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Marfil

Marfil

Status: En proceso
Genre:Romance / Capitán de Barco/Flota / Fantasía épica
Popularitas:27k
Nilai: 5
nombre de autor: thailyng nazaret bernal rangel

Décimo primer libro de la saga colores

El capitán Albert Mercier, un lord arruinado de Floris emprenderá un viaje al mar a una misión de alto riesgo hacia una tierra desconocida, (Polemia) un reino helado donde se topara con Mermit, una nativa arisca que desafiará su destino.

¿Podrá el amor superar las barreras del entendimiento? Descúbrelo ya.

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17. Sentirse amada

...MERMIT:...

Observé mi caja musical, más sonriente que otras veces.

Caminé al espejo de mi habitación, fijando mi vista al reflejo.

Así era Mermit ahora.

Me percaté de que era diferente a un tiempo atrás, mi cabello lucía más lacio, mi piel más suave y mi cuerpo más robusto.

Así era vivir en este mundo.

Pensé que Albert sería como los demás hombres de la tribu, creía que iba a pegarme severamente y castigarme cuando cometiera errores, pero no había hecho nada de eso hasta ahora.

Su forma de cuidarme era muy cálida, dulce y bastante especial, como si tuviera extremo cuidado de no dañarme.

Recordé como me enseñaba a montar a caballo, como picaba manzanas para mí y me sonreía en ocasiones.

Mi estómago era un torbellino de sensaciones.

Me sentía extrañamente felíz.

Mis mejillas estaban enrojecidas de la nada.

¿Qué era esto?

Recordé como me tocó y todo cambió, mi cuerpo sintió un tirón.

Aunque Albert no era un dios, a veces me hacía pensar que sabía hacer magia, lo que hizo con mi cuerpo no tenía comparación.

Nunca experimenté algo así.

Caminé hacia la ventana y observé la noche.

Las casas iluminadas.

Me gustaba mucho este mundo.

No extrañaba la tierra blanca ¿Cómo podía hacerlo? Allá solo había penurias y sufrimiento.

Tenía mucha suerte de estar aquí.

¿Será que yo no fui concebida en la tierra blanca?

Empecé a pensar.

Había muchas personas parecidas a mí, con rasgos como los míos, incluso más fascinante, aquí no había una sola forma, había hombres y mujeres de cabellos rojo fuego, dorado, castaños, de piel oscura como el hombre de traje de hierro y la mujer que usabas dagas en el castillo.

Tal vez yo venía de este mundo.

Me quedé observando el cielo, las estrellas aquí eran más abundantes. En la tierra blanca, cuando los dioses se pronunciaban, pintaban una linea ondulada de colores púrpura, verde, azul brillante, aquí solo había estrellas.

La puerta se abrió.

Giré mi atención.

Albert cerró al entrar.

Me observó con curiosidad, al verme frente a la ventana.

Tenía una camisa ancha con mangas abultadas, los tirantes le colgaban hacia abajo, pantalones negros y estaba descalzo.

¿Por qué estaba aquí?

Mi interior se agitó en respuesta.

¿Será que podía sentirlo nuevamente?

Llevaba todo el día un poco ansiosa.

Así que tal vez si, lo que me hizo podía sentirse otra vez.

Me alejé de la ventana.

Él se aproximó.

Estaba tan cerca, mi respiración se agitó solo con eso. Posé mis manos en su pecho.

Inclinó su cabeza hacia mí.

Nos besamos.

La calidez de su boca me gustaba mucho.

Me alejé un poco, tomando su mano para guiarla a mi entrepierna.

Quería que lo hiciera de nuevo, lo necesitaba.

No sabía que podía acariciarme así.

— Mermit — Advirtió.

— Me gusta — Dije, tocando sus dedos.

"No seas ansiosa, te daré lo que quieres"

Volvió a besarme.

Nos acercamos a la cama.

Él se sentó, dejándome de pie, frente a él.

Me acercó, sosteniendo mis caderas.

Tomó el camisón y lo elevó.

Quería quitarlo.

Le permití hacerlo, elevando mis brazos para ayudarle.

Dejó el camisón en el suelo.

Observó mi cuerpo desnudo.

Detalló cada parte con ojos intensos.

Tocó los símbolos marcados en mi vientre, también en mi abdomen.

Me senté en su regazo.

Bajé mis manos a su pantalón, buscando su dureza.

Abrí el pantalón.

Allí estaba.

Sonreí.

Estaba muy duro.

— Mermit — Dijo, con la voz gutural, cuando lo toqué, su respiración se atoró.

¿Él sentía lo mismo?

Recordé a los hombres de la tribu, ellos no parecían estar sufriendo ahora que lo pensaba, siempre que hacían el ritual sus gestos y expresiones no eran de dolor.

Albert tocó mis muslos y mis caderas, incluso sostuvo mis glúteos y los apretó un poco.

Acerqué su miembro a mí.

Lo rocé y gemí.

— Espera... Aún no... Te vas a lastimar... Mermit — Dijo él, con las palabras cortadas, ya era tarde, encontré el camino y me dejé caer en su dureza.

Apretó su mandíbula y yo me estremecí.

Dolió, mucho.

Pero, ya sabía que dolería.

Bajé mi mirada.

Aún no estaba del todo adentro.

Solo la punta.

Se me salieron las lágrimas.

"Te dije que ibas a lastimarte"

Albert se elevó conmigo en brazos, se dejó caer en la cama.

Ahora estaba debajo de él, temblando.

"No debería ser así, pensaba prepararte otra noche más, pero ya es demasiado tarde"

¿Estaba enojado?

Se elevó, arrodillándose sobre la cama.

Me sostuvo de las caderas.

Se sumergió en mí.

Me arqueé, temblando y sollozando, enterrando las manos en las mantas.

Mi interior se abrió, recibiendo la dureza con alivio y dolor.

Se sentía bien.

Mordí mi mano mientras él se quedaba quieto.

Parecía que iba a romperme, era demasiado para mí, era mucho, dolía aún.

Él estaba tenso, jadeando, gruñendo.

Se acercó, acostándose sobre mí.

Apartó la mano de mi boca y me besó.

Respondí, ansiosa.

Retrocedió y volvió a entrar, muy pausado.

Mi cuerpo se estremeció.

Se sentía mejor que cuando usó su dedo.

— Espera, sé paciente — Dijo cuando intenté mover mis caderas rápido — No quiero causarte dolor.

Me quedé quieta al escuchar esa palabra.

— Dolor.

Sostuvo mi rostro.

— No quiero que te duela.

El dolor era normal, pero a él no le gustaba así.

Dejé de moverme.

Empezó a moverse con lentitud y suavidad, tomándome así, el dolor se fue apaciguando.

Cerré mis ojos, arqueando mi cuerpo, el cosquilleo crecía más y más, enviando escalofríos en mi interior y mis muslos.

Gemí, disfrutando de la sensación.

Esto se sentía tan bien.

— Me gusta — Jadeé, salivando.

— A mi también me gusta — Dijo, jadeando sobre mí.

Me abracé a él.

Aumentó el ritmo y todo se tornó intenso, los golpes de su cuerpo y el mío me hacían delirar, estremeciendo cada parte de mí.

No podía pensar con claridad, solo quería que esto no acabara.

Fue tan intenso, mi cuerpo se quebró debajo del suyo, mi interior se llenó de espasmos y estremecimiento, aferrándose a él.

Se alejó, gruñendo y gimiendo.

Derramó algo en mi vientre.

Me desconcertó, eso jamás lo ví.

Albert se quedó jadeando a mi lado, con el sudor empapando su rostro.

Al menos ya sabía que no se estaba derritiendo, pero parecía que sí, lucía muy agotado.

Me reí y él se desconcertó.

Me abrazó y besó mi frente.

...****************...

Albert me despertó.

Fruncí el ceño.

Estaba limpiando mi cuerpo con una toalla húmeda.

Me quejé, quería seguir durmiendo.

Parecía preocupado.

Me tomó la mano y me pidió quedarme de pie.

Revisó las mantas y no comprendí.

Había una mancha de sangre.

Tiró de las mangas.

¿Por qué lo estaba haciendo?

Las colocó debajo de la cama.

"Luego vendré a botar eso"

Rebuscó en el armario mientras yo bostezaba.

¿Qué le ocurría?

Encontró otras sábanas y tendió la cama.

"Esto me hace sentir como un mal hombre"

Enterró la mano en su cabello.

Tomó el camisón y me lo colocó.

"Lo siento, Mermit, como te dije es nuestro secreto, pero no será para siempre" Llevó su dedo índice a los labios, en señal de silencio.

Tal vez lo hacía por el pudor.

— Albert — Me abracé a él, apoyando la cabeza de su pecho.

Se apartó un poco.

"No, ahora no, pronto amanecerá" "Acuéstate"

Señaló la cama.

Me guió a ella.

¿Lo haríamos de nuevo?

Lo besé.

Se alejó.

— No, Mermit — Dijo, dejándome acostada "No es momento para provocarme, no me bastó con una sola vez, pero debo dejarte descansar"

Fruncí el ceño.

— Duerme — Ordenó.

Estaba agotada así que hice lo que pidió.

Al despertar no lo hallé.

Aliz estaba abriendo la puerta.

— Buenos días, Mermit.

Saludó como siempre.

Me ayudó a levantarme, fui al baño, cepilló mis dientes y me preparó la bañera.

Al sumergirme sentí un poco de molestia.

— ¿Qué sucede? — Preguntó Aliz.

Negué con la cabeza.

Después de vestirme y peinarme bajé para encontrarme a Adelaida, la abracé al verla.

Se desconcertó ante mi acción, no era como los demás, no le gustaba nada de cercanía.

Empezamos las lecciones.

No podía concentrarme, a cada instante recordaba lo sucedido, mi agotamiento físico me lo mantenía presente.

La huella que dejó Albert en mi interior seguía allí, como prueba de que no lo soñé.

Adelaida me llamó la atención varias veces.

Intenté concentrarme, pero no pude, cometí errores más de tres veces.

— ¿Qué te sucede? — Exigió, muy enojada "Me pierdo un día y ya se te olvida todo lo que te enseñé"

Me sobresalté al verla así.

— No.

"Vamos de nuevo"

— Albert — Dije y ella estrechó sus ojos — Dramori Ocup — Me sonrojé.

"¿Qué palabras son esas? Inventas cada cosa"

Adelaida parecía estresada, me ordenaba decir algo y yo cometía los mismos errores.

Trataba de enseñarme a hablar en oraciones.

— ¡Mermit! — Me regañó, golpeando la varilla que usaba para apuntar sobre la mesa.

Volví a tensar mi cuerpo.

Por más que intentaba concentrarme, Albert se me pasaba la mente, sobre mí, haciendo todo lo que me hizo.

El calor volvía a atormentarme.

— Perdón — Dije, recordando esa palabra — Albert.

Ella soltó la varilla.

"Ah, eso es todo lo que te pasa, es el motivo de tu distracción y tu desconcentración"

Negué con la cabeza.

Me sonrojé, mordiendo mi labio y ella soltó chasquido.

"No voy a dejar que el lord intervengan en mis enseñanzas, no sé que rayos está haciendo, pero esto me parece inconcebible, te está distrayendo de más y así no puedo enseñarte, no puedo trabajar con tu mente en otra parte"

Se marchó muy enojada del salón.

Me sentí un poco culpable.

Resoplé, dándome una bofetada en la mejilla.

Tenía que aprender más.

No distraerme con Albert.

Él estaba más en mi mente que antes.

No entendía que clase de ritual me había hecho, lo cierto es que parecía mucho más efectivo que los de mi tribu, la mayoría del tiempo las hembras ya no quería que los hombres se acercaran después del ritual, pero a mí me estaba sucediendo todo lo contrario.

Quería más, mucho más.

Enterré las manos en mi cabello.

¿Ahora como iba a sacarlo de mi cabeza?

Adelaida regresó, más serena.

"Bien, espero que ahora si te concentres"

Empezamos de nuevo.

Por Adelaida dejé de lado los pensamientos.

Aprendí un poco, aunque no tanto como ella quería.

Me dejó descansar y tomó té para calmarse, estaba hasta despeinada.

— Adelaida, perdón — Dije, sin saber como quitarle el disgusto.

"No, Mermit, descuida, no es tu culpa"

Seguía disgustada.

Volvimos a las lecciones el resto de la tarde.

Ni siquiera pude ver a Albert de nuevo.

En la cena no estaba, así que me dispuse a buscarlo.

— Albert — Dije al ver a Aliz.

"Debe estar en el estudio"

Lo busqué en el estudio, abriendo la puerta con cuidado.

— ¿Albert?

No estaba.

Fruncí el ceño.

Volví con Aliz y negué con la cabeza.

"Ah, recordé que salió"

No supe que dijo, pero señaló la puerta.

¿Fue a pasear?

¿Sin mí?

Lo esperé pacientemente en la escalera.

La puerta se abrió, él colgó su capa y sombrero.

— Albert — Sonreí, corriendo hacia él para abrazarlo.

Se quedó quieto.

— Mermit ¿Cómo estás?

— Bien — Dije, alejándome un poco — ¿Paseo?

"Algo así" Lucía un poco serio, se apartó de mí.

"Te traje algo" Dijo, señalando la cesta en su mano.

Algo se sacudía dentro.

Me desconcertó.

Dejó la cesta en el suelo.

La abrí y me sorprendí, jadeando.

Un lindo animal que no conocía salió de la cesta, saltando, era una pequeña bola de pelos.

— ¡Hermoso! — Grité muy felíz, tocandolo, no se dejaba de mover, era de color dorado como Albert.

— Es un cachorro.

— ¿Cachorro? — Lo tomé, me lamió la cara y empezó a hacer ruidos tiernos.

— Un perro — Dijo, observando de pie — Es tuyo.

— ¿Mío? — Reí, era tan tierno y hermoso.

Saltaba tanto, inquieto.

Era suave.

— Sí, para ti.

— Gracias.

Era tan hermoso, tan tierno.

Siguió jugueteando, mordiendo.

El tres sirvientes se asomaron.

Les enseñé el cachorro.

Parecían igual de emocionados.

Albert observaba desde lejos.

Solté una risa emocionada.

Me gustaba que me diera un cachorro, era tan lindo.

Volví a observar hacia él, pero ya no se encontraba.

¿Qué comía un perro?

1
victor hernandez
Sigue con el. Cuento de que cuando aprenda escondiendo tu miedo la vas a perder
Yise
Pero que maldito más baboso ufffff cerdo/Smug//Smug//Smug/hay no nooo perdón cerditos desgraciado. Ojla cuando salgas te arrolle una carreta y mueras 🤭🤭🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Yise
Hay mi Diosssss ella no habla pero que si entiende omeeeee y muchoooo golozaaaaa según la veo seguiría portándose mal 🤭🤭🤭🤭🤭🤭👏👏👏👏👏
Yise
Aaaaaa chuchisssss yo quiero que me castiguen asiiiiii/Sweat//Sweat//Sweat//Sweat//Sweat//Sweat//Sweat//Sweat//Sweat/q bárbaro bb🤭🤭🤭🤭
Daiana Ibarra
ay Albert no estés celoso a ella no le gusta el le gusta el sabor de las flores
Edith Villamizar
Albert se irá un tiempo y no me extrañaria que cuando regrese encuentre a Mermit con una pequeña o gran pancita 🤰 porque así bote a los renacuajos siempre hay alguno rezagado
Edith Villamizar
pobrecita Melvit no le cayó bien el tipejo, pero le gustaron las flores, es que ellas son inocentes
Edith Villamizar
llévatela, así la cuidaras
Edith Villamizar
buena idea, no la puedes dejar sola o acabarás en la ruina 🤭
Faveamny Calderon
se prendió este beta ahora sí se encendió el león celoso. 😏🧟🧠🧟🧠🧟🧠🧟
Ab
que hombre para ser más desesperante que no entiende que debe dejarla en paz
Marcela Lopez
esto está bueno
Kary Monte
maldito farrel🤬🤬🤬
albert los celos son malos recuerda que mermit no entiende solo es curiosa tienes que enseñarle
Kary Monte
🥺 no te vayas
mermit va sentirse triste
Kary Monte
oh 😆😆 Albert que bien, sigue presentándola
Liliana Diaz
yo también e pensado lo mismo porque cada vez que ellos están junto ella aparece Serca
Anonymous
Alguien que le explique a Mermit que recibir regalos de un hombre significa que se acepta el ser pretendida por favor😂😂😂😂
𝓔𝓶𝓪𝓷𝓭𝓮𝓻 🖤
🥺Noo, las flores no tenían la culpa 😭
Alondra Gomez
para que vea que hay alguien más detrás de mermit y el le sigue pensando
Nella Reyes
la suegra belleza de capitana pirata 🥰
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