Vampiro. Amor.
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Capítulo 17.
Unas manos me remueven logrando que abra mis ojos soñolienta, Alana es la responsable de interrumpir mi sueño, anoche no he podido dormir mucho en ese motel, por lo visto me quedé dormida en el auto.
—¿Qué? ¿Qué sucede? — Le pregunto soltando un bostezo.
—Llegamos — me informa haciendo que me incorporé con rapidez y vea por la ventanilla.
Espeluznante es la primera palabra que me llega a la mente al ver este pueblo o lo que queda de él, hay casas derribadas, otras no tanto, objetos en el suelo, juguetes de niños, parece como si un remolino hubiera pasado por aquí. Abro la puerta del auto y salgo, diviso como dos fierros grandes sostienen un cartel con el nombre "Drelood" caído, por lo que se puede leer, froto mis brazos al sentir una brisa y cierro la puerta del auto.
—¿Qué pasó acá? — oigo que Alana pregunta, dirijo mi vista hacia donde está ella y rodeó el auto para colocarme cerca suyo.
—Un huracán. ¿Cómo nos va a ayudar esto? No debe haber nadie — le comentó al ver que hay mucho silencio.
—Quizás tenemos que ir más adelante. No llegamos hasta acá por nada.
Es verdad, no viajamos por casi veinticuatro horas para llegar a este pueblo e irnos con las manos vacías.
—Tienes razón, no podemos partir, sin encontrar aunque sea una pista.
Mientras avanzamos me permito mirar a mis costados, todo está hecho un desastre, como si todo mundo hubiera corrido. El sol nos permite ver con atención cada casa que pasamos, Alana me está sosteniendo el brazo algo asustada, yo también lo estoy.
¿Y si esto mismo le pasa a Neardl? ¿Los hermanos hicieron esto?
Un crujido resuena haciéndonos detener a ambas, ese sonido vino de mi derecha. Siempre que me quedo hundida en mis pensamientos algo o alguien me espanta.
—Jade — susurra alarmada Alana.
Me volteo lentamente con el corazón en la mano, enfrente mío veo como una casa con paredes blancas tiene la puerta entreabierta, frunció el ceño. Esta casa parece más ilesa, en las rejas de las ventanas hay bolsas negras colgadas y las ventanas están tapadas con madera por fuera. Me sobresaltó al ver como la puerta se cierra automáticamente, estoy segura que vi a alguien adentro cerrarla.
—Jade, ¿Qué haces? — chilla Alana deteniéndome al ver que avanzó hasta esa casa — no, no nos acerquemos.
—Hay alguien ahí.
—Con más razón vayámonos.
—No era que no debíamos irnos sin nada de información.
—Jade — suspira hondo — está bien, cualquier alerta nos vamos.
Nos ponemos en marcha, solo nos falta unos metros cuando esta se abre provocando que soltemos un grito agudo. Frente a nosotras esta un señor mayor mirándonos con expresión neutra, tiene una barba blanca larga, un sombrero negro, asoma su rostro por la puerta y mira a los lados como chequeando que no haya nadie más, puedo ver también que tiene un collar similar al mío, pero su perla es verde.
—¿Qué hacen aquí? — nos pregunta con la voz arisca mirándonos, cojeando se acerca hasta una distancia prudente de nosotras.
—Eh....Jade — Alana me da un empujoncito para que hable.
—Hola, señor. Soy Jade y ella es mi mejor amiga Alana, si no le incomoda podría decirnos ¿Qué sucedió? — le señalo todo nuestro entorno.
—Eso no debería importarles. Vuelvan por donde vinieron — gruñe dándose vuelta y encaminándose a su casa.
—¡Espere! — doy dos pasos, me mira sobre su hombro — Venimos acá buscando información, por favor, solo queremos saber qué sucedió.
—¿Y eso que les concierne? Le diré algo, las personas toman malas decisiones y aceptarlos fue lo peor que sucedió en este pueblo o lo que queda de él. Ahora lárguense.
—Nos concierne porque encontramos el nombre de este pueblo en unos papeles y queremos saber que tienen que ver con los nuevos alcaldes de mi pueblo — le comentó, sé que sabe más de lo que nos está diciendo.
—¿Alcaldes? — consulta trémulo, aplasto mi boca al verlo casi temblar.
—Si, alcaldes.
El señor agacha la cabeza y se queda pensativo, miró a Alana que lleva su dedo indica a su cien expresando que está loco, ruedo mis ojos. Vuelvo a mirarlo, esta como una estatua, aprovecho que estamos más cerca de la casa y ojeo. Me da un poco de curiosidad ver qué contienen esas bolsas negras, en las maderas hay un compuesto blanco, más conocido como sal. Todo es tan extraño, lo mejor será que nos vayamos.
Retrocedo tomando el brazo de alana en el camino, ella me observa confundida y le hago una seña que nos vamos. Ambas retrocedemos viendo al hombre sumergido en sus pensamientos, al momento que estamos por echarnos a correr.
—Záitsev — farfulla, con Alana nos frenamos — ¿De ellos hablas, jovencita?
Asiento con la cabeza, su rostro se descompone y enarco una ceja.
—¿Cómo es posible?... ¡Eso no debía pasar! ¡No debía! — grita sorprendiéndonos, sujeto con firmeza el brazo de Alana — ¡No! ¡No! ¡No! ¡Hay que matarlos!
Este señor me está asustando muchísimo, parece desesperado y enojado.
—Corre — me susurra Alana, ambas nos echamos a correr cuando el hombre empieza acercarse.
Sin voltear hacia atrás corremos con todas nuestras fuerzas.
—¡Huyan! ¡Antes que sea demasiado tarde! ¡Sálvense! — vocifera el señor detrás nuestro.