Amar puede ser tan grande para atravesar fronteras, incluso mundos. Pero el amor será tan fuerte para vencer profesias y guerra
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Capítulo XI Bajo la Luna de la Manada
El claro central estaba iluminado por antorchas cuando cayó la noche.
No era una noche cualquiera.
Era una noche de decisión.
La manada entera se había reunido en círculo, formando un anillo vivo alrededor del altar de piedra donde, generaciones atrás, los Alfas habían jurado proteger a los suyos.
Ariana permanecía de pie junto a Kael, pero aún no frente a él.
Primero debía ocurrir algo más importante.
La aceptación.
El murmullo era bajo, expectante. Algunos rostros mostraban orgullo. Otros, reserva. Ariana podía sentir cada emoción vibrando en el aire.
Kael dio un paso al frente.
Su presencia impuso silencio inmediato.
—Esta noche no solo celebramos una unión —su voz fue firme, clara—. Esta noche decidimos quién camina conmigo como Luna de esta manada.
Ariana sintió el peso de cada mirada.
Kael extendió la mano hacia ella.
—Ariana no fue impuesta por destino ni por tradición. Se ganó su lugar con fuerza, inteligencia y lealtad.
Un murmullo más fuerte recorrió el círculo.
Simon fue el primero en avanzar.
Se inclinó ligeramente ante Ariana.
—Luchaste por nosotros cuando no tenías obligación. Protegiste a los nuestros. Yo te reconozco como Luna.
Uno a uno, los miembros comenzaron a acercarse.
Algunos inclinaban la cabeza.
Otros apoyaban la mano en el pecho en señal de respeto.
Los más jóvenes la miraban con admiración abierta.
La anciana guardiana avanzó lentamente hasta quedar frente a ella.
—El liderazgo no se impone —dijo con voz profunda—. Se siente. Y la manada ya te siente.
Ariana tragó saliva, conteniendo la emoción que amenazaba con quebrar su compostura.
Entonces ocurrió.
Un aullido.
Largo.
Profundo.
Simon lo inició.
Luego otro lo siguió.
Y otro.
Hasta que el bosque entero vibró con el sonido de aceptación.
No era un gesto simbólico.
Era un juramento colectivo.
Ariana ya no era solo la compañera del Alfa.
Era su Luna.
Cuando el silencio regresó, Kael tomó su mano y la condujo hacia el altar de piedra.
La luna llena brillaba justo encima de ellos, bañándolos con luz plateada.
El aire parecía cargado de energía antigua.
La anciana colocó una cinta roja alrededor de sus manos unidas.
—La unión de Alfa y Luna no es solo del cuerpo —declaró—. Es del espíritu, del liderazgo y del destino compartido.
Kael sostuvo la mirada de Ariana.
No había duda en sus ojos.
—Te elijo ante mi manada —dijo con voz firme—. No solo como mi compañera… sino como mi igual.
El murmullo fue contenido.
Eso no siempre se decía.
Ariana dio un paso más cerca.
—Y yo te elijo —respondió ella—. No solo como mi Alfa… sino como el hombre que camina a mi lado.
La anciana tomó una pequeña daga ceremonial.
Sin dramatismo, hizo un leve corte en la palma de cada uno.
Sus manos se unieron de nuevo.
La sangre mezclada brilló bajo la luna.
—Que la luna sea testigo —declaró la guardiana—. Que la manada sea testigo. Desde esta noche, su fuerza es una. Su liderazgo es uno. Su destino es compartido.
El viento sopló con intensidad repentina.
Como si el bosque mismo respondiera.
Un resplandor suave pareció envolverlos por un instante.
No violento.
No abrumador.
Solo… correcto.
Kael inclinó la frente contra la de Ariana.
—Mi Luna.
Ella sonrió suavemente.
—Mi Alfa.
El aullido colectivo volvió a elevarse, más fuerte que antes, celebrando la unión.
Algunos lobos comenzaron a golpear el suelo con los pies en señal de júbilo. Otros rieron. La tensión que había marcado semanas anteriores se disipó en una ola de alivio.
Ariana miró alrededor.
Ya no veía duda.
Veía pertenencia.
Kael levantó sus manos unidas hacia el cielo.
—Desde esta noche —proclamó—, caminamos como uno.
La manada respondió al unísono:
—¡Como uno!
La ceremonia no fue ostentosa.
Fue poderosa.
Y cuando finalmente descendieron del altar, ya no eran solo dos corazones unidos en secreto.
Eran el Alfa y la Luna reconocidos por todos.
Mientras la celebración comenzaba alrededor, Kael acercó sus labios al oído de Ariana.
—Ahora sí —murmuró—, no hay nada que nos separe.
Ella apoyó la cabeza en su hombro, dejando que el sonido de la manada llenara el aire.
Por primera vez desde que todo había comenzado, no había incertidumbre.
Solo unidad.
Y bajo la luna brillante, el liderazgo del Sur había quedado sellado…
Con sangre, con respeto y con amor.
Todo parecía estar en calma y armonía, las demás manadas estaban tranquilas, como si aceptarán la presencia de una raza diferente de lobos.
Los días transcurrían con total normalidad, Kael era un gran líder, lobos que en un momento dudaron de su poder por elegir a una humana, ahora lo respetaban.
Pero en la oscuridad del bosque sagrado un ser quería acabar con toda esa paz.
Deseaba con todas sus ansias tener el lobo de oro en sus manos.
El destruir todo y crearlo desde cero a su conveniencia.