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Su Obsesion Prohibida

Su Obsesion Prohibida

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Mafia / Amor a primera vista / Esclava / Sirvienta / Amor-odio / Triángulo amoroso / Secuestro y encarcelamiento / Yandere / Romance oscuro / Completas
Popularitas:20.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Leslie Michelle Gonz

Valentina fue comprada a los seis anos por el hombre que la crio. A los dieciocho, un magnate mafioso la reclama como suya. Atrapada entre su tutor obsesivo y un multimillonario que le compra islas y le destroza enemigos, descubre que su propio cuerpo esconde un secreto por el que matarian. ?Escapara... o elegira al hombre equivocado?

NovelToon tiene autorización de Leslie Michelle Gonz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16

Capítulo 16: La mano que sangra

Pasó menos de una hora.

Valentina estaba acostada con los ojos abiertos, mirando el techo en la oscuridad, cuando la puerta se abrió otra vez.

Esta vez Nicolás no preguntó si todo estaba en orden. Esta vez encendió la luz.

El foco del techo la golpeó como una bofetada blanca. Valentina se sentó de golpe, parpadeando, con el pelo revuelto y el corazón ya acelerado antes de procesar lo que estaba pasando.

Nicolás estaba de pie junto a la cómoda. El cajón de abajo estaba abierto. La ropa que Valentina nunca usaba estaba apilada sobre la superficie, desdoblada con la meticulosidad de alguien que había buscado con paciencia, con método, con la certeza de que iba a encontrar algo.

En su mano derecha, el broche de mariposa.

La plata brillaba bajo la luz como un animal pequeño y atrapado.

—Nicolás...

—Qué bonito —dijo él.

Su voz era tranquila. Eso fue lo primero que Valentina registró. No estaba gritando. No estaba golpeando la pared. Estaba de pie junto a su cómoda, con una mariposa de plata entre los dedos, y hablaba como si comentara el clima.

Eso era lo peor. Lo más aterrador que Nicolás podía hacer era hablar despacio.

—Es un regalo —dijo Valentina. Las palabras salieron solas, torpes, insuficientes.

—Eso es evidente, mi niña. —Giró el broche entre los dedos. Lo examinó por ambos lados. Leyó la nota que todavía estaba doblada adentro del pañuelo, la que decía "para que vueles, aunque sea un rato"—. La pregunta no es si es un regalo. La pregunta es quién te lo dio.

—Un vendedor en el mercado. Ya estaba pagado. No sé quién lo encargó.

—No me mientas.

No alzó la voz. La bajó. Y en esa bajada, en ese descenso de medio tono, Valentina sintió que el suelo de la habitación se inclinaba.

—No te estoy mintiendo.

Nicolás la miró. Sus ojos eran oscuros, profundos, y en ese momento tenían la calma de un lago congelado: todo lo peligroso estaba debajo de la superficie.

Dejó el broche sobre la cómoda. Se acercó a la mesita de noche. Valentina tenía un abrecartas viejo que usaba para abrir sobres y cortar los hilos de las costuras cuando arreglaba ropa. Era de metal, con mango de hueso, pesado para su tamaño. Llevaba ahí desde que tenía catorce años.

Nicolás lo tomó.

Valentina se quedó inmóvil. El miedo le llenó la boca de un sabor metálico. Pero Nicolás no la miró. No se acercó a ella.

Se miró la mano izquierda. La abrió. La palma quedó expuesta, las líneas de la vida y del corazón cruzándose bajo la luz del techo.

Y con un movimiento lento, deliberado, preciso, deslizó el filo del abrecartas a lo largo de su propia palma.

La sangre brotó de inmediato. Roja oscura, espesa, siguiendo la línea del corte como un río que encuentra su cauce. Las primeras gotas cayeron sobre la alfombra beige del cuarto. Una. Dos. Tres. Cada una un pequeño estallido silencioso.

—¡Nicolás! —Valentina se levantó de la cama—. ¿Qué estás...?

—Siéntate.

No fue un grito. Fue una orden dicha con la misma voz baja, controlada, ensangrentada. Y Valentina se sentó. No porque quisiera. Porque su cuerpo obedeció antes de que su mente pudiera intervenir.

Nicolás bajó la mano herida. La sangre le goteaba de los dedos, cayendo sobre la alfombra en un ritmo lento y constante. No se vendó. No se limpió. La dejó sangrar como si fuera parte de la conversación.

—¿Sabes cuánto he sacrificado por ti, Valentina?

Ella no respondió. La garganta se le había cerrado.

—Te recogí cuando no tenías nada. Cuando tu padre te dejó con una deuda y un nombre que nadie quería llevar. —Dio un paso hacia ella. La sangre dejó un rastro sobre las duelas claras—. Te di un techo. Te di comida. Te di educación. Te di un apellido que la gente respeta en esta ciudad.

—Nicolás, tu mano...

—Mi mano no importa. —La levantó. La sangre le corría por la muñeca ahora, oscureciendo el puño de la camisa—. Lo que importa es que alguien está tratando de quitarme lo que es mío. Lo que construí. Lo que protegí durante diez años.

Se detuvo frente a ella. Tan cerca que Valentina podía oler la sangre: cobre y sal, un olor primitivo que le revolvió el estómago.

—¿Quién te dio el broche?

—No lo sé.

—¿Quién?

—No lo sé, Nicolás. Te lo juro.

—No me jures. Las promesas las rompes. Ya lo demostré. —Levantó la mano herida y la puso frente a su propia cara, mirando la sangre como si fuera un espectáculo interesante—. Mira lo que me obligas a hacer, mi niña. Mira lo que pasa cuando me mientes.

"No me obligas. Tú elegiste hacerlo. Tú tomaste el abrecartas. Tú lo hiciste."

Pero la culpa vino de todos modos. Irracional, aplastante, involuntaria. Como un reflejo que el cuerpo ejecuta antes de que la mente lo frene. Diez años de condicionamiento. Diez años de "todo lo que hago es por tu bien" y "sin mí no tienes nada" y "yo te salvé". Las palabras se habían metido tan hondo en sus huesos que la culpa ya no necesitaba razón para existir.

Los ojos se le llenaron de lágrimas. Las odió. Odió cada una.

—No llores —dijo Nicolás. Su voz se suavizó. Como un interruptor. De depredador a padre en un segundo. Levantó la mano limpia —la derecha— y le secó una lágrima de la mejilla con el pulgar—. No llores, mi niña. Esto no es tu culpa. Esto es culpa de quien te está confundiendo.

"Sí es tu culpa. Tú lo haces. Tú lo controlas todo."

Pero la parte de ella que sabía eso era más pequeña que la parte que temblaba.

Nicolás recogió el broche de la cómoda. Lo sostuvo entre los dedos de la mano ensangrentada. La plata se tiñó de rojo en las uniones de las alas, en las nervaduras, en el alfiler del reverso. Una mariposa bañada en sangre.

—Esto me lo quedo —dijo—. Y mañana vamos a hablar de quién tiene acceso a ti y quién no.

—Nicolás...

—No es negociable. —Guardó el broche en el bolsillo de su pantalón. La mancha de sangre se extendió por la tela—. Y Valentina.

Ella lo miró. Los ojos le ardían.

—Si alguien te ha estado mandando regalos, si alguien te ha estado buscando, si alguien ha puesto un solo dedo en lo que me pertenece... voy a encontrarlo. No porque me importe él. Sino porque tú eres mía. ¿Entiendes? Mía. Desde los ocho años. Desde el día que firmé los papeles.

Se dio la vuelta. Caminó hacia la puerta. La sangre le goteaba del puño cerrado, dejando puntos oscuros sobre la alfombra como un camino de migajas que ningún pájaro iba a seguir.

Se detuvo en el marco.

No se giró por completo. Solo lo suficiente para que Valentina viera su perfil: la mandíbula apretada, el cuello tenso, y en la comisura del labio, algo que no era una mueca ni una risa. Era una sonrisa. Pequeña. Contenida. La sonrisa de alguien que acaba de resolver un rompecabezas y sabe exactamente cuál es la siguiente pieza.

—Mañana hablaremos con los Carrasco —dijo—. Creo que ya sé con quién estás jugando.

La puerta se cerró.

Valentina se quedó sentada en el borde de la cama, con las manos temblando sobre las rodillas y el olor a sangre flotando en la habitación como un fantasma que se niega a irse.

La alfombra tenía manchas oscuras. Tres, cuatro, cinco gotas dibujando un arco desde la cómoda hasta la puerta. Mañana iba a tener que limpiarlas. Mañana iba a tener que mirar a Nicolás a la cara durante el desayuno y actuar como si esta noche no hubiera existido. Mañana iba a tener que enfrentar a los Carrasco sin saber qué sabía Nicolás y qué estaba adivinando.

Pero ahora mismo, en este momento, lo único que podía hacer era respirar.

Una vez. Dos veces. Tres.

"Piensa, Valentina. Piensa."

El broche se lo había llevado. La nota también. Pero no tenía el nombre de Damián. No tenía pruebas. Solo sospechas.

"Los Carrasco. Dijo los Carrasco, no Damián. No sabe. Todavía no sabe."

Se limpió las lágrimas con el dorso de la mano. Se acostó. Jaló las sábanas hasta la barbilla y se quedó mirando el techo, donde la luz del pasillo se colaba por debajo de la puerta y dibujaba una línea delgada y amarilla sobre la oscuridad.

En algún lugar de la casa, un grifo se abrió. Nicolás lavándose la mano.

Valentina cerró los ojos y apretó los dientes hasta que le dolió la mandíbula.

"No voy a romperte. No esta vez. No esta noche."

Se quedó con los ojos abiertos hasta que la oscuridad dejó de ser negra y empezó a volverse gris. Pero no lloró.

Eso, por ahora, era suficiente.

1
Jujerny Del Valle Farfan cuica
que miedo
Jujerny Del Valle Farfan cuica
es una mujer sin voluntad propia
Jujerny Del Valle Farfan cuica
que rabia con Valentina
Jujerny Del Valle Farfan cuica
Huy q miedo
Jujerny Del Valle Farfan cuica
ya era hora 🥺
Jujerny Del Valle Farfan cuica
fuera de lo común me encanta 👏
Jujerny Del Valle Farfan cuica
siempre fue esto lo q quiso el pelambres este 😱
Jujerny Del Valle Farfan cuica
que le pasa a esta mujer tanto miedo le tiene a Nicolás y no se va
Jujerny Del Valle Farfan cuica
ojalá consiga aliados q la ayuden a salir de ese horror 😱
Jujerny Del Valle Farfan cuica
ojalá consiga aliados q la ayuden a salir de ese horror 😱
Jujerny Del Valle Farfan cuica
que terror vive Valentina!
Jujerny Del Valle Farfan cuica
no soy vip y no lo voy a ser aunque quiera soy de Venezuela 🥺
Jujerny Del Valle Farfan cuica
interesante
Jujerny Del Valle Farfan cuica
ojalá Damián pueda sacarla d allí
Jujerny Del Valle Farfan cuica
por que tanto encierro es abrumador 🥺
Luz Silvero
x lo q entendí, si no entendí mal
El si la compro, para estar esos días con ella😑
Gaby N
Tanto poder tiene Nicolás?
Xq el banana de Damián no hace nada?
Gaby N
Xq le dice "Cruza"?
Pdll Dsrth
🥰Esta novela diferente al principio casi dejo de leerla pero ya le fui tomando el hilo un buen final
Graciela Saiz
todo el mundo la manipula a esta mujer ,!
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