Qué cosa?
Isabella soltó una pequeña risa.
—Por qué mi padre insistió tanto en traerlos a vivir a la mansión.
—Pensé que solo era una de sus decisiones impulsivas.
Miró a Mateo otra vez.
—Pero en realidad estaba trayendo a su nieto a casa.
Valeria asintió.
—Sí.
Caminaron unos pasos más en silencio.
Luego Isabella habló con suavidad.
—Aun así… Alejandro tiene derecho a saberlo.
Valeria se quedó callada.
—Lo sé.
Su voz era baja.
—Y voy a decírselo.
Isabella levantó una ceja.
—¿Entonces?
Valeria respiró profundo.
—Pero cuando sienta que es el momento correcto.
Miró a Mateo caminando unos pasos adelante.
—No quiero que todo explote de repente.
Isabella entendía perfectamente lo que quería decir.
—Camila…
Valeria asintió.
—Camila.
—Tu madre.
—Toda esta familia.
Suspiró.
—Quiero proteger a Mateo.
Isabella la miró con una mezcla de respeto y tristeza.
—Eres una buena madre.
Valeria sonrió con suavidad.
—Solo intento hacer lo mejor que puedo.
Mateo regresó corriendo hacia ellas.
—¿Ya volvemos a casa?
Isabella sonrió.
—Sí, campeón.
—Vamos a la mansión.
Mateo levantó los brazos emocionado.
—¡Carrera!
Y salió corriendo unos pasos adelante.
Las dos mujeres rieron suavemente.
Pero cuando Mateo ya estaba lo suficientemente lejos…
Isabella se detuvo.
Miró a Valeria.
Y la abrazó con fuerza.
Valeria se sorprendió un poco.
—¿Qué pasa?
Isabella habló cerca de su oído.
—Está bien.
Valeria la miró.
—¿Qué cosa?
Isabella sonrió.
—No diré nada.
Valeria sintió un gran alivio.
—Gracias.
Isabella la apretó un poco más.
—Pero solo por ahora.
Valeria asintió.
—Lo sé.
Isabella la miró con seriedad.
—Porque tarde o temprano Alejandro tendrá que saber que Mateo es su hijo.
Valeria bajó la mirada.
—Sí.
Su voz fue apenas un susurro.
—Lo sé.
Mateo regresó corriendo.
—¡Vamos!
Isabella se separó de Valeria.
—Vamos.
Las tres continuaron caminando hacia el coche que las llevaría de regreso a la mansión.
Pero Isabella no podía dejar de pensar en algo.
Porque ahora conocía la verdad.
Y sabía que cuando Alejandro descubriera que ese niño…
era su hijo…
nada volvería a ser igual en la familia Mendoza.
Y el destino era caprichoso
La noche había caído sobre la ciudad cuando Isabella, Valeria y Mateo regresaron a la mansión.
El ambiente seguía cargado de tensión.
Pero por primera vez en días, Valeria se sentía un poco más tranquila después de haber hablado con Isabella.
Sin embargo, esa calma no duraría mucho.
Horas más tarde…
Valeria despertó sobresaltada.
Un pequeño gemido venía desde la cama de Mateo.
—¿Mateo?
Se levantó rápidamente.
El niño estaba inquieto, respirando con dificultad.
Cuando Valeria tocó su frente, el miedo la atravesó de inmediato.
Estaba ardiendo.
—Dios mío…
El termómetro confirmó su peor temor.
La fiebre era demasiado alta.
—Mateo… mi amor…
El niño apenas podía mantener los ojos abiertos.
—Mami… me duele…
Valeria sintió que el corazón se le rompía.
—Tranquilo… todo estará bien.
Pero su voz temblaba.
Salió corriendo al pasillo.
—¡Isabella!
La puerta de la habitación de Isabella se abrió casi de inmediato.
—¿Qué pasa?
Valeria estaba pálida.
—Mateo… tiene mucha fiebre.
Isabella no dudó.
—Tenemos que llevarlo al hospital.
Minutos después, el auto de la familia Mendoza atravesaba la ciudad a toda velocidad.
Valeria abrazaba a Mateo en el asiento trasero.
El pequeño estaba débil.
Muy débil.
—No te duermas amor… —susurraba ella desesperada.
Isabella conducía con el corazón latiendo con fuerza.
Cuando finalmente llegaron al hospital, el equipo médico ya estaba preparado.
El doctor Mendoza —padre de Alejandro— los estaba esperando.
—Tráiganlo rápido.
Las enfermeras llevaron a Mateo inmediatamente a urgencias.
Valeria intentó seguirlos, pero una enfermera la detuvo.
—Necesitamos trabajar.
Las puertas se cerraron.
Y Valeria se quedó en el pasillo sintiendo que el mundo se derrumbaba.
Minutos que parecían horas pasaron.
Isabella permanecía a su lado.
Tomando su mano.
Intentando darle fuerza.
Finalmente…
la puerta se abrió.
El doctor Mendoza salió.
Su rostro era serio.
Valeria se levantó de inmediato.
—¿Cómo está mi hijo?
El médico respiró profundamente.
—Tengo malas noticias.
El corazón de Valeria se detuvo.
—¿Qué pasó?
—Mateo necesita una cirugía de emergencia.
El mundo de Valeria se desmoronó.
Sus piernas casi cedieron.
Isabella la sostuvo rápidamente.
—No puede ser… —susurró Valeria con lágrimas cayendo— mi pequeño…
El doctor Mendoza habló con calma.
—La condición de Mateo empeoró más rápido de lo que esperábamos.
Valeria lloraba sin poder detenerse.
—Pero vamos a hacer todo lo posible para salvarlo.
Valeria levantó la mirada desesperada.
—Por favor… sálvelo.
El médico asintió.
—Hay un problema.
Valeria sintió un nudo en el pecho.
—¿Cuál?
El doctor habló con seriedad.
—La sangre de Mateo es extremadamente rara.
El silencio cayó en el pasillo.
—Durante la cirugía necesitará transfusiones.
Valeria sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.
—¿Y…?
El doctor continuó.
—Necesitamos donadores compatibles.
Las manos de Valeria comenzaron a temblar.
—¿Qué significa eso?
El médico la miró con compasión.
—Que necesitamos encontrar familiares con su mismo tipo de sangre.
El mundo de Valeria se cayó por completo.
Isabella entendió inmediatamente lo que eso significaba.
Su mirada se movió lentamente hacia el doctor.
Luego hacia Valeria.
Y finalmente habló.
—Tendrás que hablar con Alejandro.
Valeria negó inmediatamente.
—No…
Su voz era débil.
—No puedo.
Las lágrimas seguían cayendo.
—No tengo el valor…
Se cubrió el rostro.
—Y menos ahora.
Isabella apretó los labios.
Sabía que era inevitable.
Pero antes de que pudiera decir algo…
otra voz habló.
—Yo me encargaré.
Ambas miraron al doctor Mendoza.
El padre de Alejandro.
Él las observaba con calma.
—Hablaré con Alejandro.
Valeria lo miró con los ojos llenos de lágrimas.
—Es algo que tengo que hacer yo…
Su voz se rompió.
—Pero no puedo ni siquiera pensar.
El doctor se acercó y puso una mano en su hombro.
—Lo entiendo.
Luego habló con firmeza.
—Ahora lo único que importa es salvar a Mateo.
Valeria asintió entre lágrimas.
—Muchas gracias…
Isabella abrazó a Valeria con fuerza.
—Todo va a salir bien.
Pero en el fondo…
los tres sabían algo.
Esa llamada a Alejandro…
no solo salvaría la vida de Mateo.
También estaba a punto de revelar la verdad que había permanecido oculta durante años.