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El Regreso De La Princesa

El Regreso De La Princesa

Status: En proceso
Genre:Hombre lobo / Matrimonio arreglado / Mitos y leyendas
Popularitas:5.3k
Nilai: 5
nombre de autor: vane sánchez

"Que la luna sea testigo de mi vida y de mi muerte. Que guarde mi nombre en su luz plateada hasta el final de los tiempos."
— Antiguo proverbio de Valdris

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Capítulo 16: El Regreso del Pequeño

El silencio que dejaron Eryndor y Adrián tras su partida fue tan profundo que parecía pesar sobre los hombros de Lyra como una manta de plomo.

Los primeros días fueron los más difíciles. Se despertaba por las mañanas esperando escuchar los pasos de su hermano en el pasillo, o la voz de Adrián discutiendo alguna estrategia con Eryndor. Pero solo encontraba el vacío, el eco de sus propios movimientos en las enormes estancias del palacio.

Sin embargo, Lyra no era de las que se permitían hundirse en la tristeza. Tenía trabajo que hacer. Su red de espías seguía creciendo, los informes de Darian, Mira y Kael llegaban puntuales cada noche, y la vigilancia sobre Varen Crain y sus posibles aliados continuaba sin descanso.

Pero había un vacío que ni el trabajo podía llenar. Un pequeño vacío con forma de hermano menor.

Rafael.

 

La Pregunta

Una tarde, mientras tomaba el té con Isolda en la sala privada de la reina, Lyra decidió que era momento de preguntar.

Isolda había cambiado tanto en los últimos meses que a veces Lyra costaba reconocer a la mujer fría y distante que había llegado de Aurelia. Ahora reía con facilidad, conversaba animadamente, y sus ojos azules habían perdido esa dureza que antes los caracterizaba.

Estaba embarazada de varios meses, y su vientre comenzaba a notarse bajo los vestidos holgados que prefería usar. Pero no era de ese hijo de quien Lyra quería hablar.

—Isolda —dijo Lyra, dejando su taza sobre la mesa—. Tengo una pregunta.

Isolda levantó la vista, curiosa.

—Dime, pequeña.

—¿Cuándo regresará Rafael?

El nombre cayó en la sala con la calidez de un abrazo. Isolda sonrió, una sonrisa suave y maternal que iluminaba todo su rostro.

—Lo extrañas, ¿verdad?

Lyra asintió, sin vergüenza.

—Mucho. Ya ha pasado un mes. Y sé que está bien, que está con tu hermano y que lo están cuidando, pero... pero no es lo mismo. Quiero verlo. Quiero jugar con él. Quiero oírlo reír.

Isolda se levantó de su sillón y se sentó junto a Lyra en el sofá, pasando un brazo por sus hombros.

—Yo también lo extraño —confesó—. Cada día. Pero Valerius lo quería conocer, quería mostrarle Aurelia, y pensé que era una buena oportunidad. Rafael es pequeño, pero es curioso. Le encanta ver cosas nuevas. Y mi hermano... mi hermano lo adora.

Lyra recordaba perfectamente a Rafael. A sus casi dos años, era un niño risueño y travieso, con el pelo rubio casi blanco de su madre y los ojos azules de su padre. Le encantaba seguir a Lyra por todas partes, imitar sus movimientos, reír cuando ella le hacía cosquillas. Era pequeño, sí, pero tenía una personalidad enorme.

—¿Cuándo vuelve? —insistió Lyra.

—En una semana —respondió Isolda—. Valerius escribió diciendo que ya están preparando el viaje de regreso. Quiere traerlo personalmente.

Lyra sintió que el corazón le daba un vuelco. Una semana. Solo una semana y tendría de vuelta a su pequeño hermano.

—¿Crees que me habrá olvidado? —preguntó, con una repentina inseguridad que rara vez mostraba.

Isolda la miró con ternura.

—¿Olvidarte? Imposible. Rafael no hace más que hablar de ti. Bueno, tanto como puede hablar un niño de casi dos años. Pero dice "Lila" y señala tu habitación. Te busca, Lyra. Eres su hermana mayor favorita.

—Soy su única hermana mayor.

—Y eso te hace aún más especial.

Lyra sonrió, y por un momento, toda la tensión de los últimos días desapareció.

 

Los Recuerdos

Esa noche, Lyra no pudo dormir. Se quedó mirando el techo, recordando los momentos con Rafael antes de que se fuera.

Recordaba la primera vez que lo sostuvo en brazos, cuando apenas tenía unos meses. Él la miró con esos ojos azules tan parecidos a los de Eryndor, y ella sintió que el corazón se le derretía.

Recordaba cuando empezó a gatear, y la seguía a todas partes, riendo con una risa contagiosa que hacía reír hasta a los sirvientes más serios.

Recordaba cuando dijo su primera palabra: "Lila". No "mamá", no "papá". "Lila". Porque Lyra pasaba tanto tiempo con él que su nombre fue el primero que aprendió a pronunciar.

Y recordaba el día que se fue, hace un mes. Rafael lloró en sus brazos, aferrándose a su cuello, sin querer soltarla. Ella también lloró, aunque intentó disimularlo.

—Volverás pronto —le susurró—. Y cuando vuelvas, jugaremos todo lo que quieras. Te lo prometo.

Rafael la miró con sus ojos azules, llenos de lágrimas, y asintió como si entendiera.

Luego, Valerius lo tomó en brazos y se lo llevó.

Lyra había contado los días desde entonces.

Treinta y uno. Habían sido treinta y un días.

Y ahora solo faltaba una semana.

 

Los Preparativos

Los días que siguieron fueron una mezcla de impaciencia y actividad.

Lyra no podía concentrarse en sus tareas habituales. Los informes de Darian se acumulaban sobre su escritorio sin que les prestara la atención debida. Mira le reprochaba su distracción. Kael se burlaba cariñosamente de ella.

—Pareces una novia esperando a su prometido —dijo una noche, mientras le entregaba los mensajes.

—No es lo mismo —protestó Lyra—. Es mi hermano.

—Ya, ya. Pero no paras de mirar por la ventana.

Lyra no podía negarlo. Pasaba horas asomada a la ventana de su habitación, mirando el camino que llevaba a Aurelia, como si pudiera hacer aparecer la comitiva con la fuerza de su mirada.

Isolda, que la entendía perfectamente, la involucró en los preparativos. Juntas prepararon la habitación de Rafael, lavaron sus juguetes, eligieron ropa nueva. Hablaban de él, recordaban sus travesuras, reían imaginando su reacción al ver todo lo que le habían preparado.

—¿Crees que le gustará el caballito de madera que le compró tu padre? —preguntó Isolda.

—Le encantará. Le encantan los caballos. Bueno, le encanta todo lo que se mueve.

—Como a ti.

—Como a mí.

Alaric también participaba a su manera. Cada noche, después de la cena, se sentaba con Lyra a hablar de Rafael, a contarle historias de cuando Eryndor era pequeño, a comparar las travesuras de sus hijos.

—Rafael es igual que tú —le dijo una noche—. Curioso, valiente, y con una determinación que asusta.

—¿Yo era así?

—Eres así. Y él te admira por eso.

Lyra sonrió, y por un momento, la espera se hizo más llevadera.

 

La Llegada

La mañana del gran día, Lyra despertó antes del alba.

Se vistió con su vestido favorito, azul como el cielo, y se peinó con esmero. Luego bajó al patio y esperó.

Isolda llegó poco después, con el vientre ya prominente y una sonrisa nerviosa. Alaric las acompañaba, orgulloso de sus dos mujeres.

—¿Has dormido? —preguntó Isolda.

—No —admitió Lyra.

—Yo tampoco.

Se miraron y rieron, cómplices en su impaciencia.

El sol comenzó a elevarse, tiñendo el cielo de tonos rosados y dorados. Y entonces, cuando los primeros rayos iluminaron el horizonte, alguien gritó desde las murallas:

—¡Ya vienen! ¡La comitiva de Aurelia!

Lyra contuvo el aliento.

Poco a poco, las banderas negras y doradas comenzaron a aparecer en el camino. Los caballos, los caballeros, los carruajes. Y al frente, montado en su caballo blanco, el emperador Valerius con su porte imponente.

Pero Lyra no miraba al emperador. Buscaba otro bulto, otro rostro.

Cuando el carruaje principal se detuvo frente a ellos, la puerta se abrió y una nodriza descendió primero. Luego, extendió los brazos hacia el interior.

Y entonces, lo vio.

Rafael.

Su pequeño hermano, con su pelo rubio casi blanco alborotado por el viento, sus ojos azules muy abiertos, y una expresión de asombro en el rostro al ver todo aquel recibimiento.

La nodriza lo sostuvo un momento, pero Rafael ya se retorcía, estirando los brazos hacia adelante, buscando algo. O alguien.

Sus ojos recorrieron la multitud hasta que encontraron a Lyra.

Y entonces, su carita se iluminó.

—¡LILA! —gritó con todas sus fuerzas, extendiendo los bracitos hacia ella.

Lyra no recordaba haberse movido. Un segundo estaba en su sitio, y al siguiente estaba corriendo, abriéndose paso entre la gente, hasta llegar al carruaje.

Rafael se lanzó hacia ella desde los brazos de la nodriza, confiando plenamente en que su hermana lo atraparía.

Y Lyra lo atrapó.

Lo sostuvo contra su pecho, sintiendo su peso, su calor, sus manitas aferrándose a su cuello. Y entonces, las lágrimas que había estado conteniendo durante un mes entero, brotaron sin control.

—Te he extrañado tanto —susurró—. Tanto, Rafael.

El niño, como respuesta, la apretó con más fuerza y hundió su carita en su hombro. Y Lyra sintió que su camisa se humedecía con sus lágrimas.

—Lila —lloriqueó él—. Lila, Lila, Lila.

—Ya estoy aquí, pequeño. Ya no me voy. Ya no me separo de ti nunca más.

Isolda se acercó lentamente, con los ojos también llenos de lágrimas, y rodeó a sus dos hijos con sus brazos. Rafael levantó la vista y, al ver a su madre, extendió una manita para tocarla.

—Mamá —dijo—. Mamá, Lila.

—Sí, cariño —respondió Isolda, con la voz quebrada—. Las dos estamos aquí. Las dos te queremos.

Alaric completó el círculo, abrazando a toda su familia. Y por un momento, el mundo se detuvo.

 

La Bienvenida

Esa noche, la cena fue una celebración.

Rafael, instalado en su silla alta entre Lyra e Isolda, era el centro de todas las miradas. Comía con entusiasmo, salpicando un poco aquí y allá, y de vez en cuando lanzaba algún "¡Lila!" o "¡Mamá!" que hacía reír a todos.

El emperador Valerius, sentado al otro lado de la mesa, observaba la escena con una sonrisa satisfecha.

—Ha preguntado por ustedes cada día —dijo—. Cada mañana se despertaba y decía "Lila". Cada noche, antes de dormir, "mamá". No he visto nunca un niño tan apegado a su familia.

Lyra sintió que el corazón se le hinchaba de orgullo.

—Porque somos su familia —respondió—. Y eso no cambia aunque esté lejos.

Rafael, como si entendiera, giró la cabeza y le dio un beso en la mejilla. Un beso baboso, infantil, pero el más sincero del mundo.

Lyra rió y lo abrazó.

—Te quiero, hermanito.

—Lila —respondió él, feliz.

Y así, entre risas y abrazos, la familia Valdris celebró su reunión.

Mañana volvería el trabajo. Las conspiraciones, los peligros, la red.

Pero esta noche, solo había amor.

Y eso era suficiente.

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Karen Xochipa León
Es una historia que te atrapa en el momento que quieres leer algo diferente algo nuevo /Smile//Smile//CoolGuy/ algo más, espero con ansias los demás capitulos.
Karen Xochipa León
ahhh ☺️👏🥰🥰 me gustó la ame mucho espero con ansias los demás capitulos es una historia diferente que allá leído te atrapa desde el primer capítulo ☺️👏👏
Mónica Aulet
Muy buen comienzo!!!!
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