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Enamorada De Mi Jefe

Enamorada De Mi Jefe

Status: En proceso
Genre:Amor eterno / Malentendidos / Romance
Popularitas:3.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Yulexi De Fernández

Esta historia comienza con una joven recién graduada de la universidad, llena de sueños y esperanzas por comenzar su vida profesional. Su carrera es Secretaria Ejecutiva, y después de buscar durante días, finalmente consigue una entrevista en una importante empresa. Allí conoce a su jefe, un joven de apenas 23 años, serio, atractivo y exitoso, quien decide darle una oportunidad y contratarla. Con el paso del tiempo, ambos comienzan a compartir momentos, conversaciones y experiencias que los acercan cada vez más. Sin darse cuenta, ella se enamora profundamente de él. Y, poco a poco, él descubre que también la ama.

NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16 — Una carta de amor

Al día siguiente me desperté a las 6:30 de la mañana. Me quedé unos segundos mirando el techo, todavía medio dormido, hasta que recordé que tenía que ir a la empresa.

Me levanté, entré al baño y me di una ducha rápida. Después me puse un pantalón jean y una camisa manga corta de color azul. Me acomodé el cabello, me puse un poquito de perfume y bajé a desayunar.

Apenas llegué a la cocina, mi mamá ya estaba sirviendo el desayuno.

—Buenos días, mijo.

—Buenos días, ma.

Me senté y empecé a desayunar tranquilamente.

No habían pasado ni cinco minutos cuando escuché la frase que mi mamá repetía casi todos los días.

—Mijo, llevá a tus hermanas al colegio.

Levanté la mirada.

—Mamá, otra vez.

Ella se rio.

—Sí, otra vez. ¿Y qué? Son tus hermanas.

—Ma, sabés que para eso ponga afuera se necesita chófer. Yo pago uno y que usen el otro carro.

—Ay, mijo, no seas así. Hoy llevalas vos.

—Pero tengo que irme para la empresa.

—Y ellas también tienen que ir al colegio.

La miré y suspiré.

—Bueno pues.

Terminé de desayunar, me levanté de la mesa y fui por las llaves del carro.

—¡Vamos, muchachas!

Mis hermanas bajaron rápidamente.

—¿Ya nos vamos?

—Sí, ve. Apúrense que voy tarde.

—Ay, Hugo, siempre estás de afán —dijo una de ellas.

—Pues porque tengo trabajo, ¿qué querés?

Las dos se subieron al carro y yo salí de la casa.

Mientras manejaba, pensé en Aby.

Recordé que tenía que entregarle algo especial. La noche anterior había pensado en comprarle flores y chocolates.

Así que, antes de llegar al colegio de mis hermanas, hice una pequeña parada.

—Espérenme aquí.

—¿Para qué?

—Ya vengo.

Bajé del carro y compré un ramo de flores bonitas y una caja de chocolates.

Cuando regresé, mis hermanas me miraron sorprendidas.

—¿Y eso?

—No es asunto suyo.

—¡Es para tu novia!

Me reí.

—Ve, ustedes sí son chismosas.

—¡Sabíamos!

—Bueno, ya, vámonos.

Después de dejarlas en el colegio, me dirigí hacia la empresa.

Durante el camino pensé en la reacción de Aby.

Esperaba que le gustaran las flores.

Cuando llegué, estacioné el carro y entré a la empresa.

Aby estaba en su puesto trabajando.

Me acerqué con las flores y los chocolates escondidos detrás de mi espalda.

—Buenos días, nena.

Ella levantó la mirada.

—Buenos días, amor.

—Tengo algo para vos.

Saqué las flores y los chocolates.

Sus ojos se abrieron de inmediato.

—¡Hugo!

Sonrió emocionada.

—Son para vos.

Aby tomó las flores.

—Están hermosas.

—Y los chocolates también.

—Gracias, amor.

Se acercó y me dio un abrazo.

—Me encantan.

—Quería darte una sorpresa.

Ella olió las flores y sonrió.

—Sos muy lindo.

—Todo por vos, nena.

Después de unos minutos, Aby recordó la carta.

—Ah, yo también tengo algo para vos.

Sacó el sobre de su bolso y me lo entregó.

—¿Qué es?

—Una carta.

La recibí con curiosidad.

—¿Para mí?

—Sí, amor.

—¿La puedo leer ahora?

—Sí.

Abrí el sobre y empecé a leer.

Mientras avanzaba, mi sonrisa fue creciendo.

Cuando terminé, me quedé unos segundos en silencio.

No sabía qué decir.

La miré.

—Amor...

—¿Qué?

—Esto está muy bonito.

Aby sonrió tímidamente.

—¿Te gustó?

—Muchísimo.

Guardé la carta con cuidado.

—Creo que esto es de las cosas más bonitas que me han regalado.

Ella bajó la mirada, un poquito avergonzada.

—Solo quería decirte lo que siento.

Me acerqué y tomé su mano.

—Y yo quiero que sepás que también te quiero muchísimo.

—¿Sí?

—Claro, nena.

Le di un pequeño abrazo.

—Voy a guardar esta carta. No la voy a perder por nada del mundo.

Aby sonrió.

—Prometeme.

—Te lo prometo, amor.

Ese momento me hizo olvidar por completo el estrés del trabajo.

Había empezado la mañana llevando a mis hermanas al colegio, comprando flores y chocolates para Aby, y terminaba con una carta que significaba muchísimo para mí.

Y mientras la miraba sonreír, pensé que definitivamente había valido la pena madrugar.

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