Akiro llevaba una vida aburrida, refugiándose en novelas BL e isekai… hasta que es invocado por error a un mundo de magia, dragones y aventureros.
Sin habilidades especiales ni destino heroico, deberá sobrevivir usando su ingenio y conocimientos de su antiguo mundo.
Mientras se adapta a esta nueva realidad y conoce el fascinante funcionamiento de la magia y la alquimia, Akiro empieza a notar algo inquietante: Kael, un aventurero experimentado, parece prestarle demasiada atención.
Entre batallas, malentendidos y momentos incómodamente cercanos, Akiro intentará negar unos sentimientos que jamás pensó vivir.
Después de todo… esto solo debía ser una historia, no su realidad.
NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 17: Un beso que nadie planeó (pero que cambió todo)
El silencio posterior al beso fue… insoportable.
No por incómodo, sino porque ninguno sabía cómo respirar sin sentirse vulnerable.
Akiro seguía completamente rojo, con una mano cubriéndose los labios como si intentara borrar lo ocurrido.
Eso fue un beso.
Un beso real.
En otro mundo.
—E-estoy bien —dijo de golpe, dando un paso atrás, tropezando con una piedra—. Perfectamente bien. Sí, perfecto.
Kael lo sostuvo otra vez, por reflejo, con esa calma que hacía que Akiro sintiera su corazón latir más rápido.
—Porque no miras por dónde caminas —dijo Kael, frunciendo el ceño.
—¡Eso no ayuda! —gritó Akiro, moviendo las manos nerviosamente.
Kael se apartó un poco, carraspeando, pero sin perder la mirada sobre él.
—Fue… un accidente.
—Sí… un accidente muy… —Akiro dudó, susurrando—. Suave.
Ambos se quedaron en silencio, mirándose fijamente.
El recuerdo del contacto volvió a sus mentes, mezclado con un calor extraño que ninguno sabía cómo procesar.
—No digas cosas raras —susurró Kael, la voz apenas temblando, totalmente rojo.
Desde un tronco cercano, Mireya se tapaba la boca para no estallar en risas:
—Nunca pensé vivir para ver esto… ¡el caballero oscuro ruborizado!
Leon asentía, serio y anotando mentalmente cada detalle:
—Anotaré esto como un punto de inflexión emocional.
Akiro se abrazó a sí mismo, intentando calmarse:
—Yo… no sé qué se supone que debo hacer ahora…
Kael lo miró con atención intensa:
—¿Quieres que me aleje?
Akiro levantó la cabeza de inmediato:
—¡No!
Se quedó congelado, con la respiración entrecortada.
—Quiero decir… no… todavía.
Kael exhaló lentamente, acercándose un poco sin invadir su espacio:
—Entonces quédate.
Se sentó a su lado, apenas rozándose los hombros.
Akiro sintió un calor reconfortante que lo tranquilizó de golpe.
El fuego crepitaba suavemente, iluminando sus rostros. La noche parecía más amable.
—Cuando me hablaste mal hoy… —dijo Akiro, bajando la voz—. Pensé que volvería a quedarme solo.
Kael apretó los puños con fuerza, sin mirar a Akiro.
—No sabía cómo decirlo —susurró—. Nunca fui bueno con las palabras.
—Yo tampoco —sonrió Akiro, un poco triste, pero sincero—. Pero… me gusta cuando dices mi nombre.
Kael levantó la mirada, atrapado por esa sonrisa:
—Akiro.
—Así —respondió él, brillante, como un rayo de sol en la noche.
Mireya hizo un ruido extraño y se inclinó hacia Leon:
—¡Eso fue ilegalmente tierno!
Leon levantó una ceja, tratando de mantener la compostura:
—Voy a vigilar. Este momento requiere privacidad.
—Gracias —murmuró Kael, apenas sonrojado.
—No es por ti —dijo Leon—. Es por la historia.
Akiro rió bajito, cerrando los ojos un segundo.
—Oye… —dijo tras un momento de silencio—. ¿Te molesta…?
—¿Qué?
—Si me apoyo… —preguntó Akiro, acercándose con cuidado, con el corazón latiendo a mil.
Kael abrió los ojos de par en par.
—No.
Akiro apoyó la cabeza en su hombro, con delicadeza, como si temiera que desapareciera.
—Así está bien —dijo con voz suave.
Kael dudó un instante, pero luego levantó el brazo lentamente, rodeándolo con cuidado.
El gesto fue torpe, inseguro… pero absolutamente sincero.
—Prometo… —susurró Kael—. No volver a empujarte lejos.
Akiro cerró los ojos y respiró hondo.
—Entonces… prometo quedarme.
La noche avanzó con silencios cómodos, risas suaves por recuerdos cómicos de otros días, miradas largas que se cruzaban sin atreverse a decir nada y pequeños rubores que se encendían con cada contacto accidental.
A cada movimiento, la fogata iluminaba sus rostros y hacía que todo pareciera más íntimo, más suyo.
Akiro se atrevió a abrir los ojos un segundo y vio a Kael mirarlo con una mezcla de frustración y ternura, como si no supiera cómo ser fuerte y sensible al mismo tiempo.
Ese instante duró una eternidad.
—Sabes… —murmuró Akiro—. Esto es peligroso.
—Para mí, sí —respondió Kael, con la voz baja—. Porque… me haces perder el control.
Akiro se rió, un sonido tímido y alegre.
—Entonces… no me sueltes.
Kael lo rodeó con un brazo más firme, sin importar que la distancia fuera mínima.
Akiro cerró los ojos y apoyó la cabeza contra su pecho.
La noche continuó, silenciosa, cálida y cómica a su manera.
El bosque parecía cómplice de ese pequeño pero gigantesco cambio entre dos corazones que, sin darse cuenta, ya no podrían separarse fácilmente.
Mireya y Leon los observaban a distancia, ocultos tras los arbustos:
—Esto ya no es solo comedia… —susurró Leon—. Esto es romance puro.
El elfo, recostado sobre un tronco, asintió lentamente:
—El vínculo ha evolucionado… pero el conflicto se aproxima.
Y tenían razón.
Porque algo estaba por cambiar, y nadie volvería a ser el mismo.