Luciano creía ser un arqueólogo común, hasta que unas ruinas antiguas lo transportaron a un mundo de magia, monstruos y profecías. Allí, el Vigilante del Sello ve en él al gemelo perdido de una leyenda. Para sobrevivir, Luciano deberá dominar una magia ligada a sus emociones y forjar alianzas inesperadas. Pero su regreso ha despertado un viejo rencor: Blake Kane, su propio hermano gemelo, lo busca consumido por el odio y los celos. Mientras una antigua calamidad amenaza con destruirlo todo, ambos hermanos avanzan hacia un reencuentro que podría salvar el mundo... o reducirlo a cenizas. ¿Podrá Luciano reclamar su verdadero destino?
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CAPÍTULO 16 - Demasiado firme
El camino se hundió con la lentitud de algo que sabía que nadie podía detenerlo.
Kargan desplegó Bastión y levantó una barrera baja alrededor de las casas evacuadas. Nyra lanzó Huella y Eco hacia dos árboles; el hilo nodal marcó una ruta segura fuera del terreno que cedía. Vaelira se arrodilló junto a la abertura y extendió Savia Carmesí bajo tierra.
—Doce pulsos vivos —dijo—. Cuatro cuerpos sin respuesta.
Luciano sumó al guardia encontrado en la grieta. Diecisiete viajeros. Doce supervivientes y cinco muertos.
La criatura se movió debajo de ellos.
El suelo se elevó como una ola. Placas negras atravesaron la carretera y volvieron a desaparecer. El excavador de basalto rodeaba la cámara, compactando la piedra alrededor de las caravanas.
—No está cazando —dijo Luciano al leer las presiones con Estrato—. Está construyendo un nido.
—Con personas dentro —respondió Nyra.
—Probablemente no distingue la diferencia.
Kargan golpeó el suelo. Bastión devolvió un mapa de vibraciones más amplio.
—Si ataco desde arriba, la cámara colapsa.
—Si entramos por el túnel, nos encuentra antes de llegar —dijo Vaelira.
Luciano observó las tres zonas donde las caravanas habían desaparecido. La criatura no había abierto agujeros visibles. Había debilitado estratos inferiores hasta que el peso de cada vehículo venció la superficie.
—Podemos hacer lo mismo.
Nyra ladeó la cabeza.
—Tu tono suele preceder una mala idea.
—Abrimos una ruta por debajo de su trayectoria. No perseguimos a la criatura; hacemos que su propio peso rompa una pared lateral y la saque de la cámara.
Kargan estudió el terreno.
—Necesitarías mantener estable el techo mientras debilitamos el muro.
—Estrato puede anclarse.
—Durante unos segundos.
—Entonces trabajen rápido.
Edran seguía en Puerto Sair informando sobre Aethra y no podía asumir la supervisión. Kargan tomó el mando. Distribuyó posiciones, ordenó una segunda evacuación y dejó claro que abandonarían el rescate si la cámara perdía más de dos soportes.
—Nadie se queda para demostrar nada —dijo mirando a Luciano.
—Mensaje recibido.
—No confío en tu capacidad para recibir mensajes.
Nyra encontró un conducto animal que descendía fuera del perímetro. Abrió la ruta con Doble Rastro y sembró trayectorias falsas para confundir al excavador. Vaelira y Luciano entraron detrás de ella; Kargan permaneció en la superficie, preparado para contener la salida de la criatura.
La cámara de las caravanas olía a tierra húmeda y madera rota. Los vehículos estaban apilados unos sobre otros. Doce personas permanecían en un espacio protegido por dos chasis entrecruzados. Savia Carmesí se dividió en filamentos y alcanzó a los heridos.
—Tres no pueden caminar —dijo Vaelira—. Necesito estabilizarlos antes de moverlos.
Luciano clavó Estrato en el centro. El sondeo reveló seis puntos de carga sobre el techo. Endureció la hoja, extendió las articulaciones y distribuyó Tierra a través de la piedra.
El peso descendió por sus brazos.
—Te quedan treinta pulsos —advirtió Vaelira.
Nyra comenzó a extraer supervivientes por el conducto. En la superficie, Kargan golpeó Bastión tres veces. La señal acordada: la criatura había tomado el señuelo.
Luciano debilitó el muro lateral con pulsos breves. Cada uno hacía que el excavador corrigiera su trayectoria. Las placas negras aparecieron detrás de la roca.
—Ahora —dijo.
Nyra tiró de Eco. Las rutas falsas convergieron fuera de la cámara. La criatura embistió la pared y atravesó el punto debilitado. Kargan la recibió en la superficie con Bastión desplegado.
El impacto sacudió todo el túnel.
Una carga desapareció del mapa de Luciano.
Después otra.
—Retirada —ordenó Kargan mediante los golpes.
Nyra sacó al noveno superviviente. Vaelira sostenía a una mujer inconsciente y mantenía filamentos unidos a los tres que quedaban.
—Libera el anclaje —dijo—. Podemos cruzar antes de que caiga.
Luciano sintió el techo como una extensión de su propio cuerpo. Si soltaba, las piedras se moverían. Si permanecía, podía mantenerlas exactamente donde estaban.
Seguridad.
Control.
—Todavía no —respondió.
Aumentó la resonancia.
Estrato Basal hundió sus anclajes. La piedra cubrió las botas de Luciano y ascendió por sus tobillos. Vaelira cortó dos filamentos y arrastró al décimo superviviente hacia Nyra.
—Luciano, suelta el arma.
—Cuando salgan todos.
—El techo no necesita caer para matarte. Tu pulso está bajando.
—Puedo sostenerlo.
La certeza de Tierra eliminó el miedo. También eliminó cualquier razón para escuchar. Luciano veía una sola función: mantener la cámara estable. Cada piedra obedecía. Cada movimiento de Vaelira introducía una variación que debía corregir.
Ella llegó hasta él y cerró Savia Carmesí alrededor de su brazo.
—Desancla ahora.
Luciano transfirió más peso a Estrato.
La resonancia atrapó los filamentos de Vaelira.
Savia Carmesí se endureció desde la punta hasta su muñeca. La piedra comenzó a cubrirle los dedos. Vaelira intentó cortar el vínculo, pero Estrato interpretó su presencia como parte de aquello que debía sostener.
—Me estás anclando contigo —dijo ella.
Luciano la oyó y aun así pensó que podía controlarlo.
Nyra regresó por el último superviviente consciente. Al ver la piedra sobre Vaelira, lanzó Huella contra Estrato. La cuchilla rebotó en la capa endurecida.
—¡Suéltala!
—El techo caerá.
—Entonces deja que caiga detrás de nosotros.
Una tercera carga desapareció.
Vaelira perdió el equilibrio. El Nexo de Tierra tiró de ella hacia el suelo mientras Savia Carmesí mantenía unidos a dos heridos. Si Luciano continuaba, podía petrificarla antes de que la cámara colapsara.
La imagen de la Concordancia regresó: los Grignani inmóviles alrededor de la mesa, a salvo porque no podían cambiar ni alejarse.
Seguridad no significaba conservarlo todo.
También significaba confiar en que otros podían moverse sin su permiso.
Luciano abrió la mano.
Estrato se liberó.
La piedra se desprendió de las piernas de Vaelira y el techo descendió de golpe. Nyra lanzó ambas cuchillas. Huella atrapó al último herido; Eco rodeó la cintura de Luciano. Vaelira cortó Savia Carmesí de su brazo y utilizó el filamento restante para impulsarse hacia el conducto.
Los cuatro salieron mientras la cámara desaparecía detrás de ellos.
En la superficie, Kargan mantenía al excavador de basalto contra una barrera. La criatura era más grande que una carreta, con seis patas excavadoras y placas minerales superpuestas. No atacaba a las personas; intentaba regresar al suelo.
Luciano detectó una vibración artificial en su lomo.
—Tiene algo clavado entre las placas.
Nyra saltó sobre Bastión, utilizó el escudo como impulso y arrancó un cilindro de metal del cuerpo de la bestia. El dispositivo emitía pulsos semejantes a una veta profunda de Terrak.
—La atrajeron hasta aquí —dijo.
Al desaparecer la señal, la criatura dejó de embestir. Kargan abrió una ruta hacia terreno desocupado y permitió que excavara hasta perderse bajo las colinas.
Luciano quiso preguntar quién había colocado el cilindro.
Sus piernas dejaron de sostenerlo.
Despertó dos días después en la torre de Edran.
Vaelira estaba sentada junto a la cama con la mano derecha vendada. Los dedos conservaban manchas grises donde la petrificación había comenzado.
—¿Puedes moverlos? —preguntó Luciano.
Ella flexionó la mano con dificultad.
—Sí.
—Pude matarte.
—Sí.
No hizo una broma. Eso resultó peor.
—Lo siento.
Vaelira sostuvo su mirada.
—No necesito que te castigues. Necesito que recuerdes que protegerme no te da derecho a decidir si puedo retirarme.
Luciano miró Estrato, inmóvil sobre una mesa. La ranura basal seguía oscura.
—Lo recordaré.
—Demuéstralo cuando vuelva a importar.
La Red confirmó el rescate de doce supervivientes, registró cinco fallecidos y suspendió la evaluación de Luciano hasta su recuperación. El contrato estaba cumplido; su rango Vinculado quedaría condicionado a un informe de Edran y Vaelira.
Esa misma noche, muy lejos de Puerto Sair, Sereth Vhaleris entregó a Blake un documento sellado.
—Edran está formando una unidad alrededor del falso heredero —dijo—. Ha llegado el momento de prepararnos.
Blake rompió el sello.
La misión secreta tenía un único objetivo principal.
Edran Vaelor.