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Ahora que me voy, ¿sí me amas?

Ahora que me voy, ¿sí me amas?

Status: En proceso
Genre:Maltrato Emocional / Malentendidos / Dejar escapar al amor
Popularitas:181
Nilai: 5
nombre de autor: Alma Varela

Durante seis años, Lucía Morales fue la esposa que Alejandro Valdés mantuvo en secreto. Ante el mundo, él seguía soltero. Con su primer amor, Valeria, era atento y cariñoso. Hasta dejaba que el hijo de ella lo llamara «papá».
Para Lucía, en cambio, solo había desprecio.
Ni siquiera después de una cirugía agotadora, en la que logró salvar una vida, recibió una palabra de preocupación de su marido. Alejandro solo quería exigirle explicaciones por haber tratado mal a Valeria.
Lucía ya había solicitado su traslado a otro hospital. Ahora también estaba lista para quitarse el anillo.
—Quiero el divorcio. Te dejo libre.
Por primera vez, no le pedía que la amara. Le pedía que la dejara ir.
Pero Alejandro se negó.
Creía que ella nunca sería capaz de abandonarlo. Cuando comprende que esta vez va en serio, empieza a perder el control.
Él quiere recuperar a su esposa.
Lucía quiere recuperar los años que perdió esperando que la eligiera.

NovelToon tiene autorización de Alma Varela para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4

Capítulo 4. Allí estaba de más

Lucía se quedó rígida y lo miró sin poder creerlo.

—¿Que me ensañé con ella?

¿Había venido a buscarla por Valeria?

—Es tu superior. Pase lo que pase, no debiste avergonzarla delante de todos.

Alejandro le hablaba como si solo los unieran asuntos de trabajo, sin el menor afecto de marido. Lucía contuvo la amargura y soltó una risa.

—¿Se te olvida que yo estaba a cargo de la operación? ¿Acaso no tenía derecho a hacerlo?

—¿Y a ti se te olvida —repuso él con una sonrisa burlona— que yo también tengo derecho a sustituir a quien dirige las operaciones?

Lucía sintió como si le hubieran asestado un golpe en el pecho; el dolor la hizo estremecerse. Lástima: ya había solicitado el traslado. Que él decidiera cambiar de cirujana o no, había dejado de importarle.

—De ahora en adelante no vuelvas a…

—Si quiere sustituirme, señor Valdés, hágalo.

La interrupción le borró la sonrisa. Alejandro se quedó mirándola con creciente seriedad. Antes ella solo lo llamaba señor Valdés delante de otras personas. En privado nunca lo trataba así, mucho menos con aquella distancia.

—¿Cómo me llamaste?

—Señor Valdés —repitió ella con absoluta calma—. ¿No es así como quiere que lo llame?

Alejandro frunció el ceño. Iba a responder cuando apareció una enfermera corriendo.

—¡Doctora Morales! ¡No sé qué pasó, pero un familiar del paciente está discutiendo con la doctora Ortega!

Antes de que Lucía pudiera reaccionar, Alejandro ya se alejaba. Ella sonrió sin alegría al verlo tan alarmado porque Valeria tenía un problema.

¿Cuándo se había preocupado así por ella?

La discusión ocurría fuera de la habitación del paciente, aunque Lucía aún no sabía por qué. Al llegar oyó un grito de Valeria y se abrió paso entre la gente.

Alejandro la estaba protegiendo. Había detenido la mano que un familiar del paciente levantaba contra ella, mientras Valeria se refugiaba en sus brazos, asustada y con una expresión desvalida.

—¿Usted… quién es? —preguntó aquella persona, intimidada por su presencia.

Alejandro la apartó de un empujón.

—¿Qué asunto no puede resolverse hablando? ¿Por qué recurrir a los golpes?

—¡Pregúnteselo a ella! —La mano acusadora señaló a Valeria—. ¡Mi hijo acaba de salir del quirófano! ¡Apenas le salvaron la vida y esta doctora viene a revisarlo y dice que su herida le da asco! ¡Si no lo soporta, que no ejerza la medicina!

—No fue así… —Valeria negó con los ojos enrojecidos y miró a Alejandro—. Comí algo que me cayó mal esta mañana. Tengo el estómago revuelto por eso, no por el paciente.

Él asintió.

—Yo me encargo.

Volvió a mirar a quien había intentado golpearla.

—No se encuentra bien. No lo hizo a propósito. Hagamos esto: yo pagaré los gastos de hospitalización.

La oferta desarmó la indignación de aquel familiar, que ya no se sintió con ánimo de seguir reclamando. El incidente quedó zanjado.

—¡Maldita sea! —soltó antes de volver a la habitación.

Valeria miró a Alejandro con preocupación.

—Lo siento. Te he causado problemas. No tenías que ayudarme. ¿Y si te hubieran lastimado?

—Lo importante es que tú estés bien —respondió él con una sonrisa.

—Doctora Ortega, ¿el señor Valdés es su novio?

Valeria bajó los ojos, sonriendo con timidez.

—No, no digan esas cosas…

—¡Y todavía lo niega! ¡Hacen una pareja preciosa!

Los demás empezaron a bromear y a darles la razón. Alejandro levantó la mirada por encima de la gente.

Cuando sus ojos se encontraron, Lucía sintió que una mano le estrujaba el corazón y la llenaba de amargura. Su propio marido hacía una pareja preciosa con otra mujer.

Ella estaba de más allí.

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